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LA BÚSQUEDA DE LA FELICIDAD

Posted by on Jul 15, 2019 | 0 comments

LA BÚSQUEDA DE LA FELICIDAD

¿Cual es el sentido de nuestras vidas?, ¿perpetuarnos como especie?, ¿conocernos a nosotros mismos?, ¿compartir experiencias?, ¿hacer el bien?, ¿alcanzar la iluminación?, ¿buscar la felicidad?

 

Sin duda, hay muchas y muy variadas respuestas a esta pregunta, que dependen de la impregnación cultural, religiosa, moral o, simplemente, la despreocupación por lo trascendente y la resolución del día a día.

El camino que llevamos cada día es la respuesta a esta pregunta muchas veces de una forma no intencionada. Nuestras existencias abarcan un conglomerado de experiencias y circunstancias que nos acercan a nuestro destino que, muchas veces, tiene una orientación clara y otras en una sucesión de sorpresas.

La felicidad se ha intentado definir por todas las culturas y actualmente es un problema que mueve miles de recursos, sean intelectuales con pensadores dedicados a encontrar respuestas filosóficas o científicos buscando la combinación de secreciones y neurotransmisores.

Serotonina, oxitocina, noradrenalina, dopamina, se han identificado como mediadores necesarios, pero no suficientes: la felicidad parece precisar algo mas.

Por eso, y por la enorme presión de nuestra sociedad circulando a gran velocidad, exigiendo atención inmediata, recursos continuos, la felicidad y su búsqueda se han convertido en un problema continuo y también en un objeto de consumo, con todo tipo de remedios, estrategias, con descanso, alimentación o actitudes específicas.

Con esta premisa podemos leer la carta de Epicuro a Meneceo en la que señalaba que la felicidad era la ausencia de dolor.

 

El dolor ocupa nuestra actividad cotidiana durante todo el año y parece que la búsqueda de la felicidad estuviera al margen del trabajo como un fin mayor. Solo esta carta de Epicuro fusiona en uno el sentido verdadero de nuestra existencia no solo como profesionales, sino como seres humanos: combatir el dolor.

Esto recuerda la historia del rey que, imbuido de esta convicción, envió a sus tres hijos en busca del secreto de la felicidad. Partieron hacia los confines del Mundo, cada uno en una dirección distinta, dispuestos a desentrañar el secreto, para cumplir el mandato de su padre y ayudar a su pueblo.

Tras varios años volvió uno, el mayor. Trajo consigo una gran variedad de flores y plantas: amapolas de opio, plantas de marihuana, corteza de sauce, hojas de coca, guindillas picantes, había hablado con sabios de todo el mundo y aquellos, le enseñaron que de cada una de plantas contenía múltiples remedios para el dolor que ayudarían a resolver el problema del mundo.

Todo lo que trajo su hijo le pareció bien al rey, que quedó muy complacido de la manera que su hijo realizó su mandato y por todos los hallazgos que realizó en aquel viaje.

Al cabo de algún tiempo, volvió el segundo hijo, cansado por la búsqueda pero convencido de haber cumplido el encargo real. Trajo todo tipo de pinzas, escalpelos, tijeras, agujas piezas forjadas por civilizaciones lejanas, hechas con aleaciones secretas de metales preciosos, que permitían abrir y cerrar el cuerpo a voluntad, y encontrar y extraer los males que apesadumbraban a la humanidad y resolver un sinfín de enfermedades.

El padre quedó muy satisfecho, pues muchos de las enfermedades necesitaban procedimientos intervencionistas y solo con buenos instrumentos podía afrontarse su resolución. El dolor ya no tendría lugar donde esconderse dentro del cuerpo ya que aquellos instrumentos permitirían escrutar cada rincón del interior y extraer aquello que no funcionara o produjera mal.

Pasaba el tiempo y el tercer hijo no volvía, tanto fue así que el Rey tremendamente preocupado envió emisarios en busca de su amado tercer hijo para escrutar cada rincón del mundo. El rey se sumió en una profunda tristeza y recluido en su palacio languidecía lleno de pena y de dolor.

Por fin un día regresó un emisario con noticias de su hijo: estaba en el otro lado del mundo resistiéndose a volver, pues no había encontrado nada que colmara el mandato de su padre.

El Rey se quedó pensativo pero al instante saltó de la cama y comenzó a reír, llamo a sus otros dos hijos y les comentó al oído sus reflexiones y los tres rieron sin parar como si hubieran sido imbuidos de una especie de maldición.

Por fin llego su tercer hijo, apesadumbrado por su falta de éxito aunque su padre le recibió con todos los honores.

El rey le abrazó y explicó el porque de su sorprendente celebración: le había traído lo mas importante para combatir el dolor y conseguir la felicidad, el amor, el cariño, la comprensión, la empatía, algo que hace a los seres humanos únicos y especiales y que había reconocido en ausencia de su hijo.

 

La felicidad, la ausencia de dolor, precisa de herramientas y remedios, pero, sobre todo, precisa de la comprensión y dedicación. Todos podemos participar del esfuerzo y disfrutar del éxito cuando éste se produce, pero si no es así, debemos insistir y apoyarnos unos a otros sin cejar en la batalla.

 

¡Felices vacaciones!

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