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ANTICOAGULANTES Y DOLOR

Posted by on Jun 17, 2019 | 0 comments

ANTICOAGULANTES Y DOLOR

Nuestro organismo es un complejo compendio de sistemas de auto perpetuación conjugados. Nuestras células, que tienen una estructura y biología individual, están perfectamente sincronizadas para colaborar y funcionar de forma armónica.

Así, por ejemplo, existe un sofisticado mecanismo de reparación de las heridas en el que se combinan mecanismos celulares y proteínas proactivas que se ponen en funcionamiento cuando se desencadena una señal de alarma.

Este mecanismo es la llamada “cascada de la coagulación” que tiene como intención proteger, pero que en algunas circunstancias puede dar lugar a problemas mayores, cuando hay una predisposición a la coagulación mayor, que puede dar lugar a trombosis, embolias, infartos, accidentes vasculares cerebrales, ictus, etc.

Actualmente más de medio millón de personas en España (alrededor de 13 por 1000) toman este tipo de medicamentos, la inmensa mayoría ancianos.

Los mismos ancianos que son asiduos visitantes de las unidades de dolor.
Por eso, es muy importante tener presente la posible interacción que producen estos anticoagulantes en la vida normal, la alimentación y en los tratamientos que empleamos.

Las plantas de hoja verde, o algunas sustancias de herbolario, como el hipérico, pueden afectar la acción de los anticoagulantes. Qué decir de los antinflamatorios, que por su acción antiagregante pueden modificar la respuesta de estos fármacos.

El sintrón (acenocumarol) ha sido y es el anticoagulante de referencia por facilidad de uso, por su razonable seguridad y por su coste. El cuarto de pastilla arriba o abajo es la constante en la vida de muchas personas.

Por el contrario, es un medicamento que requiere un seguimiento continuo y estrecho, y está sujeto a una enorme variabilidad que hace casi imposible tener la dosis precisa, encontrándose los pacientes siempre un poquito más o un poquito menos anticoagulados de lo que les correspondería.

Los nuevos anticoagulantes, tres inhibidores directos del factor X activado (rivaroxabán, apixabán y edoxabán) y un inhibidor directo de la trombina (dabigatrán) son mucho más fiables, más selectivos por su acción sobre esas dianas, además, necesitan menos controles y suele ser más fácil su retirada para tratamientos quirúrgicos, por su acción más corta. Pero no todo son buenas noticias: estos nuevos fármacos, fruto de un gran esfuerzo investigador, son muchísimo más caros. En el pecado, la penitencia.
Sea como fuere, todos ellos necesitan retirarse para tratamientos intervencionistas de dolor y, en algunos casos, ser reemplazados por heparina.

Es preceptivo para los especialistas en dolor y también para el conjunto de los profesionales de la salud, tener presente el tratamiento que usan los pacientes para sus enfermedades. También es imprescindible tener en cuenta los anticoagulantes por el riesgo de sangrado en los bloqueos, especialmente en el neuroeje.

Pese a las ventajas de los nuevos anticoagulantes, sigue sin existir un antagonista específico que neutralice su acción en caso necesario, por lo que cuando se plantean intervenciones quirúrgicas en su periodo de actividad, es necesario utilizar mecanismos generales para neutralizarlo, como son la utilización de transfusiones de derivados sanguíneos o factores de coagulación.

En suma, la utilización de anticoagulantes es un gran avance para prevenir trombosis y evitar complicaciones isquémicas, pero supone un esfuerzo añadido en el tratamiento de pacientes anticoagulados, especialmente cuando se van a realizar intervencionismos.

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