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OLOR Y DOLOR

Posted by on Jun 3, 2019 | 0 comments

OLOR Y DOLOR

Estos dos términos homófonosreflejan percepciones completamente distintas aunque, como veremos, la naturaleza del ser humano hace que se relacionen de una forma muy estrecha y se ponga de manifiesto sólo en algunas circunstancias.

La percepción de los olores como referencia del entorno químico en el que se mueven los seres humanos es de lo más ancestral en la escala filogenética. Diríamos que esta información es la primera que han desarrollado los seres vivos animados y les permite detectar entornos favorables, nutritivos u hostiles.

Los olores atraen a los insectos, los reptiles, las aves y, claro, a los mamíferos, empleándose también como marcadores de vitalidad, potencia sexual o capacidad reproductiva. Y qué decir del universo olfativo de los sabuesos, así como de otras mascotas que conviven con nosotros.

El arqueo-cerebro transporta esa información que, probablemente, marca la configuración más básica de nuestro entorno y puede definir de una forma inconsciente las relaciones que tenemos con nuestros semejantes en todo tipo de circunstancias, como una especie de tarjeta de visita. El olor nos precede incluso antes del contacto visual y probablemente matiza nuestra actitud. Recordemos la célebre novela de Patrick Süskind que lleva esta afirmación a sus últimas consecuencias y convierte al estudioso en una especie de Dr. Frankenstein de los olores.

Los mecanismos biológicos tienen, entre otras virtudes, la de la economía de medios, moléculas, receptores, mensajeros semejantes que actúan de manera distinta en según qué sitios o participan en procesos diferentes, de ahí la razón por la que estas percepciones puedan relacionarse de forma tan estrecha.

La insensibilidad congénita al dolor es una rara patología que afecta a determinados individuos desde el nacimiento, impidiéndoles apreciar aquellos estímulos dolorosos. Es una neuropatía por déficit de función: el afectado puede percibir la diferencia de temperatura de un líquido al aproximar los labios, pero no es capaz de distinguir aquel que le produciría una quemadura fatal.

Esto acarrea lesiones graves por falta de sensibilidad al dolor, aunque se conserve el resto de la sensibilidad. El resto, menos el olfato, se suele asociar a anosmia.

La causa de esta enfermedad es una mutación en el cromosoma 2, a nivel del brazo largo 2q24  en el gen SCN9A, responsable de la caracterización de los canales de sodio.

El sodio actúa como mediador químico de la transmisión del impulso nervioso y su paso a la célula modifica su diferente respuesta a estímulos.

De esos canales de sodio están caracterizados al menos nueve y, uno de ellos, el 1.7, es el responsable de trastornos como la analgesia y la anosmia congénitas.

Se han descrito hasta 13 mutaciones distintas de la subunidad alfa de este, gen todas asociadas a alteraciones en la sensibilidad del dolor, siendo la herencia autosómica-recesiva y, por tanto, muchas veces no manifiesta clínicamente si el otro cromosoma esta sano.

La detección de la causa de esta anomalía permite definir una diana terapéutica, pues podríamos modular toda la percepción del dolor bloqueando esos canales de sodio de forma selectiva.

Los anestésicos locales, muchos antidepresivos tricíclicos, algunos antiepilépticos, actúan de forma directa o indirecta, selectiva o inespecífica, sobre los canales de sodio y con la intención de aliviar el dolor, aunque también actúan sobre la fibra muscular cardiaca o sobre otros estructuras del sistema nervioso con la consiguiente interferencia de funcionamiento.

Como en algunos casos, actuar sobre el canal 1.7 de sodio tiene su aspecto negativo: el posible secundarismo de anosmia si actuáramos sobre los canales situados en el circuito olfatorio. Ya existen líneas de investigación avanzadas en este sentido y como siempre el conocimiento acaba beneficiando a aquellos que saben interpretarlo.

En unas recientes declaraciones del nuevo presidente del Consejo Europeo de Investigación, Mauro Ferrari, afirmó que “el sentido de nuestras vidas es transformar el dolor en algo útil para otras personas”¡No puedo estar más de acuerdo con esa afirmación!

 

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