Diagnostrum

Simple Mobile Health

CENTENARIOS

Posted by on Feb 11, 2019 | 0 comments

CENTENARIOS

La esperanza de vida de los españoles actualmente está por encima de los 80 años, lo que nos convierte en uno de los países más longevos del mundo en esta materia, el segundo tras Japón.

En las mujeres ronda los 84 años y en los hombres los 82. Estas cifras, al igual que otros indicadores de salud como el número de trasplantes y donantes de órganos, no dejan de crecer y eso nos debe enorgullecer, pues consideramos la vida humana uno de los bienes mayores de nuestra sociedad y atribuimos este dato a una suma de factores relacionados con la salud y el estilo de vida.

Según datos demográficos oficiales, más de 500.000 españoles superan los 90 años. El Instituto Nacional de Estadística(INE), a principios de 2018, daba cuenta de que España tenía casi 9.000.000 de empadronados mayores de 65 años, lo que supone el 19,1% de la población total. Siendomás de 15.000 los que superan los 100 años, (unas 12000 mujeres y 3000 hombres), cifras que se prevé que se incrementen en los próximos años, siglos de historia acumulados en un pequeño colectivo.

Las razones como siempre son variadas: la herencia genética, ya que estos centenarios se agrupan en familias; la dieta mediterránea;y la vida activalibre de estrés, entre ellos.

Un análisis más detallado refleja luces y sombras que relacionan los datos con la renta económica y la localización en comunidades con recursos y asistencia sanitaria. Algunos guarimos apuntan también a la preservación de costumbres tradicionales y el alejamiento del ritmo desenfrenado de nuestras ciudades como un factor de longevidad.

Este escenario representa el retrato fijo del momento actual y, comparándolo con los retratos del pasado, supone una tendencia hacia el incremento de la esperanza de vida, mejora general de la salud, basada en un estilo de vida, mejora de la alimentación, atención sanitaria y cuidados psicosociales en la vejez.

Pero también se presentan negros nubarrones que crecen de forma alarmante y que, probablemente, cambien significativamente el futuro. Más esperanza de vida no supone salud plena, sino prolongación de la vida y necesidad aumentada de control de patologías degenerativas o asociadas a la edad.

Las enfermedades agudas, que diezmaban la población del siglo XIX y principios del XX, actualmente han pasado a un segundo plano y son las enfermedades crónicas las que ocupan casi todas las necesidades de la población.

Enfermedades como el Dolor crónico, la artrosis, osteoporosis, diabetes, HTA, las arritmias, gastropatías con reflujo o alteraciones digestivas, estreñimiento, por no hablar de la depresión, la demencia o la SOLEDAD,afectan a casi toda la población anciana.

Nuestro sistema sanitario, eficiente en los tratamientos agudos, naufraga en instalaciones y recursos para la cronicidad y sus mismos profesionales padecen la misma enfermedad del envejecimiento y van abocados, como la sociedad de la que forman parte, a colisionar con el iceberg de la inversión de la pirámide poblacional.

No nacen niños que equilibren la sociedad, no habrá jóvenes que emprendan en busca de soluciones, ni habrá adultos que financien los gastos de las clases pasivas y previsiblemente la esperanza de vida de esas generaciones sufra un recorte debido al deterioro de sus condiciones de vida, al sedentarismo inducido por las nuevas tecnologías del ocio, a la obesidad debida a la dieta basada en comidas prefabricadas de forma industrial, pobres en vegetales, fibra o antioxidantes. La microbiota degenerará y alterará nuestra inmunidad, nuestro estado de ánimo y la solidez de nuestros huesos.

En suma, nuestra especie, como otras especies de humanos anteriormente se dirigirá a la extinción.

Después de esta descripción apocalíptica y volviendo al retrato que comentábamos de la sociedad actual, debemos poner de nuestra parte una adaptación de lo que hacemos a lo que queremos y también a lo que nos conviene (que no siempre es lo mismo).

Implementar la atención a los ancianos supone necesariamente más recursos: los ancianos, sobre todo, quieren que no les duela nada y, si les duele, que ese dolor se pueda controlar.

El esfuerzo de asistir a los centenarios actuales y a los que puedan llegar debe basarse en el autocuidado en primer lugar, con educación y medios de soporte, y con instalaciones de cuidados intermedios. Se necesitan tanto robots Da Vincicomo asistentes sociales, quirófanos inteligentes y servicios de hospitalización o atención de día.

El dolor en el anciano, y más en el centenario, requiere un equilibrio exquisito entre antiarrítmicos, antihipertensivos, antidiabéticos, protectores gástricos, anticoagulantes, anticuerpos monoclonales, antiinflamatorios, analgésicos, laxantes, hipnofacilitadores, antidepresivos…

Pero también una armonía entre descanso y actividad, conciliando las necesidades de cuidados de los nietos y la prevención de daños relacionados con sobresfuerzo, entre la alegría de las actividades de relación y ocio con niños con el descanso necesario y el tiempo de recuperación después de los mismos.

Para vivir cien años tenemos mucho avanzado, pero nos queda un largo trecho por recorrer y un enorme esfuerzo por desarrollar. El tiempo dirá si fuimos capaces.

Submit a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *