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AGUJEROS NEGROS

Posted by on Ene 28, 2019 | 0 comments

AGUJEROS NEGROS

Los agujeros negros son el paradigma de formación espacial: fascinante, remota. Caracterizados por su inquietante fuerza de gravedad atraen de forma masiva cualquier otra estructura, devorando todo atisbo de materia, como estrellas, planetas, galaxias u otros cuerpos celestes y hasta radiaciones. De todo lo que puede ser signo de actividad.

Su descubrimiento y el posterior estudio y seguimiento produce, por todas las razones, una atracción a los científicos semejante a la fuerza de gravedad colosal que atesora en su interior ¿Qué le sucede a lo que el agujero atrae y desaparece en su interior? ¿Se desintegra o simplemente pasa a otra dimensión cuántica y a un universo paralelo, poblado de criaturas especulares a nosotros en las que el tiempo transcurre en sentido contrario?

En estos días, lamentablemente, hemos encontrado otro agujero negro en el que su voracidad y gravedad han devorado a un pequeño cuerpo celeste que pasaba por sus inmediaciones, arrastrándolo hacia sus entrañas como el Kraken, como un monstruo mitológico más allá de lo imaginable

Este segundo agujero negro, y su terrible atracción gravitatoria, ha acarreado a los familiares y a todo un país primero a una gran incertidumbre por la evolución de los acontecimientos, causas y sobre todo consecuencias para su pequeño y frágil protagonista. Más tarde se desencadenó un enorme dolor para unos padres angustiados y sometidos a una gigantesca incertidumbre que han mantenido la esperanza hasta el final.

Posteriormente, el dolor desgarrador se ha incrementado con la confirmación de la terrible noticia de la muerte del pequeño, un inocente más devorado por el destino atroz, injusto, por la desdichada mala fortuna: los hados,de nuevo, nos son desfavorables.

Todos los fenómenos de sufrimiento humano nos afectan a aquellos que tenemos algo de sensibilidad y cordura. Pero los que afectan a seres desvalidos, como niños, ancianos, nos producen aún mayor dolor por su indefensión. Es imposible abstraerse y no relacionar estos hechos e imágenes con otros seres de nuestro entorno y sentir la necesidad perentoria de abrazar a los nuestros, sentir su calor y respiración y con ello aliviar nuestra sensación de impotencia frente al dolor de los demás. Si el dolor de éstos nos conmueve, el dolor de los niños alcanza lo más profundo de nuestra alma.

Como en las enfermedades, los hechos se imponen a los deseos y, aunque la realidad serene la incertidumbre, la certeza de un diagnóstico adverso necesita una gran presencia de ánimo, especialmente cuando éste es fatal o irreversible. Entonces sólo queda el consuelo de la compañía de los otros y el tratamiento paliativo del dolor.

La seguridad completa no existe. Todos enfermamos y vamos a morir, antes o después, pero resulta difícilmente asumible que esto le suceda a pequeñas criaturas con toda una vida por delante y cuando las circunstancias, como parece el caso, son terribles y quizá pudieran haber sido evitadas.

Una vez más la actualidad cargada de dolor irrumpe en nuestro blog y no nos permite abstraernos de la cruel visión de la realidad. De nuevo, vemos cómo la ciencia y la técnica, capaces de resolver multitud de problemas, de acortar los plazos de resolución y reclutar expertos desinteresados de todo el mundo, no puede sobreponerse a imponderables, a circunstancias absolutamente excepcionales y a una enorme mala fortuna.

Un mensaje de esperanza: buena parte de nuestra sociedad ha sabido estar a la altura, apoyando desde el esfuerzo desinteresado, desde el afecto y la comprensión a los afectados, desde el respeto, sin escatimar esfuerzo ni gasto. Sin duda es una muestra de civilización y de madurez de todos.

Abracemos a nuestros hijos y a todos nuestros seres queridos y enviemos un abrazo a todas las personas que sufren de una forma injusta por las enfermedades o por las circunstancias.

No quiero terminar sin reconocer el trabajo denodado de quienes han puesto en juego su vida, arriesgando su integridad, para hacer posible lo imposible. Unos llevan mono y máscara, otros visten de uniforme y lucen placa, otros llevan fonendo y viste bata y pijama blancos…pero siempre están donde y cuando hace falta. Son los verdaderos “ángeles de la guarda”. No se olviden de ellos.

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