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TÓTEM Y TABÚ

Posted by on Dic 10, 2018 | 0 comments

TÓTEM Y TABÚ

Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis y de la psiquiatría moderna, nació en Pribor, un pueblo del imperio austriaco, actualmente en la Republica Checa. Se trasladó a Viena de niño y posteriormente inició estudios de medicina.

Pronto comenzó su inquietud por el funcionamiento del cerebro y su estructura. Posteriormente en París con Charcot, amplió ese conocimiento iniciando el desarrollo de sus teorías sobre las enfermedades psiquiátricas basándolas en el funcionamiento del cerebro.

Para él una parte importante de las enfermedades y de los conflictos del ser humano radicaban en el sentimiento de culpa interiorizado al incumplir alguna de las normas ancestrales de la sociedad.

Freud explicaba que la humanidad primigenia estaba organizada en pequeños grupos, como otros mamíferos dominados por un macho alfa o padre de todos, y con las hembras dedicadas a la reproducción a su disposición y los machos dominados como complemento del grupo, protegidos pero sometidos a la ley del más fuerte.

En un momento dado, varios individuos se enfrentan al macho alfa, lo matan y se lo comen. Interiorizan su fuerza pero también el sentimiento de culpa. Asumen en el mismo acto el poder, las normas y el remordimiento por la transgresión.

El conflicto de los instintos, el ello, la manera de vivenciarlo, el yo y las normas, el superyó explican la dialéctica de las civilizaciones y sus componentes. Freud y su escuela, incluyendo a su hija, popularizaron la teoría que en algunos aspectos permanece como herramienta terapéutica.

Muchas de las teorías de Freud están superadas por la moderna medicina, como así lo han evidenciado expertos en psicoanálisis y/o psiquiatría, si bien Freud abrió la terapia a la palabra, inaugurando la psicoterapia lo cual sigue en vigor. Ahora, la farmacología también ha progresado, dando respuesta a muchas preguntas que Freud no pudo contestar con su trabajo.

El Tótem para Freud era la representación de la raíz del poder, casi siempre una figura animal, admirado, temido, dotado de la fuerza o astucia envidiada por los hombres y de la que los miembros del clan eran herederos, portavoces y también descendientes mitológicos.

Esa legitimación la vemos hoy día en los nuevos Tótems, los elementos que actualmente inundan los entornos de atención al usuario,  en bancos, oficinas públicas, aeropuertos y en nuestro caso de atención a los pacientes.

Estas nuevas figuras mitológicas, a medio camino entre el pasado mágico y las nuevas tecnologías, representan un progreso en la adecuación de la información y las tecnologías a las necesidades actuales, pero han hecho perder los elementos de atención humana anterior, precisan unas habilidades de interacción específica que ayudan cuando funcionan pero que son un calvario cuando no lo hacen.

Los nuevos robots gestionan información, permiten transacciones, ordenan turnos y dan información fehaciente o códigos de acceso a atención, pruebas o salas de espera.

No podemos evitar interactuar con ellos, si necesitamos dinero, información, acreditar nuestra identidad en el aeropuerto o el número para la consulta del especialista, tenemos que dialogar con esas máquinas y en su idioma, hacer la pregunta concreta o mostrar la información, huella, pupila o número de código correcto.

El futuro se dibuja lleno de estos Tótems que, de momento, sólo facilitan la información como auxiliares de los responsables de liderar las entidades, de servicios o de atención sanitaria. Son más que los tótems tradicionales, son una especie de ministros cibernéticos del “big brother o gran hermano”, líder del grupo o entidad.

Quizá, en un futuro, y ahí surgen las dudas, estarán dotados de una inteligencia artificial, del sentido de supervivencia de los humanos y por entonces hasta se rebelen contra nosotros. sus creadores, contra los machos alfa que pretendemos ser y, tras devorar nuestros despojos, pasen a liderar a la tribu. Quién sabe si también arrastrarán el remordimiento y los androides sueñen con ovejas cibernéticas, y tengan insomnio o pesadillas, como especie hidráulica, aunque con apariencia humana que llegaran a ser.

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