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ESTENOSIS DE CANAL

Posted by on Nov 5, 2018 | 0 comments

ESTENOSIS DE CANAL

Denominamos estenosis (raíz griega “stenos”) al estrechamiento de un conducto, estructura hueca o rellena de un fluido que circula libremente. La estenosis del canal espinal es un estrechamiento del espacio existente dentro de las vértebras donde se encuentra la médula espinal, la cola de caballo y los nervios raquídeos.

Este conducto, a lo Largo de la vida,  puede desestructurarse y dar lugar a una incongruencia entre las diferentes piezas, las vértebras, que forman el conducto y producir un estrechamiento. Esta alteración genera una compresión de las estructuras que hay en el interior: médula, raíces de la cola de caballo o raíces raquídeas, produciendo dolor, alteraciones en la sensibilidad y en la fuerza e impotencia funcional.

Las causas más habituales son traumatismos, procesos degenerativos, hernias, protrusiones o por una suma de múltiples factores. También existen causas congénitas, debido a un desarrollo anómalo o incompleto de la columna vertebral.

La espondilolistésis o desplazamiento de una vértebra sobre otra es otra causa, como lo es la evolución natural de un proceso degenerativo o traumático de las articulaciones vertebrales ya mencionadas.

La sintomatología de la estenosis suele afectar a ambos miembros inferiores con dolor irradiado, que llega hasta el tobillo o los dedos de los pies, pérdida de equilibrio e importante impotencia funcional, casi siempre continua, aunque suele ser más manifiesta en bipedestación. En general, el paciente con estenosis tiene afectación continua y sólo se le alivia parcialmente adoptando posturas de máxima capacitancia vertebral (casi siempre posición fetal y decúbito lateral).

El paciente, típicamente, tiene dolor irradiado que se incrementa al caminar hasta hacerle detenerse. Esta claudicación o pérdida de capacidad obliga a parar y, muchas veces, a buscar excusa o distracción, denominándose “enfermedad de los escaparates”.

La manera de llegar al diagnóstico es por la clínica ya comentada, que lleva al paciente a pedir consulta y la realización de pruebas de imagen. Una resonancia magnética nos indicará el estado de las estructuras blandas: médula, raíces, discos, ligamentos y una idea bastante precisa de las estructuras óseas, aunque un TAC vertebral nos completaría la información en caso de duda.

El manejo de este problema, como siempre destacamos, en primer lugar debe ser preventivo, siempre que sea posible.

Hay una primera recomendación de higiene postural en el descanso y en el esfuerzo, complementada por el mantenimiento de un tono muscular de la prensa hidro-aérea y de los músculos de los canales vertebrales, que reduce la incidencia y mejora la evolución en los estadios iniciales de esta patología. Se consigue más con tenacidad que con sobre-entrenamientos en tiempos limitados, el ejercicio moderado y continuo debe ser una constante de salud para todos, y también para estos pacientes.

A estas medidas se puede añadir ejercicios tutorizados, sea en gimnasio, Pilates, Aquagym o en servicios de rehabilitación, mediante ejercicio de potenciación muscular y educación postural. El esfuerzo debe ser del paciente, aunque siempre orientado por los terapeutas. El ejercicio y la actividad deben ser efectivos, pero también entretenidos: no es una obligación sino una rutina de vida elegida, satisfactoria y, si es posible, con integración social en grupos de pacientes.

La alimentación adecuada y el descanso son los otros pilares del cuidado no farmacológico, aunque los analgésicos, como el tramadol o el paracetamol, y los antiinflamatorios, como des-ketoprofeno o ibuprofeno, se pueden emplear de forma ocasional para situaciones puntuales de necesidad o como medida de refuerzo ocasional de rescate terapéutico.

Los intervencionismos desde las unidades de dolor, como bloqueos facetarios, radiofrecuencias, bloqueos epidurales, epidurolisis, bloqueo transforaminales o bloqueos musculares de músculos cuadrado, psoas o erector espinal, facilitan la mejoría en situaciones de estancamiento y retrasan la necesidad de una cirugía (incluso pueden demorarla indefinidamente si las medidas físicas se pueden reiniciar y surten efecto).

Cuando estos tratamientos no consiguen su resultado y el progreso de la enfermedad sigue su curso, se hace necesario el tratamiento quirúrgico que se debe acomodar a la circunstancia y necesidad del paciente, eliminando los tejidos redundantes o que generan la compresión, abriendo el canal y extirpando la parte posterior de la vértebra (laminectomía) y fijando las estructuras óseas mediante dispositivos protésicos como separadores o artrodesis.

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