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CAMBIO HORARIO

Posted by on Oct 29, 2018 | 0 comments

CAMBIO HORARIO

En esta época del año y en este hemisferio se produce uno de los dos cambios anuales de la hora oficial, y se nos devuelve la hora prestada en primavera a las autoridades.

La razón esgrimida históricamente era el ajuste económico derivado del gasto energético en las horas de oscuridad y el ahorro en las horas de día. Algo que sobre el papel sería cierto.

Otra razón no menos cierta es el acomodo en una sociedad con horarios fijos del horario solar, es decir, el sol sale a distinta hora, pero nosotros vamos a trabajar con el sol, nuestra actividad es casi cien por cien diurna.

Lo que sucede es que esos cambios también alteran los ritmos biológicos internos de nuestro organismo y producen los consiguientes desajustes de nuestra maquinaria interna.

El sol y la luz que desprende tienen toda una serie de propiedades benéficas en la vida, pero la oscuridad y el periodo de reposo y recuperación que se le asocian también son imprescindibles. Todos necesitamos dormir y ese sueño es de mejor calidad en un entorno tranquilo y en penumbra.

Así pues, la dialéctica día/noche no es nociva y es favorable para la vida. Hay otro hecho también contrastado: los días y las noches varían en proporción a lo largo del año, invitando más a la actividad en una época y menos en otra.

Los seres humanos y otras especies realizan actividades en las horas favorables y, sea en la oscuridad o las horas de calor extremo, la evitan, recogiéndose, refugiándose o solo quedando en reposo.

Cuando era el sol el que dictaba la jornada, los hombres amanecían con el sol todo el año, fuera la hora que fuera a la que amaneciese. Parece como si ahora el orden global impidiera tener un horario de verano y otro de invierno. Quizá sea la manera menos caótica de organizarlo.

La salud se ve afectada pues nuestros sensores de luz: regulan la liberación de hormonas como la melatonina, el cortisol o la serotonina.

La melatonina se segrega en la glándula pineal, ubicada en el epitálamo, entre ambos tubérculos cuadrigéminos superiores. La pineal recibe información sobre la luz del ambiente desde la retina hacia el núcleo supraquiasmático, con proyecciones descendientes a ganglios simpáticos cervicales.

La melatonina se sintetiza a partir del triptófano por una hidroxilación y descarboxilación a la serotonina, y N-acetilación y O-metilación de la serotonina a la melatonina. El ARNm que codifica este proceso se expresa con un ritmo biológico de día y noche. La síntesis de la melatonina se inicia por la unión de norepinefrina a los receptores adrenérgicos β1 y activación de la enzima adenilato ciclasa en la célula de la glándula pineal.

Es un proceso de síntesis que depende de la presencia de triptófano y de otros factores nutricionales, como niveles de folato y vitamina B6. La variación lumínica es el hecho esencial que explica la implicación de la glándula en la fisiología de los ritmos biológicos. La melatonina facilita el sueño, inhibiendo la actividad promotora de la vigilia del núcleo supraquiasmático.

La melatonina influye en los ritmos circadianos, sueño, envejecimiento, afecciones cardiovasculares y desordenes afectivos. También se le atribuyen acciones anti inflamatorias, anti hipertensión, antineoplásicas por acción anti angiogénico, antimitótico y anti oxidante, e inmunomodulador. Todos estos procesos están implicados en la regulación de las respuestas de adaptación, el estrés y la interpretación del dolor.

Entonces: ¿Duele más con un horario u otro? ¿En verano o en invierno?

Se ha relacionado la mayor incidencia de episodios de cefalea con los cambios horarios, relacionado con la alteración en las rutinas de vida y quizá con las horas de descanso o los horarios de las comidas.

Parece que el dolor músculo-esquelético afecta más en la época invernal, no por las horas de sol, sino por la inestabilidad atmosférica, más relacionada con la humedad, la presión atmosférica o la ionización del aire.

Sea como fuere, vivimos en sociedad y necesitamos un marco de ordenación universal que sea general y predecible, lo que hace inevitable un horario común.

La adaptación a los nuevos horarios suele suponer una o dos semanas de adaptación, algo más en los grupos de población infantil y ancianos, probablemente por la respuesta neuroendocrina más lenta, por lo que debemos ser más pacientes con esos colectivos y entender sus desajustes o mal genio temporales.

El cambiar o no la hora dependerá de las autoridades y los expertos. El resto nos limitaremos a adaptar nuestro propio horario a los usos (o husos) horarios y costumbres de cada sociedad.

Las otras medidas, claro está, dependerán de nuestro propio autocuidado, que debe ser la herramienta final que empleemos para interpretar estas normas y todas las demás.

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