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EL MEDICO ENFERMO

Posted by on Oct 22, 2018 | 1 comment

EL MEDICO ENFERMO

Una de las muchas retahílas que empleo regularmente en las clases de la Universidad y también en otros contextos educativos, programas de formación continuada, reuniones científicas o charlas con pacientes, es que los sanitarios pensamos que la salud y la enfermedad son conceptos profesionales.

Todos estos datos se encuentran escritos, en detalle, en libros y revistas, adornados con gráficos y estadísticas, con fotos anónimas y preparaciones anatomo-patológicas en color. Pensamos que son entidades de otros que, cerrando el libro, quedan atrapadas de nuevo en ese universo paralelo de la ciencia o la historia clínica de otros y que no nos afectan.

Sin embargo, la salud y la enfermedad también nos afecta a los profesionales directamente como seres humanos que somos, “nada de lo humano nos es ajeno”y la enfermedad y la muerte nos alcanzará o nos alcanza de manera inexorable cumpliendo las estadísticas como parte de grupos de población, de edad, de riesgo de exposición o por el puro azar.

Cuando cogemos el trasporte público, o nuestro vehículo propio; cuando tomamos el sol o un arroz caldoso; cuando dormimos de menos o movemos el armario de sitio, estamos sometidos al mismo riesgo que todo el mundo y, por tanto, podemos sufrir accidentes o enfermar. De hecho enfermamos.

¿Cómo afrontamos la enfermedad los médicos? ¿De igual o de distinta manera? ¿Es mejor o peor que el resto de nuestros congéneres?

Creo que definitivamente, no hay una respuesta única, ya que depende como siempre de las especiales circunstancias de cada uno.

Ser médico nos hace conocer muchos de los problemas de salud, la manera de presentarse y la de afrontarlos. Pero es bien distinto observar desde fuera los detalles, poder tomar distancia y evitar el sesgo de la interpretación subjetiva, que encontrarse inmerso en el proceso.

Criticamos la automedicación de los pacientes, por el posible desconocimiento y sin embargo los médicos lo hacemos de manera regular.

Indicamos que el paciente consulte a su médico y nosotros nos miramos al espejo y le preguntamos, pensando que ese que te mira a los ojos tiene todas las respuestas.

A veces, vemos ese pequeño lunar en la cara y no interpretamos que es un problema hasta que otra persona nos dice que tiene mala pinta, por más que nos lleve picando desde semanas atrás.

Creo que la tendencia mayor es asumir que somos autosuficientes y no necesitamos la ayuda de otros profesionales, que son muy jóvenes y tienen menos experiencia que nosotros, aunque tengan una formación y experiencia distinta y mejor que la nuestra en ese campo.

En suma, no salimos de nuestra autocomplacencia hasta que la cruda realidad nos visita como un jarro de agua fría y despierta del sueño de la ignorancia.

Recuerdo con cierta perplejidad (y algo de satisfacción íntima) las discusiones con compañeros cirujanos a propósito de la necesidad de analgesia postoperatoria suficiente, incluso de bloqueos nerviosos para hacer mejor la experiencia de los pacientes y la reticencia de ellos por alargar el procedimiento en quirófano o el posible aumento de la estancia hospitalaria.

Recuerdo a ese mismo cirujano relatando su experiencia como paciente fuera de su entorno habitual y cómo recordó, con lágrimas de dolor propias, mis palabras al vivir en primera persona el “Nolotil si dolor”.

Nuestra experiencia siempre es subjetiva, los médicos y profesionales de la salud somos personas en primer lugar y no lo sabemos todo de todo.  Más bien sabemos mucho de pocas cosas y algo de muchas cosas. Por eso debemos acudir a solicitar ayuda cuando se nos presente el problema, sea un traumatismo, un dolor abdominal, o unas manchas en la piel. Debemos cumplir nuestros consejos y los de otros profesionales cuando ciertos hábitos no son los mejores para la salud o la prudencia aconseja corregir nuestra actitud.

Todos hemos tenido en nuestro en nuestro propio cuerpo o en nuestro entorno personal situaciones de enfermedad, a veces graves, pero no es el objeto de nuestra actividad, sino parte de nuestra intimidad.

Cuando algunos colectivos publican detalles de su salud como una forma de apertura o de solidaridad hacia el público general, se nos plantea si nosotros deberíamos hacer lo mismo y contar que nosotros, o nuestros familiares o allegados, hemos sufrido o sufrimos las secuelas de enfermedades comunes.

Se debe hacer uso de su información o intimidad como se considere, aunque entiendo que forma parte la intimidad de cada uno.

Las iniciativas como los PAIME, programas de atención integral al médico enfermo,aseguran una actitud correcta, libre de sesgos, especialmente en patologías estigmatizadas socialmente, como aquellas que tienen que ver con trastornos de conducta o hábitos tóxicos.

Los médicos enfermamos y vamos a morir como todos los seres humanos, pero eso no quiere decir que seamos inmunes a ciertas enfermedades o que tengamos que avergonzarnos de nuestra condición humana cuando por exceso o defecto, o por puro azar somos los afectados. Las enfermedades enseñan mucho sobre la salud y nos ayudan a conocernos y a entender a los demás.

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1 Comment

  1. Buen artículo que describe nuestras flaquezas y nos acerca a nuestros pacientes.

    Saludo cordial

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