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SABER LATIN (…Y GRIEGO)

Posted by on Oct 1, 2018 | 0 comments

SABER LATIN (…Y GRIEGO)

La expresión en castellano “saber latín” hacía y hace experiencia a aquella persona sagaz, lista, preparada, con una formación superior. No es de extrañar por múltiples razones. El latín era la lengua del Imperio que aunó gran parte de los territorios europeos y mediterráneos bajo una hegemonía de mil años. Era la lengua de aquella superpotencia, pero fue adoptada por los pueblos dominados por su utilidad para el comercio y su superioridad para la comunicación frente a las lenguas autóctonos, celtas, tartesias o cualquiera otra.

Además, al adoptar el imperio la religión cristiana, se vinculó el idioma a la transmisión de la fe, convirtiéndose el latín también en la lengua oficial de la curia vaticana, circunstancia que sigue vigente.

En suma, el latín por su relación con los poderes mundanos y divinos permaneció en la escala del conocimiento y en los contenidos curriculares de universitarios y seminaristas en la cima de la pirámide. Gran parte del conocimiento de la antigüedad y casi todos los libros de los siguientes mil años, tenían todo o parte de su contenido escrito en latín, también como lengua vehicular del conocimiento, formando parte del bagaje universitario.

El uso de las lenguas romances, primero como anotaciones aclaratorias de la liturgia para el pueblo llano y luego como herramienta de comunicación de pensamiento, literatura o ciencia, no se generalizó en Europa hasta el final de la edad media. No en vano, recordemos que la Biblia de Gutenberg, primer libro impreso de la Historia, estaba escrita en latín.

Galileo escribió el Siderus Nuncius (mensaje sideral) en 1610 en latín, aunque a partir de ahí  empezó a hacerlo en lenguas vulgares con la intención de ampliar al gran público la difusión de su ciencia (escrita por otra parte más en matemáticas, un idioma aún más universal que el latín)

Como Copérnico, aunque póstumamente también publicó en latín su conocimiento científico en el De revolutionibus orbium coelestium

Miguel Servet describió la circulación pulmonar en un libro teológico también escrito en latín, Christianismi Restitutio, siendo condenado por hereje al parecer a instancias de Calvino, padre una de las muchas reformas de la Iglesia Católica de Roma.

Isaac Newton, también escribió en latín su celebérrima obra Philosophiæ naturalis principia mathematica.

En suma gran parte de la ciencia que sustenta nuestro conocimiento actual y muchísimos de los conceptos fueron pensados y redactados en latín.

Su enseñanza y conocimiento han caído en el olvido por la etiqueta de lengua muerta y la reticencia de las autoridades a promover su conocimiento. Apenas quedan algunos núcleos irreductibles (como la aldea gala de Asterix y Obelix), de los que cabe destacar a Emilio del Rio, (latinista tuitero @emilio_delrio y comunicador en RNE #VerbaVolant del programa @NEUDC_RNE) que trae al primer plano de la consciencia lo que el subconsciente tiene claro: la importancia del latín y del humor en el conocimiento.

El latín y la cultura clásica no es algo obsoleto, viejuno o vintage, es la base de nuestra civilización, de nuestra sociedad, de muchas de sus costumbres y normas de relación.

El derecho, (habeas corpus, in dubio pro reo…), la comunicación (motu proprio, per se, sine die…) y por supuesto la medicina están llenos de expresiones latinas (incluyendo la nomenclatura anatómica de músculos, huesos, ligamentos) y multitud de neologismos, términos médicos, patologías o pruebas diagnósticas se han bautizado a partir de raíces latinas y griegas.

El griego es otro damnificado en esta vorágine lingüística y cultural pese a que el alfabeto griego (la primera en la frente) se emplea sistemáticamente en la matemática, física o química, y sus raíces son la base de casi todos los términos científicos y técnicos.

Por eso creo que se nos debería pedir a médicos y sanitarios saber latín, probablemente un nivel de estas lenguas semejante a la que se pide de otras como el inglés (nivel intermedio,…), para poder entender de qué hablamos y transmitirlo a otros de forma eficiente. Recordemos el viejo aforismo de José de Letamendi, “el medico que solo sabe de medicina ni de eso sabe”. Para saber de medicina y de dolor hay que saber latín (y algo de griego)

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