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RELATO DE VERANO 2018 (1ª parte)

Posted by on Jul 23, 2018 | 0 comments

RELATO DE VERANO 2018 (1ª parte)

“… Pues me alegro de que esté mejor Carmen, nos vemos a la vuelta de vacaciones, que pase un buen Verano…”.

Despedí a la última paciente del curso ¡Ya está bien! Las ocho y media de la tarde. No había fallado ni uno, incluso alguno más acudió en la tesitura de que le faltara medicación durante sus vacaciones y las mías.

¡Qué situación! Tener que acudir in extremis a una consulta para conseguir unas recetas que tendrían que facilitarle alguno de los médicos que pudieran verlesdurante el verano en el pueblo, en la playa o en la ciudad,donde viven sus hijos, pero ya se sabe, es más fácil que te atiendan como visitante extranjero que con la tarjeta sanitaria de otra región o comunidad.

Me asomé a la sala de espera, por fin estaba vacía, inundada del blanco de los asientos. Solo el leve zumbido del aire acondicionado rompía ese silencio, tan poco frecuente que se hacía casi inquietante. Un año más habíamos sobrevivido al reto y lo habíamos conseguido, llegar a la meta, como en una maratón, cansados por el esfuerzo, pero satisfechos por llegar a la meta, si no como campeones, sí como abnegados competidores, satisfechos por haber participado, orgullosos del resultado, pero deseando parar y recuperar el aliento.

Volví el rostro a la consulta, para recoger mis cosas y me pareció ver, por el rabillo del ojo, movimiento en el extremo de la sala, la silueta de una mujer, vestida de colores claros.

Al dirigir la mirada hacia aquel lugar no vi nada, ni nadie, pensé, será el cansancio o las gafas sucias. Entré en la consulta y empecé a recoger, cuando sonó el teléfono.

¿Hola?, ¿Diga?, ¿quién es? Nadie contestó.

Número equivocado, no es raro, en los días que comienzan las vacaciones, aumenta la incidencia de errores por la pérdida de concentración, lo dicen todos los artículos de análisis de incidentes en atención sanitaria.

¡¡¡PATAPLAS!!!!

Algo se cayó en la sala de espera, fui y era la papelera, volcó esparciendo botellas, envoltorios vacíos y algunos papeles, como pudo caerse, estaría mal colocada.

 

Me fijé en un trozo de papel, parecía el encabezamiento de un informe médico, me agaché a cogerlo. Apenas se podía leer el principio: “Belinda Nazario Valbuena, 36 años, sin antecedentes de interés, acude por dolor lumbar de un mes de evolución…” Un comienzo tan normal y repetido como los de miles de pacientes. No conocía el nombre y el fragmento de papel terminaba en esa frase, aunque estaba desgarrado a ese nivel.

El emblema del hospital, una cruz blanca y azul “Virgen de los Desamparados” tampoco me era conocido y solo por detrás aparecía un número de seis cifran 361.290 y escrito a mano: “Llamar.

No había más papeles que completaran esa información. Recogí la papelera y los objetos que había desparramados y empecé a preguntarme por ese intrigante mensaje que había llegado a mis manos de esa manera tan poco común.

¿Quién sería esa Belinda?, ¿dónde estaría el hospital de los desamparados?, ¿quién tendría que llamar? y ¿para qué? y ¿por qué me preocupaba por ese papel justo en el principio de mis vacaciones? Guardé el papel en el bolsillo, cerré la consulta y me marché a casa. Todavía tenía que hacer la maleta. Al día siguiente salíamos pronto para el pueblo de mi mujer.

Aquella noche de julio hizo más calor que nunca y el sueño fue una suma de pesadillas entrecortadas. Soñé con persecuciones, con un tren, con un pueblo que no conocía y con un pozo como los de los patios de los castillos y me desperté empapado en sudor cuando empezaba a tirar de la cuerda de la polea del pozo. Empezó una tormenta y eso pareció refrescar y me vino a la cabeza Belinda.

¡Las cuatro y veinte! Belinda, ¿Belinda qué? Fui al despacho y encendí el ordenador, pensé preguntar a Google mientras recuperaba el sueño, o se refrescaba un poco más la noche.

Escribí el nombre del papel, después de unos instantes el gran hermano me sorprendió con la respuesta, no se encuentran entradas con esos datos ¡Qué curioso, un nombre sin historia escrito en un papel en una papelera y yo buscándolo a las cuatro de la mañana! Definitivamente necesitaba vacaciones.

Sin embargo, al momento apareció una segunda respuesta. Era una nota de prensa del Noticiario de Salamanca:“Belinda Nazario Balbuena ha sido dada por desaparecida después de seis meses de infructuosas pesquisas. La noticia databa de julio 1936, en las vísperas del inicio de la Guerra Civil.

Definitivamente este asunto necesitaba mucha atención y yo empezaba las vacaciones, pensé dedicarme a indagar sobre el caso, pero mejor cuando ya fuera de día…

(Continuará)

La segunda parte de este relato aparecerá en septiembre cuando volvamos a este foro

Os deseo unas buenas vacaciones…

 

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