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DOLOR Y VITAMINA D

Posted by on May 21, 2018 | 0 comments

DOLOR  Y VITAMINA D

La vitamina D o Calciferol es una hormona lipídica, esteroidea, emparentada con el colesterol que se encuentra en el organismo humano y regula  los niveles de calcio y fósforo en sangre, actuando tanto en el intestino, promoviendo su absorción desde los alimentos, como mediante la reabsorción de calcio en el riñón. Contribuye a la formación y a la mineralización del hueso, siendo básica en el desarrollo del esqueleto y en la contracción muscular.

También regula la secreción de hormona paratiroidea (PTH) desde las glándulas paratiroides y afecta al sistema inmune como inmunomodulador, facilitando la fagocitosis y la actividad antitumoral.

Se han encontrado receptores para la vitamina D en todo el organismo, por lo que se cree que puede tener un papel esencial en muchos procesos fisiológicos aun no completamente aclarados.

De todo lo anterior podríamos deducir un papel esencial, tanto en la estructura como en la función musculo-esquelética y, por tanto, un protagonismo principal en las patologías que lo afecten, es decir el dolor.

La pregunta sería:

¿qué papel juega la vit D en el dolor agudo o crónico y qué papel podrían desempeñar sus desequilibrios?

Aunque en algunos estudios se ha encontrado niveles bajos de vitamina D (por debajo de 20ng/ml), en el 20% de los pacientes de las clínicas del dolor este porcentaje sube al 70% en pacientes en seguimiento en reumatología, llegando al 69% en pacientes conectivopáticos, 62% con osteoartritis, 71 con osteoporosis y 75 con lumbalgia inespecífica, pudiendo ser aún más bajos en pacientes con fibromialgia.

La vitamina D parece actuar como un esteroide neuroactivo, interfiriendo en la creación y la función de las neurotrofinas, influyendo en la acción proinflamatoria de las prostaglandina, e inhibiendo la sintasa de óxido nítrico y de las células T-helper.

Actualmente los valores normales de vitamina D son un tema de controversia y en estudio: en una orientación aproximada se consideran valores por debajo de 12 ng/ml como una deficiencia y de 12-20 ng/ml una insuficiencia, mientras que niveles mayores 20 ng/ml se consideran suficientes. Por encima de 50 se consideran perjudiciales.

Un estudio del Instituto Cochrane de 2015 (Straube S et al, Cochrane Database Syst Rev 2015; 5: CD007771) y algunos otros más (Gaikwad M, Clin Rheumatol. February 2016; Shipton EE, Pain Ther 2015; Kragstrup TW, Scand J Primary Health Care 2011) no encontraron evidencia para recomendar el uso sistemático de vitamina D en el tratamiento del dolor crónico, aunque eso no quiere decir que no pueda beneficiarse aquel paciente que tenga unos niveles bajos y que esto no sea favorable para la evolución general de su salud.

La vitamina D parece tener además, un efecto antienvejecimiento: las personas con niveles adecuados de esta vitamina mantienen los telómeros (extremos de los cromosomas con un ADN repetitivo que da estabilidad y reduce atipias y anomalías), más largos, mientras que su menor longitud se asocia al proceso de envejecimiento, por tanto cuanto más largos se mantienen los telómeros más joven biológicamente se mantiene el organismo.

De modo que se sugiere consumir una dieta con dosis suficientes de vitamina D. Alimentos como el pescado azul y el aceite de hígado de bacalao, las setas o el hígado de ternera, queso, guisantes y yema de huevo o, por supuesto, alimentos enriquecidos como leche, productos lácteos, cereales o pan.

Se aconseja una ingesta de unas 600 UI en adultos de 19 a 70 años y de 800 para mayores de esta edad e incrementar hasta 1200 a 1500 UI en personas con déficit severo o riesgo de hipovitaminosis.

En cuanto a la exposición al Sol, aunque es cierto que facilita la síntesis de vitamina D, se hace necesaria una exposición continua, extensa y a una radiación importante, lo que hace que los perjuicios que ocasiona puedan no ser compensados por sus beneficios.

Debemos recomendar una vida basada en la dieta adecuada, el ejercicio moderado, preferentemente al aire libre y el descanso suficiente. Aquellas recomendaciones que puedan compensarse incrementando otras deben realizarse sin lugar a dudas.

Aunque la relación entre niveles de Vitamina D y dolor crónico parece apuntar a una relación débil y la adición de suplementos de Vitamina D no puede recomendarse como terapia principal para el dolor, sí hay elementos para recomendar su uso como parte del tratamiento, siendo éste simple y barato.

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