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GREGORIO MARAÑON: EL MEDICO HUMANISTA

Posted by on May 7, 2018 | 0 comments

GREGORIO MARAÑON: EL MEDICO HUMANISTA

Hay en la Historia de España múltiples figuras destacadas por sus hazañas, descubrimientos y desgraciadamente, también otras por sus desatinos y desmanes. Una vieja gran nación recoge, en sus años de existencia mucho de lo bueno y de lo malo de la condición humana. De entre estas figuras quiero destacar hoy la del Dr. Gregorio Marañón Moya, ilustre médico, erudito, pensador y personaje esencial de la historia de la España del siglo pasado.

Marañón nació en Madrid, en el seno de una familia acomodada que le facilita una educación esmerada y la posibilidad de sus estudios de medicina. Estudio en Madrid con algunos destacados profesores como Ramón y Cajal, Madinaveitia, Oloriz o Alonso Sañudo, concluyendo en 1909 su licenciatura.

Posteriormente en 1910 realiza una estancia en Frankfurt con el Dr. Erhlich y ya en 1911 y siguiendo la estela de Artur Biedl que publica su libro Innere Sekretion, considera la creación de la endocrinología como área específica del conocimiento médico a la que luego consagraría su vida.

Su relevancia en la endocrinología se sustancia primero con el curso en el Ateneo de Madrid en 1915  La doctrina de las secreciones internas y posteriormente con obras como, La edad crítica, publicado en 1919, especialmente dedicadas al climaterio o en su discurso de ingreso en la Academia de medicina titulado Problemas actuales de la doctrina de las secreciones internas.

Sin embargo, Gregorio Marañón también destacó como hombre comprometido con su tiempo, tomando protagonismo político como diputado y por su manifiesto a favor de una república de Febrero de 1931 (recordemos que Marañón ejerció como médico del rey Alfonso XIII y viajó con él a Las Hurdes, región con pobreza y Bocio endémico).

Entendió Marañón que la solución a los males de aquella España era un cambio de régimen, aunque posteriormente se lamentó de la incapacidad de la República para resolver los problemas de gran parte de la población.

Con la Guerra Civil se marchó exiliado a París no regresando hasta 1943, momento en el que se reincorpora a su tarea como médico en Madrid y como investigador en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

Además de esta relevancia médica y política, participa de cinco de las ocho Academias Españolas, teniendo una faceta como escritor y ensayista muy desatacada, especialmente en el ámbito de las biografías entre las que destacan:

Enrique IV de Castilla y su tiempo (1930, reeditado en 1941)

Amiel. Un estudio sobre la timidez (1932);

El Conde-duque de Olivares (la pasión de mandar) (1936);

Tiberio. Historia de un resentimiento (1939);

Luis Vives (Un español fuera de España) (1942);

Antonio Pérez (El hombre, el drama, la época) (1947);

Cajal: su tiempo y el nuestro (1950)

El Greco y Toledo (1956).

Además entró en el análisis crítico de uno de los mitos españoles de la literatura, el mito de Don Juan y el origen de su leyenda (1940).

Podríamos destacar la obra sobre su maestro Ramón y Cajal, que se presenta como un diálogo entre maestro y discípulo, sobre temas españoles, y revisa acordando o discrepando con él, las opiniones expresadas por éste sobre problemas y realidades de la España y del resto del mundo. Al discrepar de la causa del atraso científico en España que afirmaba Cajal, advertía del riesgo de pasarse de idealismo exagerado, que podía ser pretexto «para el ocio y fuente de rencor». Discute la idea de la pereza como mal endémico español, o las consecuencias de la expulsión de Judíos y Moriscos, señalando el aislamiento como una de las causas mayores del atraso científico español.

Del Tenorio, el médico y ensayista de la Generación del 14, dice que forma parte del mundo de los extraviados del camino recto, haciendo suyas las afirmaciones de Pérez de Ayala sobre el mito, tantas veces visitado en la literatura occidental, poniendo en duda su supuesta masculinidad por falta de “rastros de carne y hueso de sus lances amorosos”.

Encontrando anómalo el personaje, le preocupaba que se presentara como modelo anatómico y mental a emular, para la humanidad futura.

Como podemos apreciar, toda su obra refleja a un personaje comprometido con su tiempo, más allá de la competencia médica y abarcando toda la dimensión humana.

Muchos de sus pensamientos son un faro que nos guía a aquellos que admiramos al hombre y su obra pero, alguno como éste, resumen todo nuestro respeto y admiración

“Un dolor curado, justifica toda la vida de un médico”

 

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