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PROCRASTINACIÓN

Posted by on Feb 12, 2018 | 0 comments

PROCRASTINACIÓN

Aunque todos sabemos lo que supone la acción de esta palabra, la asociación del término al significante no puede lograrla todo el mundo. Su origen en el latín pro adelante y crastinus relativo al futuro, anticipa la dimensión de su significado.

La procrastinación supone la demora de una actividad de una forma consciente pero asociada a una excusa o imperativo que la hace precisa, es decir, una justificación consciente o inconsciente que no permite atrasar la decisión o el inicio de una conducta que entendemos sería más correcta.

Aunque tener una agenda y ser ordenado supone, necesariamente, la priorización de unas acciones sobre otras, cuando la acción o tarea es desagradable o fatigosa, su demora continua suele asociarse a preferencias sociales o culturales o, simplemente, a que no queremos realizar el esfuerzo de cambiar de conducta.

Procrastinamos cuando demoramos dejar de fumar o hábitos como el alcohol o las drogas, cuando pensamos en empezar a ir al gimnasio más adelante, cuando jugamos la última partida de video juego en vez de irnos a dormir para rendir al día siguiente.

También lo hacemos cuando no llevamos el coche a la revisión de los 10.000 kms o no ponemos la cesta de la ropa sucia en la lavadora, y también cuando reparar la gotera que incordia un día de lluvia pasaría por tener que llamar al seguro y sus robots contestadores al día siguiente, y hablar con los responsables de seguros y reparaciones, pues puede que no llueva de nuevo en meses.

Sucede en el entorno educativo cuando no comenzamos la tarea hasta las últimas fechas, no recopilamos información para realizar un trabajo o empezamos a estudiar el último día porque lo tenemos muy claro, porque la materia es poco importante o porque el profesor es un plasta y su asignatura un rollo.

Procrastinamos cuando soportamos una situación de infelicidad personal y esperamos a mejor ocasión a afrontar nuestra conversación con pareja o familiares sin aclarar malos entendidos o simplemente incompatibilidades.

Procrastinamos cuando nos encarga el jefe una estadística o informe de las reclamaciones o problemas en nuestro puesto, o cuando nos piden aportar nuevas soluciones a viejos problemas que ya hemos dado por insolubles.

Procrastinamos cuando esperamos al último día para informar de las modificaciones en la programación para no tener que hablar con ese compañero incordio que siempre se está quejando y resulta difícil reconvenir su actitud.

Esto sucede también en el ámbito sanitario, tanto a médicos como a pacientes. Como médicos, igual que en todas las profesiones, las tareas complejas, penosas, las de gestión administrativa, las revisiones de calidad o de procedimiento no son las más agradables y los pacientes más demandantes y con peores resultados, pacientes crónicos y con mala evolución, son los generadores de mas trabajo con la misma remuneración.

Como pacientes, procrastinamos cuando esquivamos las revisiones rutinarias, los procedimientos intervencionistas o con demora, muchas veces, por pensar que no van a aportar nada, como las revisiones dentales, ginecológicas o urológicas, o porque las pruebas suponen una preparación o molestia que modifica nuestra vida, como una colonoscopia (y eso que actualmente se realizan de forma sistemática con sedación).

Procrastinamos cuando tenemos que realizar procedimientos dolorosos incómodos o que pueden aportar nuevas noticias negativas sobre nuestra salud, pero la demora en el diagnóstico no mejora el pronóstico, solo lo retrasa.

No estamos más sanos porque no tengamos un papel que diga que estamos enfermos, sino porque ésta sea nuestra situación real. Tener una etiqueta que diga que tenemos un pólipo solo sirve para poder orientar el tratamiento, pero, en sí mismo, no cambia la situación de tenerlo y no saberlo. Como mucho puede añadir un cierto grado de preocupación, pero también orienta hacia la solución.

La procrastinación puede ser consecuencia de una situación puntual, acumulación de tareas o de problemas, pero también puede ser síntoma de una alteración psicológica, relacionada con la ansiedad y el catastrofismo que puede precisar ayuda profesional adicional.

Por eso demos evitar la letanía del cómico José Mota: “hoy no, ¡mañana!” y tomar las riendas de nuestra vida personal y profesional, como dice el refrán castellano: “vale más una vez colorado, que ciento amarillo” y, desde luego, es mejor conocer lo que nos sucede y corregir nuestros malos hábitos que mirar para otro lado y esperar a que el azar sea quien los resuelva.

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