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TRES CARTAS A LOS REYES

Posted by on Ene 8, 2018 | 1 comment

TRES CARTAS A LOS REYES

Jared se acurrucaba a su madre en la más que destartalada y ruinosa sala de espera del hospital de Alepo (Siria). La guerra había destruido toda la parte oeste de la ciudad y casi la mitad del hospital, dejando apenas dos quirófanos operativos y una exigua sala de recuperación, rodeada de estancias, desde las que podía sentirse el frío de la noche y verse un negro cielo salpicado de nubes con algún destello ocasional de estrellas.

Mientras, Jared esperaba junto a su madre las noticias de la operación de su hermano pequeño, herido por una bomba que les sorprendió junto a otros tres amigos cuando jugaban. Jared repetía para sí, pensando en los días en los que estábamos, que los Reyes Magos salvarían las piernas de su hermano para poder seguir jugando con él, pues nada podría hacerle más ilusión….

Mammadu se afanaba por llegar al dispensario de Falaba, donde su madre estaba ingresada. Corría los 16 kms desde su aldea hasta la pequeña ciudad donde la cooperación internacional colocó un centro de salud. Allí cuidaban a los enfermos de Ébola, dada la cercanía a la frontera con Guinea, origen al parecer de éste y otros brotes de la epidemia, como el de 2014.

Luana, su madre, era enfermera y fue de las primeras en contraer la enfermedad tras el brote, que ya se había cobrado las vidas de 16 personas sólo en aquel centro.

Mammadu corría de forma mecánica y pensaba en su madre, una mujer generosa y fuerte, que le había enseñado que había que compartir y ayudar a los demás. Pensaba en lo injusto de su situación, contagiada por ayudar, por estar en primera línea. Se debatía entre la vida y la muerte, esperando que el antisuero llegara y le diera una oportunidad. Mientras corría pensó en esos Reyes Magos, en lo bueno que sería que le regalaran la salud para su madre, pues lo deseaba de todo corazón….

El temporal de nieve tenía la ciudad de Chicago incomunicada y los desplazamientos urbanos eran francamente complejos, a pesar de los esfuerzos de las autoridades y los servicios de limpieza en retirar la nieve de la vía pública.

Pese a todas las dificultades, Paul caminaba de la mano de su abuelo, Jason. A las 12 era la visita para los pacientes ingresados. Quería ver a su padre después de la tercera sesión de quimioterapia por su cáncer de próstata, tras la extirpación realizada en el Hospital Saint Michael mediante cirugía robótica.

La cirugía se planteó tras un diagnóstico casual, cuando estaban a punto de viajar de vacaciones de Navidad y todo se precipitó. En la anterior visita, su padre apenas podía hablar por las secuelas de la quimioterapia sobre las mucosas de la boca. No pudo ni abrazarlo por el riesgo de transmitirle una enfermedad al estar con quimioterapia. Pensó en la Navidad, en los otros niños y en la carta a los Reyes Magos, y cuánto deseaba que su padre se curara, pues ese sería el regalo de este año….

Tres cartas, tres que, como muchas otras, se  enviaron y llegaron, no sin dificultades, a sus majestades, los cuales sopesaron detenidamente las peticiones y tras revisar el comportamiento de Jared, Mammadu y Paul, decidieron hacerles llegar esos tres regalos mediante su muy amplio grupo de pajes, ayudantes y colaboradores necesarios en cada uno de esos rincones del Mundo.

Todos los años millones de cartas como estas se envían en todo el Mundo, muchas llegan a su destino y la magia permite conceder el deseo y otras muchas no. Está en nuestra mano intentar que estos y otros deseos se hagan realidad y que la Magia de la Navidad dure todo el año. Que los buenos propósitos, como la Paz, el Amor, la Prosperidad, la Salud, inunden nuestras vidas y no se quede en la letanía de una simple felicitación.

Nuestro trabajo y el objetivo de este pequeño relato de ficción, que podría ser real y que quizá recuerde a muchos otros relatos conocidos o vividos, es invitaros a reflexionar sobre vuestra vida y la de vuestro entorno y preguntarnos si hacemos todo lo que podemos por los demás.

Si la respuesta es afirmativa, os deseo salud y energía para no cejar en el empeño. Si no es así, buscad dentro de vuestro corazón ese niño que fue y que probablemente siga estando en el interior y encontrareis el motivo para reconsiderar vuestro comportamiento.

Os deseo lo mejor para este año que iniciamos, cargado de alegría e ilusión, pero también de retos y esfuerzos ¡Bienvenidos, una edición más, a #ELBLOGDELDOLOR!

 

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1 Comment

  1. Como siempre su post está lleno de sensibilidad y razón. Feliz año doctor Vidal

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