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ESCRIBIR

Posted by on Dic 18, 2017 | 0 comments

ESCRIBIR

Describimos la presencia de la humanidad en el planeta en dos grandes periodos. Uno, el prehistórico, abarca desde los orígenes de nuestra especie, sus primeros pasos a cuatro y luego a dos patas, las diferentes pruebas testimoniales forenses y fósiles de su vida y su muerte, todas sus costumbres y medios de subsistencia.

Los datos de este periodo y los hallazgos que los explican no son muy diferentes de los de otras especies animales, a saber, huesos con vestigios de salud, crecimiento, tamaño, lesiones o enfermedades y herramientas o rastros de su paso por el Mundo: marcas, tallados toscos mínimas representaciones o vaciados de su presencia.

La segunda etapa, llamada histórica, recoge todo lo sucedido desde la aparición de la escritura, que podríamos cifrar en la segunda mitad del cuarto milenio antes de nuestra era.

La escritura ancestral, probablemente, se originó con anterioridad y fue consecuencia del afán de comunicación y representación, quizá de trascendencia, de nuestros antepasados, pasando de dibujos o marcas a representaciones esquemáticas de la realidad, lo que cifraría sus orígenes más allá del 15.000 a.C., en el periodo Magdaleniense.

Sin embargo, los primeros sistemas de escritura aparecidos en Mesopotamia o el sudeste asiático hacen referencia a registros de una actividad de relación desarrollada y un afán de registro más comercial que espiritual.

En todo caso, la escritura se convirtió en el vehículo de la comunicación, de la relación y también de gran parte de las transacciones de aquellos hombres y, por derivación, de los hombres actuales.

La escritura, el lenguaje escrito, sigue siendo el elemento referente de la comunicación y del conocimiento. Tiene que ver con la intención de inventariado permanente, archivable, revisable, transmisible en ausencia del autor, pero también está relacionado con los márgenes del conocimiento y la tecnología disponible en todo este periodo llamado histórico.

El Código de Hammurabi, el Papiro de Ebers, el Canon del Emperador amarillo, La Odisea, El Cantar de Mío Cid, Romeo y Julieta, El Quijote, o La Declaración Universal de los Derechos Humanos, entre otros, se redactaron con palabras y se dejaron plasmadas por escrito empleando los códigos y la tecnología del momento, en piedra, papiro, tela o papel.

Nuestra época ha traído la posibilidad de archivo de la voz y de la imagen de forma simple y económica, lo que está haciendo retroceder al lenguaje escrito a marchas forzadas y reemplazando ese estándar de comunicación por otro multimedia, más inmediato, intuitivo y multidimensional.

Con ello, las habilidades comunicativas escritas, la caligrafía, la ortografía, la puntuación, las tildes, vírgulas, diéresis, acentos circunflejos o cedillas, cada vez van siendo reemplazados de forma más clara por emoticonos, ideogramas, onomatopeyas o video-audiochats.

No podemos abstraernos al ritmo de los tiempos. No es descartable que en el futuro, las novelas o las historias clínicas en vez de escritas estén, como en la época de los juglares, declamadas o representadas.

Así pues, este modesto testimonio que ofrezco aquí, puede ser uno de los últimos vestigios de la era histórica que concluirá con el final de la escritura y que dará paso a la protohistoria, caracterizada por el uso de hologramas animados, que nos darán los mensajes en tres dimensiones como la princesa Leia a Obi-Wan.

Sin embargo, habrá algo en común de aquella época y ésta, el vértigo de la hoja en blanco (o la pista de grabación vacía), la planicie desierta interminable a recorrer, la pendiente vertical por escalar o el abismo galáctico de oscuridad hasta el siguiente planeta.

Será un abismo negro, helado, mudo, tan elocuente como lo son las páginas vacías que nos asustan por su inmensidad pero, al mismo tiempo, nos atraen y fascinan y cuando conseguimos domeñarlas, llenarlas de trazos y e ideas, se convierten en la luz que llena nuestras vidas y el calor que conforta nuestros corazones.

Escribir es un reto. Con esta última entrega del 2017, me proponía expresar lo que para mí supone cada vez que me enfrento al mismo, aunque la escritura sólo tiene sentido con la lectura de los otros. Si han llegado hasta aquí, se lo agradezco de todo corazón, espero que les llame a la reflexión y a seguir usando estas habilidades para la comunicación en su vida personal y profesional.

¡Les deseo larga vida, prosperidad y un muy feliz 2018!

 

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