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EL DOLOR ES SUBJETIVO

Posted by on Nov 27, 2017 | 0 comments

EL DOLOR ES SUBJETIVO

Los que nos dedicamos de forma profesional al estudio y tratamiento del dolor no paramos de repetir como un mantra el título de este artículo: “el dolor es subjetivo”.

 

 

 

 

Lo hacemos porque tenemos la evidencia científica y la experiencia clínica de que los mecanismos que nos permiten la percepción e interpretación de cada una de las experiencias que tenemos a lo largo de nuestra vida son únicos y exclusivos de cada ser humano.

Aunque el prototipo de ser humano de éxito, seleccionado por la naturaleza en estos miles de años de evolución tenga una estructura semejante, con dos brazos, dos piernas, un cerebro y un corazón; con unas conexiones neuronales entre núcleos cerebrales, sustancia gris medular y nervios periféricos equivalente, se presenta en cada uno de nosotros con un perfil y un diseño ligeramente personalizado, pese a tener parecidas prestaciones de fábrica.

A este diseño, hay que añadirle la manera en la que lo utilizamos cada uno, sometiéndolo a una modulación relacionada con nuestras experiencias, nuestra educación, etc. Ello va variando las respuestas predeterminadas en el nacimiento, el sistema se va modificando a sí mismo, aprendiendo. Y también, debido al desgaste del uso o al abuso que hacemos del mismo, su maquinaria se resiente, pierde adecuación o simplemente se agota.

Estos son argumentos más que suficientes para justificar la afirmación de la subjetividad en el dolor y en todas las experiencias vitales, por más que, como dijo Nietzsche, “vayamos a un modelo de sociedad en la que los hombres se crían intentando seguir un único patrón, como si fueran granjas de humanos, adecuándolos a los fines de esas fuerzas dirigentes en la sombra”.

Hay, además, otros aspectos no menos relevantes que tienen que ver con aquellos que nos dedicamos a interpretar el dolor de los demás y que también estamos, pese a nuestro afán científico, sometidos a subjetividad. Nuestra mirada agrupa las manchas de color, les da forma e interpreta figuras, acciones y también intenciones, como en una pintura impresionista fruto de esa subjetividad de cada uno.

 

Cuando contemplamos las penalidades de otros, sean por enfermedad o por la razón que fuere, tendemos a compararlo con nuestra propia experiencia y etiquetarlo de respuesta adecuada, respuesta insuficiente o respuesta excesiva.

Esta subjetividad de la que no somos muy conscientes, en ocasiones, lleva a catalogar entre comillas de quejica, blando o inmaduro a personas que tienen una respuesta que nosotros interpretamos que no es adecuada.

Como ya he dicho, nuestros cuerpos y nuestras experiencias son distintas y, por tanto, hace falta mucha flexibilidad, un razonable conocimiento, una cierta distancia, para interpretar de forma correcta las experiencias de los demás.

Lo mismo que hay personas que detectan inmediatamente un perfume al entrar en una habitación y otros apenas lo perciben, incluso bañándose en una piscina llena de él, nuestra diferente sensibilidad y nuestros sentidos matizan, modulan, nuestra percepción.

Igualmente, lo que para algunos es penalti claro por falta dentro del área, para otros apenas es una carga reglamentaria o ni siquiera hay contacto y es una exageración teatral.

Todo lo que tiene que ver con la humanidad es subjetivo y, por ello, es deseable, incluso exigible, por parte de todos un razonable margen de tolerancia, flexibilidad, sea uno paciente o familiar, sea uno trabajador o directivo, sea uno inspector de la Seguridad Social, árbitro de fútbol, agente del orden o rey de bastos… Cada uno en su responsabilidad debería ponerse en el lugar del otro y tratar de entender no solo los hechos, sino también las motivaciones y así extraer las conclusiones mas adecuadas en cada caso.

El dolor es subjetivo, pero no imaginario. Puede tener una causa orgánica objetivable con una exploración o con pruebas diagnósticas o solo manifestarse o expresarse como relacionado con esa estructura. El dolor puede presentarse como un mal invisible, difícil de diagnosticar, difícil de demostrar y difícil de tratar, pero eso no debe hacernos bajar los brazos en nuestra lucha contra el.

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