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Animales Mitológicos

Posted by on Nov 13, 2017 | 0 comments

Animales Mitológicos

 

Durante una de las clases que impartía el entonces catedrático de Cirugía Prof. Santiago Tamames nos dijo que un buen cirujano debía de tener vista de águila, para captar todos los detalles, mano firme como la de un relojero y corazón de león para sobreponerse a las dificultades físicas y muchas veces emocionales con las que la medicina podía poner a prueba a los aspirantes que escuchábamos sus explicaciones.

Aquellas afirmaciones que ponían en un mismo individuo características físicas tan peculiares, como si de un nuevo animal mitológico se tratara, me resultaron sorprendentes y generaron una mezcla de inquietud y rechazo a partes iguales.

¿Quizá a lo largo de mi formación iría desarrollando pico y plumas y después garras, o me levantaría como el protagonista de “La Metamorfosis” de Kafka convertido en una especie de bicho con la conciencia humana pero cubierto de quitina y dotado con seis miembros?

Confieso que aquellas palabras me atormentaron durante una temporada aunque, viendo al profesor Tamames y sus ayudantes, no me parecía que tuvieran plumas o pico, y en cuanto a las garras, nunca los vi descalzos para poder afirmar nada con rotundidad.

Sin embargo, cuando realizaba prácticas, con algunos de mis maestros, como Baltasar Orejas o Pedro Villarroel, y contemplaba atónito la manera en la que ellos trataban a los pacientes y descubrían sus enfermedades con apenas un vistazo, cuatro preguntas o una mínima exploración para orientar los tratamientos y sanar a los pacientes, comencé a pensar que sí había algo de mitológico en aquellos profesionales.

Acabada la formación de Licenciado comencé la preparación del MIR, una de las pruebas más duras que puedan existir: dedicación sistemática al estudio durante 14 horas al día, los 365 sin descanso. Empecé a desarrollar conchas en mis posaderas y en los codos ¡Qué horror, la mutación podía estar empezando a manifestarse!

Una vez iniciada la residencia, nuevos datos llegaron a mis sentidos. Pensaba que la dedicación del examen MIR era algo insuperable, pero vi con mis ojos y después sufrí en mis carnes las jornadas extenuantes, los partes quirúrgicos imposibles, los paritorios repletos y las laparotomías interminables ¡Quién dijo fatiga!

Aquellos maestros y compañeros trabajaban sin descanso las 24h y todavía dedicaban algunas horas después a pacientes o casos especiales, rizando aun más el rizo.

Sí que eran inasequibles al desaliento y la fatiga aquellos residentes y adjuntos, y todavía quedaban energías para el estudio y el ocio. A veces, cuando ya en la madrugada parecía que por fin tendríamos un descanso, se presentaba una nueva urgencia: los interminables pacientes obstruidos o perforados, los accidentados de tráfico o damnificados en una reyerta callejera o las cesáreas urgentes.

Recordaba las viejas películas del oeste, con los protagonistas rodeados de enemigos, sin munición para defenderse. Solo la convicción de que el relevo llegaría en hora te mantenía alerta a duras penas ¡Qué jóvenes e ingenuos éramos!

Aprendí con ellos que muchas de esas cualidades mitológicas ya residían en mi interior y que solo había que descubrirlas, aunque dicha tarea fuera agotadora, dolorosa o extenuante.

En mi vida profesional, ya como especialista, he ido descubriendo a muchos otros animales mitológicos, con esa vista de lince, olfato de sabueso, oído de lechuza, resistencia de lobo, tenacidad de una mula. Son cualidades que atribuimos a animales, pero que compartimos con ellos y que, como ellos, podemos desarrollar.

No me siento más ni menos animal que antes, pero sí que he aprendido a utilizar mis sentidos y experiencia a favor de mis pacientes. Es lo que en la profesión llamamos ojo clínico.

Si en esta humilde experiencia hemos encontrado animales mitológicos como estos, qué decir de aquellos que trabajan en las precarias condiciones de los países del Tercer Mundo o en los innumerables escenarios de conflicto bélico que actualmente inundan nuestro planeta. Para todos esos mitos también mi homenaje más sincero.

¡Quizá tuviera razón el Profesor Tamames y fuéramos un poco de todo eso!, aunque creo que la cualidad que debemos potenciar más es la humanidad. Con ella suficientemente desarrollada, todas las demás vendrán por añadidura con el tiempo.

El tiempo sí que es una cualidad difícil de desarrollar: cuanto más pretendemos economizarlo, menos nos queda. El tiempo y su empleo sí que parecen algo completamente mitológico.

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