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EL DOLOR Y LA RCP

Posted by on Oct 30, 2017 | 1 comment

EL DOLOR Y LA RCP

Hace unos días, en el contexto del primer congreso del CERCP, tuve una conversación con mi amiga Marta del Valle, del Consejo Español de Reanimación, sobre mi interés y dedicación al dolor y también a los otros aspectos de mi profesión, como la reanimación y la anestesia, y si tenía compartimentada mi agenda o la cabeza para abordar esas diferentes dedicaciones e intereses.

Hablando con ella me surgió la idea para hablar esta semana sobre el dolor y la RCP.
Realmente ¿son aspectos completamente excluyentes? ¿No tiene nada que ver la asistencia, el diagnóstico de las patologías dolorosas y la asistencia, y el diagnóstico de la reanimación cardiopulmonar?
Sin profundizar mucho en el análisis, no es imposible que las personas que tienen dolor, dolor crónico, puedan sufrir una parada cardiorrespiratoria, comenzando por el riesgo relacionado con la edad, que es significativo en ambas patologías, siguiendo por los trastornos cardiovasculares arteriosclerosis, hipercolesterolemia, vida sedentaria, estrés, obesidad…

En el mismo sentido, o más bien al contrario, una persona que sufre una parada cardiorrespiratoria puede,  como consecuencia de la misma o de su tratamiento, tener secuelas dolorosas, ya sea por las alteraciones en la oxigenación cerebral, ya por las maniobras de reanimación, compresiones torácicas, ventilaciones, accesos intervencionistas de la vía aérea o respiratoria…

Es muy elocuente el testimonio de la periodista de El País, contando su experiencia vivida en primera persona de un Ictus y el dolor general que percibió a modo de cortocircuito cerebral (https://politica.elpais.com/politica/2017/10/27/actualidad/1509093068_442729.html)

 

Un ictus es un trastorno de la capacidad neurológica de origen isquémico, casi siempre por obstrucción de riego arterial, alguna vez trombótico, alguna vez hemorrágico. La afectación de las células de nuestro cerebro produce la destrucción y pérdida de su capacidad. Si esas neuronas gobiernan nuestros movimientos, éstos se verán afectados; si es nuestra sensibilidad, tendremos disestesias o parestesia; si gobierna la percepción, modulación o interpretación del dolor, nuestra experiencia del dolor será distinta… Uno de cada 10 pacientes que sufre un ictus desarrolla dolor crónico no presente con anterioridad.

Empezando por esos primeros momentos y siguiendo por todos los que siguen en el corto y medio plazo, las alteraciones pueden ser duraderas y a veces permanentes, y la secuela no solo puede dar un dolor mantenido de origen central, sino también una percepción alterada de cualquier nueva experiencia dolorosa.

 

Los cuidados post resucitación, son una parte esencial de la atención a la parada cardiaca: son mucho más laboriosos y su resultado, aunque esencial, es menos vistoso por lo lento de sus consecuencias. Igual que cuando se planta un árbol el momento más llamativo es cuando se coloca en la tierra, si no se mantiene un cuidado continuo durante mucho tiempo, puede que el primer esfuerzo no sirva para nada.

Esos cuidados no solo consisten en mantener la circulación y la ventilación funcionando, sino el resto de las funciones, controles de temperatura endocrinos, metabólicos y las funciones neurológicas superiores: sensibilidad, pensamiento, memoria, emociones, todos ellos dependientes de la función cerebral, que puede haberse visto afectada y que es necesario reconstruir en muchas ocasiones partiendo de un edificio afectado.

De ahí una vez más la necesidad de insistir en el mejor tratamiento para la parada, la prevención y la asistencia precoz con espectadores no sanitarios pero adiestrados y concienciados de su importancia. Todos podemos y debemos ayudar. El peor dolor lo produce la pérdida de una vida que se podía haber salvado y se ha perdido por inacción o impericia.

La realidad, como siempre, se impone a la división académica de patologías, tejidos, órganos y aparatos; la transversalidad es la ley universal de la asistencia y el diagnóstico de las enfermedades.

Hay un último aspecto que siempre me gusta recalcar: la repercusión que las enfermedades y los enfermos producen en los cuidadores y terapeutas. Trabajos cargados de estrés físico y mental, como son los necesarios para la reanimación, generan muchas lesiones físicas en manos, brazos, rodillas o vertebras lumbares que sufren el esfuerzo de la reanimación, la compresión y la ventilación, y hacen necesario el aprendizaje y entrenamiento continuo para evitar lesiones y poder sostener ese esfuerzo necesario en el tiempo.

Los pacientes con dolor también pueden sufrir ictus, casi siempre relacionados con su patología basal y hábitos de vida, y solo ocasionalmente vinculados con la terapia que prescribimos y debemos vigilar de forma exquisita. Hay antiinflamatorios que tienen una repercusión cardio-circulatoria y renal; opioides con su afectación respiratoria; antidepresivos y anticonvulsivantes capaces de alterar otras funciones o generar interacciones con otros tratamientos crónicos, como anticoagulantes, antidiabéticos o antihipertensivos…

Cualquiera que sea la circunstancia o la patología, se hace necesario siempre tener en cuenta los antecedentes y peculiaridades de cada paciente a la hora de identificar las soluciones a sus conflictos de salud.

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1 Comment

  1. Muy claro y eficaz el abordaje de RCP en pacientes con dolor crónico. Agradecería explicara síntomas de un Ictus o stroke , ya que me parece muy necesario en los tiempos que estamos viviendo. Gracias Dr Vidal.

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