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¡ESTUPIDO, ES EL DOLOR!

Posted by on Oct 16, 2017 | 0 comments

¡ESTUPIDO, ES EL DOLOR!

Según el Diccionario de la RAE, “DOLOR es la sensación molesta y aflictiva de una parte del cuerpo por causa interior o exterior”. Todo el mundo ha sentido dolor de un modo u otro, y su repercusión no se limita a los aspectos fisiológicos, sino que afecta otras muchas esferas de la vida, a las relaciones familiares, sociales y al rendimiento laboral.

El dolor supone una alteración en la salud del paciente y tiende a vivirse en el entorno personal, incluso íntimo, muchas veces de una forma incomprendida o infratratado, pero se debe seguir viviendo, porque el dolor es tratable y muchas veces superable. Ese es el objetivo de las Unidades de dolor, aliviarlo en la medida de las posibilidades si no eliminarlo por completo.

El dolor crónico, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), puede afectar alrededor del 15-20 % de la población. Por ello es considerado por dicho organismo mundial como una enfermedad y, al igual que cualquier patología crónica, requiere un tratamiento crónico basado en el propio paciente y su entorno pero controlado por terapeutas acostumbrados, experimentados, especializados en el tratamiento del dolor.

Como es sabido, el dolor es una patología con entidad propia reconocida por la OMS (WHO en sus siglas en inglés). Supone un coste entre el 2,2 y el 2,8% del PIB de los países industrializados. La idoneidad del tratamiento es una necesidad y un derecho de los pacientes y llevarlo a buen término es una obligación de los profesionales de la salud. Esto explica suficientemente la razón por la que los médicos deben estar implicados en el desarrollo de ésta y otras iniciativas, a fin de reconocer el dolor como problema.

En España se calcula que cerca de 4,5 millones de habitantes sufren dolor crónico por un periodo superior a los 6 meses de duración, trastorno que, para muchos afectados, se convierte en una cohabitación media de 5 años y que en el 50% de los casos no está bien controlado.

Más aun, el tiempo medio para lograr un diagnóstico de dolor crónico es de 2 años y de más de año y medio para lograr un tratamiento adecuado. Otros datos de interés es que más del 50% de los pacientes no está satisfecho con la atención y casi un 30% recurre a la automedicación para tratarlo, lo que se traduce, además, en cansancio generalizado, trastornos del sueño y cuadros depresivos.

Tampoco conviene olvidar la repercusión en la bajada de rendimiento en trabajo y/o estudios, así como en el ámbito relacional con terceros y más concretamente en el mundo de los afectos, pues muchas rupturas están estrechamente relacionadas con el padecimiento de un dolor incomprendido y no convenientemente tratado por los expertos del ramo. ¡Poca broma, desde luego!

Aunque no todo son malas noticias, actualmente existen más de 200 Unidades del Dolor en toda España. A todas luces son insuficientes, a tenor del número de pacientes resultantes de estudios como los citados, pero sobre todo a partir del reconocimiento por parte de la OMS del dolor crónico como una enfermedad y un derecho humano. La conciencia del problema va en aumento y el horizonte es de mejoría en recursos y formación, pero queda mucho camino por recorrer.

Por ello se hace necesaria la formación específica y constante para los especialistas, así como la divulgación de protocolos y guías de tratamiento convenientes, junto a una mayor coordinación entre los profesionales de la Atención Primaria, filtros preeminentes para derivar a los pacientes hacia las áreas concretas, evitándoles fútiles demoras, y los terapeutas del dolor, que abordarán con mayor conocimiento el problema de salud.

El tratamiento de los pacientes con dolor crónico desde el primer momento ha de evaluarse como una estrategia prioritaria, rebajando así los gastos sanitarios generados por la demora y las posteriores complicaciones que conducen a la agudización y cronificación del problema.  Parafraseando y adaptando a Bill Clinton, “¡estúpido, es el dolor!” quiere recalcar, y más en esta semana que conmemoramos el #DiaMundialdelDolor, lo necesaria que es la atención a un problema de semejante magnitud.

Ello repercutirá tanto en el estado de salud de los afectados como en su bolsillo en tanto contribuyentes, no solo públicos, sino también privados, pues un diagnóstico previo acertado rebaja porcentualmente el tiempo y los recursos financieros que dedica cada paciente, permitiendo a su vez a los profesionales optimizar sus sesiones médicas a favor de nuevos afectados y aminorando los lapsos de espera.

El secreto del tratamiento del dolor es una combinación de dedicación, conocimiento, tecnología, paciencia, experiencia, afecto y algo de frustración por no conseguir siempre lo mejor. Es un trabajo en equipo, en el que cada pieza es importante y constituye el elemento clave, sin el que el tratamiento es incompleto, permite la continuidad y aporta una visión multidisciplinar.

No es pecar de vanidad reconocer que los terapeutas de las Unidades de Dolor, al menos de las españolas, son de los mejores formados del mundo. Ya dejó escrito el poeta italiano Dante Alighieri en su “Divina Comedia” que “quien sabe de dolor, todo lo sabe…”.

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