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Bocados del corazón

Posted by on Jul 17, 2017 | 0 comments

Bocados del corazón

Desde este blog insistimos en la necesidad de implementar nuestras costumbres y orientarlas hacia la salud. Los tratamientos médicos son un complemento útil, muchas veces imprescindible, pero no pueden reemplazar a la vida, la dieta, el ejercicio y el descanso sanos.

Eso que hacemos todos los días, marca nuestra tendencia a la enfermedad y condiciona la necesidad de intervencionismos enérgicos para reconducir las naves, abocadas al abismo hacia mares más tranquilos, aunque a veces a costa de golpes de timón.

El corazón es la sede de las emociones en muchas culturas y, en algún sentido, también en la nuestra. Así que tratamientos como la aspirina, los vasodilatadores coronarios o los desfibriladores, sean herramientas para los problemas cardiacos, pero herramientas de rescate que tienen sentido cuando nos hemos desviado francamente de nuestra ruta. Por eso, los afectos y quizá los antidepresivos sean la terapia de los otros males del corazón.

Como Ulises en la Odisea, cada día nos vemos seducidos por Cantos de Sirenas para estrellarnos fatalmente con las rocas del exceso o la imprudencia. 

La alimentación es uno de los caballos de batalla de esta guerra contra las enfermedades y, como ya hemos manifestado, algunos ejercicios poéticos ilustran a la ciencia por el camino correcto para preservar el corazón, pero no solo este, sino el cerebro y todo el organismo puede resultar beneficiado con lo correcto o seriamente afectado con alimentación nociva o incluso tóxica.

 

Los Dim Sum, bocados del corazón, son una excelente forma de reflejar esta necesidad. Esas pequeñas delicias, casi siempre elaboradas con elementos naturales bajos en calorías, pretenden aunar dos conceptos: la bondad nutritiva y también la intención emocional de quien lo elabora con todo el cariño para otros. Manuel Vicent, en una de sus columnas inolvidables, decía que “los chinos habían inventado todo 3000 años antes” y parece que ahora quieran recoger la cosecha de todo aquello y recuperar el control 3000 años después.

No son los únicos bocados del corazón. En Puebla (México) están los Tayuyos y en Perú los Anticuchos, alimentos tradicionales, pequeñas delicias, que entroncan propiedades culinarias y nutritivas, identifican hábitos culturales y demuestran lo importante que ha sido y será la alimentación para toda la humanidad.

No sorprende, o quizá sí, que se bauticen con el mismo nombre diferentes alimentos que, con distintos ingredientes, pretendan agasajar el paladar y a su propietario con preparados suculentos a la vez que saludables.


En España tenemos también algunos bocados del corazón, ricos en ácidos grasos insaturados, los derivados del cerdo ibérico, a veces como las imágenes demuestran con un caprichoso aspecto que recuerda mucho al corazón.

Otro sin duda es el aceite de oliva que, en esta última temporada, por capricho de la climatología y de los distribuidores, nos salvará el corazón después de rompernos el bolsillo, por el incremento de precio que ha sufrido.

La cultura que nos distingue a los diferentes pueblos, enriquece nuestras mentes y, en vez de separarnos, nos hace más ricos y diversos. La globalización tan criticada por interesada y cruel, tiene este aspecto positivo: poder disfrutar sin salir de casa de los sentimientos y sabores de muchas otras culturas.

Entreguémonos a su disfrute sin complejos, sin prejuicios y como siempre con moderación.

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