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Principio de incertidumbre

Posted by on Jul 10, 2017 | 0 comments

Principio de incertidumbre

La ciencia, la heredera de la filosofía y de la religión en la explicación del universo, nos da la respuesta a muchos de los interrogantes de los fenómenos de la naturaleza, tanto de los que nos rodean como aquellos que constituyen nuestro propio ser.

La ciencia se ha ido dotando, igual que la filosofía y la religión de toda una serie de reglas, de métodos, de nuevo vocabulario que permiten dar sentido y construir toda una doctrina coherente de la que se infieren causas y se derivan consecuencias.

Sin embargo, la ciencia también tiene sus límites, ni el conocimiento científico está aislado de la naturaleza, ni de la sociedad, ni es incontrovertible. La ciencia está en continuo cuestionamiento de sí misma y en relación con el mundo en el que se produce y sobre el que se aplica.

Uno de estos cuestionamientos es la influencia del observador en el proceso de investigación el llamado PRINCIPIO DE INCERTIDUMBRE, descrito por Werner Heisenberg en 1927.

Este principio parte de la imposibilidad de medir con absoluta certeza la posición y la cantidad de movimiento de una partícula, traducido a nuestro contexto, la manipulación de un fenómeno para estudiarlo genera un cierto cambio que muchas veces lo hace inverificable en el mundo real, como el melón no se sabe cómo es con certeza hasta que no se abre y luego ya no es el mismo melón.

Pese a que nuestras investigaciones básicas y clínicas pretenden encontrar hechos más o menos irrefutables es verdad que nuestra ciencia desde la más experimental a la más “social” están sometidas a variables muchas veces provocadas por lo complejo de los fenómenos investigados, por la limitación de nuestros instrumentos y otras por las nuestras propias debilidades.

Reconocer esos límites no es una debilidad, sino una fortaleza de la ciencia, probablemente tampoco inventada por ella, Sócrates reconoció no saber y Descartes construyó su pensamiento sobre la duda metódica, claro que dudar y equivocarse es humano. Lo absurdo es perseverar en el error o en una metodología inadecuada.

El mismo Einstein, cuyos hallazgos pusieron en duda y ampliaron la física newtoniana aceptada hasta entonces, rechazó la física cuántica que hoy es el modelo más completo para explicar la realidad, lo que demuestra que también los genios se pueden equivocar y que todo es cierto hasta que una nueva evidencia lo pone en duda y lo supera.

En el ámbito del dolor, la complejidad de los mecanismos de transmisión y perpetuación, las interconexiones que modifican respuestas de las mismas neuronas con apenas pequeñas variaciones  en los estímulos o interacciones secundarias, y la enorme variabilidad interindividual, explican por qué unos pacientes mejoran y otros no, por qué el tratamiento sirve unas veces y otras no y por qué los médicos también yerran en sus diagnósticos y tratamientos.


Una última variable en esta incertidumbre fuera del microcosmos del paciente y sus uniones sinápticas esta en el macrocosmos en el que vivimos inmersos como los peces en el mar, influye de manera que muchas veces no controlamos, tanto en lo físico-químico como en lo social o cultural.

 

 

 

 

 

 

Esta fascinante incertidumbre es la que ocupa nuestra vida profesional, el dolor, su prevención, su diagnóstico, su tratamiento, su proyección sanitaria y social con la certeza que nos iremos sin haber sido capaces de contestar todos los interrogantes.

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