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Sir Alexander Fleming

Posted by on Jul 6, 2017 | 1 comment

Sir Alexander Fleming

Hace unas semanas disfruté de unos días de vacaciones con mi familia en Londres. Allí, una de las visitas obligadas es la Catedral de St Paul, uno de los templos más significativos de la Iglesia Anglicana.

Paseando por la Iglesia, pude ver cómo se anunciaba la ubicación de las tumbas del Duque de Wellington y el Comandante Nelson, en la Cripta de la Catedral.

Al bajar a visitarlas, pude descubrir en una esquina de una pared la lápida funeraria de Sir Alexander Fleming, descubridor de la Penicilina. Su modestia contrastaba con la grandiosidad de las tumbas de los dos grandes hombres de Estado y de guerra.

Estar enterrado en St Paul, al igual que en la Abadía de Westminster, es un gran honor para un británico, pero la austeridad de la sepultura de Fleming hizo que, de las diez personas que constituían el grupo en el que me encontraba, fuese yo el único que la advirtió ¿Pudo ser por deformación profesional? No, no lo creo.

De hecho, todos vimos los monumentos de Nelson y Wellington, y eso que ninguno éramos políticos o militares. Lo que sí era claro, es que al menos cuatro de esas diez personas de mi grupo le debían la vida a los experimentos del Dr. Fleming, cuyo nicho funerario no alcanzaron a apreciar.

En cualquier caso, el Dr Fleming fue muy reconocido, tanto en vida como después de su muerte.

Precisamente España fue uno de los países donde más se le apreció. Mi padre, estudiante de Medicina en 1948, me contó hace años el viaje de Fleming a España. Durante aquel año en el que visitó Barcelona, Sevilla y Madrid, donde impartió lecciones magistrales, fue galardonado con un doctorado Honoris Causa y recibió el cariño del pueblo español.

El aprecio al prestigioso doctor sigue teniendo muchas expresiones en nuestro país, siendo una de las más curiosas el monumento que los toreros le dedicaron, por descubrir el fármaco que en muchas ocasiones les salvó la vida, y que hoy puede verse en un lateral de la Plaza de Toros de las Ventas de Madrid.

En cualquier caso, supongo que su recibimiento no fue tan multitudinario como el del artista mexicano Jorge Negrete, que visitó por primera vez España en esas fechas y que fue aclamado por un pueblo enfervorecido que prácticamente no dejaba salir a la calle desde el hotel.

Es cierto que lo que mueve al científico no es la fama, ni el aplauso. Lo que le motiva es mucho más complejo y difícil de explicar: la necesidad de explorar lo desconocido, de plantearse los por qués de la vida…

En cualquier caso, creo que es de justicia que todo aquél que vaya a Londres y visite la Catedral de St Paul dedique unos minutos para bajar a la cripta siguiendo las indicaciones de las tumbas de Wellington y Nelson, y busque en esa esquina la lápida de Sir Alexander Fleming para mostrarle su respeto de la mejor forma que cada uno considere en su caso.

1 Comment

  1. A mi me encantó esa iglesia dónde se lee muchas placas funerarias de personas famosas, incluso la de Lewis Caroll, uno de mis autores favoritos.
    Además como grabador, es un placer ver las obras hechas en el pasado.
    Un artículo interesante !

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