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Receta de estupefacientes (*)

Posted by on Jun 26, 2017 | 1 comment

Receta de estupefacientes (*)

La lucha contra el dolor supone un esfuerzo considerable para toda la sociedad. Un reto de investigación para los científicos que desarrollan nuevas herramientas terapéuticas, fármacos, vías de administración, combinaciones terapéuticas.

Supone igualmente un desafío para los médicos, que perseguimos conocer las características de las patologías y de los que las sufren. Pero también conocer el arsenal terapéutico en continua renovación, a fin de utilizarlo de forma eficaz, con resultados favorables, con una tasa de complicaciones lo más escasa posible y eficientemente, léase, a un coste asumible para pacientes y conjunto de la Sociedad.

Sin embargo, y como siempre, el principal esfuerzo lo realiza el DOLIENTE que, como Don Enrique el infante de Sigüenza,  tiene que padecer el problema con la penosidad y limitación que acarrea, reconocer su patología y explicársela a los demás, familiares y terapeutas, para que puedan ayudarle, y soportar las consecuencias del tratamiento a las buenas – alivio, control, cura– y a las malas –secundarismos, insuficiencias del tratamiento, controles administrativos-. De estas últimas, queremos hablar hoy.

Las autoridades decidieron limitar el acceso a los medicamentos, con un criterio razonable de seguridad a favor del paciente, incluso pensando en la profesión médica, dotándole del control de la prescripción.

No se puede conseguir según qué medicamentos si no es con una receta, documento legal que recoge datos del paciente, del médico, del medicamento y su forma de utilizarlo. Puede incluir más datos, como recomendaciones, consecuencias del uso, consejos en caso de problemas, teléfonos de contacto, etc. Un contrato en toda regla.

Es una forma razonable de asegurar que lo que se prescribe se haga para la persona adecuada, en la medida correcta y recomendada por el experto adecuado.

A este mecanismo se añadió un plus de seguridad cuando los medicamentos tuvieran un riesgo añadido, relacionado con las características del principio activo, riesgo de efectos secundarios severos, toxicidad o pérdida de capacidad del paciente (quizá también, por el riesgo de utilización con fines recreativos o tráfico ilícito de estas sustancias).

Para ello se creó la receta de estupefacientes, documento especial que tiene una serie de reglas en su utilización que probablemente mejoran la seguridad pero que, al tiempo, la hacen mucho más engorrosa.

La receta de estupefacientes sirve para prescribir opioides mayores: morfina, fentanilo, metadona, oxicodona, tapentadol, hidromorfona,…, es decir aquellos analgésicos potentes que se emplean para cuadros de dolor intenso.

¿Cuál es el problema? No todos los médicos quieren hacer estas prescripciones. En la medicina pública ya no hace falta un talonario especial, aunque sí un registro especial y una edición especial de la receta. En la medicina privada persiste el modelo de receta autocopiativa que el médico debe rellenar en papel, sin enmiendas, con la información del paciente, DNI, año de nacimiento, medicamento, dosis, envase y número de dosis, dosis diaria, periodo de prescripción e identificación del/la médic@ colegiad@ y firma.

Todos estos datos son relevantes y razonables, pero en ocasiones pueden ponerse en contra del paciente si un 3 parece un 8 ó si la letra del médico deja algo que desear e interpretarse como un plural lo que es un mero fallo de escritura.

Aunque la prescripción tiene un techo de cuatro envases, muchas veces se ve limitada por la prescripción máxima para tres meses.

A esto a veces se añade, la dificultad en periodos vacacionales en los que los pacientes cambian de comunidad y tienen serias dificultades para encontrar un terapeuta que le facilite estas prescripciones o incluso una farmacia en ese mismo territorio que le suministre el medicamento con una receta expedida en otra Comunidad, así que intentan hacer acopio de la medicación que usan de manera crónica.

El control es necesario, imprescindible, pero creemos que debería habilitarse un mecanismo flexible que permitiera solventar éstas y otras contingencias.

Que el profesional médico tenga que gestionar la consecución de un talonario de estas recetas en su colegio de médicos supone una especie de penalización para la realización de una actividad completamente normal e imprescindible para su trabajo, y una cierta discriminación para algunos colectivos como MUFACE, ISFAS o MUGEJU, para los que la atención sanitaria esta delegada fuera de los centros públicos.

Sorprende el rigor en el control de este grupo de medicamentos y la facilidad con la que se pueden conseguir otros que, mal empleados, pueden generar problemas graves como el paracetamol (sin querer satanizar al paracetamol), o que medicamentos como las benzodiacepinas, neurolépticos, antidepresivos, anticoagulantes, hipoglucemiantes y un largo etc.,  no precisen ese mismo control.

Quizá la solución pasara por una generalización de la receta electrónica para todos los pacientes y en todos los ámbitos asistenciales; la generalización de la fórmula de la medicina pública, con una edición especial de la misma receta; o un sello añadido a la receta normal. Esperaremos que el tiempo y la insistencia anime a las autoridades a revisar el procedimiento.

(*) Este post es fruto de la colaboración con la Dra. Ana Moreno, Máster en Cuidados Paliativos, y fue redactado tras un más que interesante intercambio de puntos de vista, del cual le estoy muy agradecido.

 

Otras interesantes publicaciones del Dr. Alfonso Vidal:

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La vida es sueño… y dolor

 

1 Comment

  1. En México la situación es similar. Se pueden prescribir opiáceos potentes hasta por un mes en una receta con código QR que va por triplicado. El recetario se tramita ante la autoridad sanitaria (COFEPRIS) y son pocas las farmacias que la surten.

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