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Microbiota

Posted by on Abr 17, 2017 | 0 comments

Microbiota

La vida, ese fenómeno de difícil explicación filosófica, nos plantea cada día nuevas incógnitas. A pesar de las dificultades que la ciencia tiene para encontrar vida fuera de nuestro planeta, paradójicamente, en nuestro Mundo no estamos solos en ningún momento.

La vida, en sus diversas manifestaciones, y el ser humano como principal promotor, ha colonizado todos y cada uno de los espacios terrestres: desde las profundidades abisales de los océanos a las más altas cumbres, desde los desiertos mas áridos a las selvas las frondosas, seres vivos de todas las condiciones nacen, crecen, se reproducen y mueren. Pero hay que considerar que este hábitat tan diverso incluye el interior de otros seres.

En nuestro organismo conviven miles de millones de pequeños seres unicelulares, microbios, bacterias, hongos y otros pequeños invitados, colonizan el exterior e interior de nuestro cuerpo y en gran medida comparten nuestros recursos. Se calcula que más de dos kilos de nuestro peso corporal lo constituye esa numerosa flora.

Esta relación con nuestros inquilinos es un pacto no escrito, en un porcentaje muy amplio de los casos, amistoso, de beneficio mutuo, facilita la digestión, la degradación de residuos y nos protege de la colonización de otros microbios dañinos. El tipo de gérmenes que habita nuestro intestino se ha relacionado con los hábitos de alimentación y el entorno, dándose al huésped el papel protagonista en la gestión de la relación entre gérmenes y humanos.

Diríase que el humano, con su comportamiento, con el uso de alimentos ricos en residuos o la ingesta de productos fermentados como el yogurt, el vino o el pan, condicionaría un hábitat propicio o no para según qué especie de pequeños compañeros.

Sin embargo, uno de los aspectos más novedosos de este convenio es la manera en la que esta microbiota influye, no ya en el funcionamiento más o menos automático de nuestro organismo, sino en el comportamiento, más aún, en la manera en la que nosotros somos o tomamos decisiones.

Siempre hemos pensado que teníamos libre albedrío y que, en todo caso, nuestras decisiones podrían estar influidas por causas macroscópicas, la climatología, los hados o la influencia de otros seres humanos, etc. Todas ellas perceptibles, lo bastante grandes como para imponerse a nosotros y, en todo caso, previsibles o sujetas a ciclos o fenómenos macroscópicos.

Los  recientes hallazgos sobre estos pequeños seres hacen cada vez más evidente que esos gérmenes que conviven con nosotros tienen mecanismos para influir en nuestro comportamiento y hacernos afines a determinadas cosas, modulando nuestras emociones y empujándonos a ciertas acciones que, en todo caso, benefician a esos gérmenes.

La convivencia con otros seres siempre requiere unas normas, ya sea una sociedad, una empresa, el ámbito familiar o la digestión.

Pero resulta fascinante encontrar que la forma en la que percibimos la realidad, nuestros gustos y quizá el dolor, puedan estar influidos por los gérmenes de nuestro intestino y tal vez, con un trasplante de la flora de sujetos de otras características, podamos cambiar nuestra forma de ser o de pensar.

Algunas de estas suposiciones ya están en fase de demostración en animales de experimentación y como siempre el horizonte se plantea fascinante, y quizá permita explicar y corregir comportamientos patológicos, aunque se abra la incertidumbre del control de la humanidad simplemente cambiándoles la microbiota con pequeños aditivos en la dieta.

 

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