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Sagas médicas

Posted by on Mar 13, 2017 | 0 comments

Sagas médicas

La medicina, como muchas otras profesiones, supone un enorme esfuerzo de formación y dedicación. Sigue constituyendo un grado de seis años en España para ser médico general, aunque para completar la formación es necesario optar a una prueba nacional para, después de tres, cuatro o cinco años, se pueda ejercer como especialista.

Al trabajo, en la medicina pública o privada, se accede como contratado, mediante una entrevista de selección con los responsables del centro correspondiente, Jefes y Gerentes, aunque para optar a la plaza en propiedad en la medicina pública, es necesario superar una oposición que supone acreditar además méritos y superar un tipo de prueba escrita.

Tanto una como otra, precisa una continuidad y dedicación que muchas veces trasciende los límites de una vida y se trasmite de padres a hijos: quizá la vocación, quizá la herencia o, a veces, el negocio.

Y es que la salud, la medicina, es una profesión en gran medida hereditaria, que impregna las familias que se constituyen alrededor del trabajo, formándose parejas de médicas y médicos, enfermeros y médicas, médicos y enfermeras, etc. Y así sucesivamente. Esto tiene que ver con lo que pide este trabajo de atención y que engendra mucha endogamia en las relaciones que, de otra manera, casi serían imposibles.

Tal vez las nuevas herramientas digitales vengan a solventar la dificultad de encontrar pareja fuera del ámbito laboral, o quizá permita encontrarlas en el ámbito sanitario, pero de centros a distancia del que trabajamos. El tiempo lo dirá.

Precisamente por ello han venido surgiendo sagas familiares de médicos dedicados, en muchos casos, a la misma especialidad o a otras complementarias, que se van transmitiendo el secreto del oficio de boca a boca, como los artesanos de la Edad Media.

¿Por qué se produce esto?, ¿que lleva a los hijos a seguir los pasos profesionales de los padres? Puede que sea la costumbre de ver libros o instrumentos accesibles todos los días desde la cuna; puede que la admiración o emulación de un modelo humano o profesional, como un ídolo o espejo donde reflejarse, mirándolo como se siguen las figuras de los santos o del cine; puede que sea una forma de consolidar una posición profesional o laboral con una referencia dentro de la empresa que facilite el acceso y la estabilidad laboral merced al parentesco que se tiene con gente de dentro…¡No sé, como no lo he vivido…!

Sea cual fuere la causa, igual que en la época de los artesanos, la medicina está trufada de sagas que transfieren de padres a hijos la tradición del conocimiento y la dedicación y mantienen viva la llama de la profesión y sus nombren se convierten casi en una marca corporativa de calidad.

Fernández de Vega, Gómez Ulla, López Ibor, Antolí Candela, etc., son algunos de los ilustres apellidos que aún tienen protagonismo en la escena sanitaria nacional, jalonando un largo elenco de familias ilustres.

No parece muy distinta la respuesta de esas familias a las de grandes periodistas, actores, cantantes o ingenieros. Para elegir una profesión es más fácil hacerlo desde dentro, pero parece que esta dedicación a la salud resulta menos contagiosa que la del cine o el espectáculo, y hay muchos hijos o nietos de sanitarios que escapan de la tradición profesional de la familia.

Les confesaré que para mí es un misterio no resuelto aún cual será la dedicación de mis hijos, si bien sospecho que las nuevas generaciones están más atraídas por los oropeles deportivos que por la vocación de servicio que requiere la salud.

 

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