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Ciencia y conciencia

Posted by on Feb 27, 2017 | 0 comments

Ciencia y conciencia

La actualidad alimenta multitud de debates, unos intrascendentes, como los escarceos amorosos de las estrellas del deporte o el peinado de algunos mandatarios, otros trascendentes, como el porcentaje del PIB que se emplea en investigación o en infraestructuras.

Hablamos de forma reiterada de nuestro Mundo, de nuestra Sociedad y de nuestros intereses, como si este posesivo plural permitiera afirmar que hay una comunión de intereses de todos los sujetos incluidos en esos conceptos cuando la experiencia nos dice que las entidades colectivas se constituyen por la agregación de sujetos individuales y que el pegamento que nos mantiene unidos depende de muchas variables.

Por ejemplo, cuando las selecciones nacionales de futbol triunfan surge un enorme espíritu de cohesión nacional que se reduce drásticamente cuando las victorias y el juego se alejan.

Con la ciencia sucede algo parecido. Si hacemos una encuesta sobre la relevancia de las profesiones o las necesidades de la sociedad, la ciencia y los científicos ocupan puestos relevantes. Cuando preguntamos cuál debería ser la prioridad en el presupuesto nacional, si tendría que primar la investigación o si el salario de estos científicos debería equipararse al de otras profesiones más mediáticas, ya no esta tan clara la decisión, sobre todo si esto acarrea un esfuerzo impositivo adicional.

Esto es muy lógico, la investigación necesita una base muy sólida para comenzar, muchos medios, muchos trabajadores solo para comenzar. Si me permiten seguir con el símil, hace falta una cantera de futbol base muy amplia, con grandes instalaciones y muchos deportistas infantiles para conseguir una estrella de primer nivel.

Ni siquiera en el futbol, esta verdad objetiva se lleva a cabo en todos los equipos y ocasiones debido al alto coste y a la escasa rentabilidad en el corto plazo. Lo mismo sucede con la ciencia: hacen falta cientos, miles de investigadores, miles de horas y millones de euros para conseguir algún resultado, sea el que fuere, y aún más cuando buscamos un resultado específico, la solución de un problema concreto.

Para conseguir esto hace falta la otra parte de nuestro título, la conciencia. El término conciencia implica, en sí mismo, estar despierto, saber o reconocer algo por uno mismo, hacer que la información que llega desde los sentidos sea procesada por los centros cerebrales y que genere una respuesta de los éstos y de los sistemas efectores, músculos, huesos, glándulas etc.

La conciencia también puede y debe ser colectiva. Para eso no hay mejor herramienta que la comunicación y, más concretamente, la nueva comunicación que suponen las redes sociales.

Por eso, para conseguir que la investigación trabaje sobre enfermedades comunes como la gripe, crónicas como la artrosis, graves como el sida o la hepatitis, incomprendidas como la fibromialgia, mentales como la depresión o la esquizofrenia, poco frecuentes o raras como el Síndrome de Alport o de Marfán, etc., hace falta atención y dedicación si en verdad queremos hacer progresar la ciencia. Pero para ello hacen falta recursos.

La manera de hacerlo más eficiente es aprovechar las sinergias y los intereses comunes, es decir, hacerlo juntos y coordinados a nivel nacional o supranacional. Esta guerra no es de un hombre, ni de un día. El premio será colectivo, pero el esfuerzo también debe serlo.

En suma, tenemos que gastar más y ese gasto debemos asumirlo solidariamente todos, y cuando digo todos, me refiero a ell@s, vosotr@s, nosotr@s, el/ella, tú y yo. También supone la priorización de según qué gastos a expensas de según qué otros, evitando, lógicamente, la desviación maliciosa de esos fondos y otras formas sutiles de perderlos por el camino.

Si tomamos conciencia de esta realidad, veremos que profesionales, pacientes y familiares, son categorías no excluyentes que nos definen e implican; que el coste de un laboratorio, un reactivo o un congelador es imprescindible para realizar el primer experimento; y que éste le seguirán otros tantos, hasta obtener algún resultado. Las preguntas crecen a un ritmo superior a las respuestas y la mejor manera de contestarlas es con dedicación y fondos.

Una última reflexión: la estadística es una ciencia que nos ayuda a la interpretación de los datos colectivos, nos explica las tendencias y las excepciones, no debe tener sesgo, debe ser neutral. Pero en las Ciencias de la Salud cada caso es particular e importante, debe recibir una atención suficiente. La interpretación de los datos debe hacerse desde un punto de vista científico y humano, contemplando no solo los aspectos sociales, sino también su repercusión.

 

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