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La sonrisa de un niño

Posted by on Dic 12, 2016 | 1 comment

La sonrisa de un niño

Tras la terrible II Guerra Mundial, las naciones del mundo y sus dirigentes, horrorizados por la enorme destrucción y muerte producida en nombre de ciertas ideas y contra las mismas y a favor de otras, decidieron crear un organismo internacional garante de la Paz y la Justicia, que defendiera a los seres humanos y preservara sus derechos.

Para ello se redactó un manifiesto en el que se reconocían, de forma expresa, toda una serie de derechos inherentes al ser humano: fue la Declaración Universal de los Derechos Humanos, publicada el 10 de diciembre de 1948.

Aquel mundo hastiado de guerra pidió a gritos la paz y el reconocimiento de la humanidad como una única entidad a preservar, con independencia de la procedencia, credo, género, edad de los afectados… Todos los hombres nacían libres e iguales.

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Sin embargo, desde aquella declaración y hasta la fecha, prácticamente no ha habido un segundo de paz en este mundo, y eso que todos los años se concede un premio como el Nobel, que reconoce los esfuerzos de personas o instituciones a favor de la Paz, pero no parecen suficientes.

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Ora son los de Corea del Norte y los del Sur; ora los de Vietnam del Norte y el Sur; Angola; Eritrea; Palestina; Afganistán; Iraq; Siria; Balcanes; Congo; Turquía; Libia; Ucrania; etc.

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Cuando en los informativos de turno vemos las imágenes de aquellos conflictos, no podemos dejar de sobrecogernos. El dolor, la muerte, inunda aquellas naciones y rebosa nuestras televisiones hasta llenar nuestros salones y nuestros corazones. Adultos desmembrados, niños huérfanos, mujeres viudas, vagan por las pantallas mientras los periodistas se disculpan por el horror y lo explícito de las terribles imágenes, que solo son interrumpidas por los siete minutos de publicidad y las noticias sobre los deportistas de elite y sus diferencias con el fisco.

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¡Qué mundo este, el nuestro, que teniendo las mejores intenciones, los mejores recursos, la capacidad para llevar a cabo grandes iniciativas a favor del bien común, agota los buenos deseos con vetos de unas potencias sobre otras, cuando el desmán lo provocamos nosotros o nuestros aliados!

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¡Para qué queremos una organización de los derechos humanos, suscrita por muchas naciones, que no tienen pudor en “saltárselas a la torera” siempre que se les antoja y en nombre de las razones que consideren en cada momento!

¿Sirve para algo una declaración de los derechos humanos que no es Universal? ¿Qué se puede hacer cuando ser mujer o tener preferencias o creencias distintas al líder supremo supone la prisión o la muerte?¿cómo actuar ante la barbarie e impunidad de los poderosos?

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Las campañas de apoyo a personas con alteraciones de salud, enfermedades graves, DOLOR,  se basan, y las basamos, en ese reconocimiento expreso de la dignidad humana que nos otorga a todos un reconocimiento, pero ¿cómo podemos defender estos derechos si solo se reconocen en circunstancias especificas?

La vida, la salud, la vivienda, la libertad, la ideología, se reconocen en esta declaración, pero este reconocimiento pasa a ser papel mojado cuando esos niños que quieren sonreír a toda costa, se encuentran sometidos al fuego cruzado de las potencias mundiales y sus respectivos aliados locales.

No parece que ahora, cuando Europa, como paradigma de la libertad, se halla en proceso de revisión y desmembración con la salida del Reino Unido y las críticas a la idea de la Unión; o con el ascenso de Donald Trump y una administración en EEUU más centrada en sí misma; corran buenos tiempos para la universalidad de esos derechos.

¿Qué niños van a sonreír en el futuro? ¿Habrá Niños? ¿Habrá Futuro? ¿serán los niños los nuevos combatientes en esas guerras que nos acechan?

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Mientras la música, las luces y el ambiente navideño inundan nuestras calles e invitan a la navidad y el exceso, a la reagrupación familiar, a la paz, en otros países no es navidad desde hace años y el astro rey solo sale para producir dolor y muerte, mientras los responsables no consiguen ponerse de acuerdo en qué momento y qué condiciones son necesarias para un alto el fuego. Ojalá se hiciera realidad el sueño de la “¡paz en la Tierra a los hombres y mujeres de buena voluntad!”

 

Otras interesantes publicaciones del Dr. Alfonso Vidal:

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Hipocondría

1 Comment

  1. Tienes toda la razón! Un saludo!

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