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Hipocondría

Posted by on Nov 28, 2016 | 0 comments

Hipocondría

Hoy hablamos del miedo a padecer alguna enfermedad o a contraerla a partir de la observación de algún signo o síntoma que se interpreta como premonitorio o diagnóstico de esa enfermedad encubierta. En tiempos, se relacionaba la región subcostal, el hipocondrio, como lugar de los males de estos Pacientes. De ahí el nombre que los identifica.

Moliere, en el siglo XVII, escribió su última comedia “El enfermo imaginario” sobre el particular y su protagonista Argan quería cambiar el destino de toda su familia para emparentarse con los médicos que le ayudasen con sus supuestas enfermedades, cosa que finalmente se subsanó gracias al ingenio y amor verdadero de su hija Angélica y el pretendiente de ésta, Cleanto. Los médicos, con una cierta crueldad y poca ética se preocupaban más del dinero que de la salud del paciente y en el personaje primaba su interés sobre la felicidad de su hija ¡Todo un enredo!

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La enfermedad real y la imaginaria ocupan la vida de muchas personas, algunas célebres por su capacidad de observación o por sus dotes para la investigación. Aquellos que la padecieron, quizá como causa o como consecuencia de la misma o de su personalidad, alcanzaron la relevancia o el éxito profesional.

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Gente como Charles Darwin obsesionado con las palpitaciones, las molestias gástricas y cefaleas, y con su prominente nariz o el dolor en sus manos;  Andy Wharhol, obcecado con su piel y cabello, convencido de padecer cáncer; Howard Hughes, empeñado con los gérmenes, la limpieza de manos y el uso de guantes; Woody Allen, convencido en su mundo lleno de prejuicios morales y religiosos de padecer enfermedades malignas; o el mismísimo Hitler, maniático de las molestias gástricas y la posibilidad de ser envenenado (realmente éste sí estaba enfermo, como sabemos, pero no reconoció bien los síntomas, ni su origen).

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Si analizamos la definición, sobre todo en los tiempos que corren, aquello que aconsejamos los médicos como hábito saludable, léase, la observación, autoexploración y seguimiento, así como la evaluación de los hallazgos, recabando información complementaria para completar su análisis, a todas luces normal y beneficioso para la salud, se convierte en obsesión enfermiza, compulsiva y maniática, esclavizando al sujeto, que no deja de analizar, ni de buscar información y opiniones hasta que algo o alguien confirma las peores sospechas. La mayor parte de las veces sin contrastar ni existir vestigio de cientificidad.

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Este síndrome tiene como variante el que afecta a estudiantes de medicina o residentes, que tienden a encontrar los síntomas de la enfermedad que están estudiando en su propia anatomía o fisiología. Les queda el consuelo de que “su juventud e inexperiencia, se cura con el tiempo”.

La salud es un problema de primera magnitud, llena miles de horas de programación en radios o televisiones, cientos de kilómetros cuadrados de publicaciones escritas, ríos, más aún, mares de tinta y, como no podía ser de otra manera en el nuevo ciber-mundo, miles de TeraBytes.

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Y es que el mundo virtual, los blogs, la bitácoras, las redes sociales, etc., desde las que compartimos esta reflexión, tienen cada vez más peso en esta búsqueda insaciable de información, hasta haber creado o rebautizado el término en cibercondria, acuñado por los investigadores de Microsoft Research, Ryan White y Eric Horvitz: “Como una nueva forma de obsesión de enfermedad con la búsqueda compulsiva de información en las redes”.

Deberíamos partir de varias premisas: la información es poder, para los emisores y para los receptores. Si el paciente conoce, será más fácil preservarse de las enfermedades, realizar diagnósticos precoces o curarse antes siguiendo mejor las instrucciones, al comprender el itinerario de la enfermedad.

Para los médicos, supone una facilitación de su trabajo y una visibilización de su manera de trabajar y así como disponer de un medio que hace más relevantes sus opiniones en un entorno cada vez más competitivo y mediatizado por este tipo de informaciones.

La salud nos preocupa a todos y es labor de las autoridades administrar los conocimientos de forma equitativa y honesta entre quienes puedan necesitarlos, orientando en este océano informativo hacia puertos seguros de conocimiento. El mundo virtual puede ayudar, pero no reemplazar al real, ni suplir la atención directa y personal de los profesionales de confianza a los que podamos acudir.

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Los médicos también debemos ayudar, colaborando en la educación y declarando los conflictos de intereses que puedan presentarse. El Dr. Google no es nuestro competidor sino un aliado útil si se sabe encauzar. No nos parece incorrecto que el esfuerzo de síntesis o de divulgación tenga una compensación, pero esto no debe empañar el objetivo prioritario del bienestar general y la promoción de la Salud.

 

Otras interesantes publicaciones del Dr. alfonso Vidal:

Lupus y Dolor

Medicina precolombina I

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