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Efectos secundarios

Posted by on Oct 10, 2016 | 0 comments

Efectos secundarios

En Medicina, como en otros ámbitos de la ciencia o de la civilización, nuestra principal tarea es la comprensión de los pacientes que se nos presentan en el día a día como enigmas, más o menos complejos.

La presentación de los hechos, de los agentes implicados, de los móviles, los beneficiarios o perjudicados, los testigos de cargo, las pruebas circunstanciales o irrefutables y la aplicación de esa lógica para la reconstrucción de los hechos se puede comparar con un caso de detectives como los que inundan las series de televisión.

Desgraciadamente la vida y los misterios de la salud son más complejos y casi siempre existen consecuencias más severas para los implicados y, muchas veces, daños colaterales. De estos queríamos hablar hoy.

Los medicamentos, los tratamientos, sean médicos o quirúrgicos se realizan con la mejor intención de aliviar, de mejorar o de curar definitivamente una enfermedad. Sin embargo, todos ellos tienen efectos no deseados, los llamados efectos secundarios.

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Los efectos secundarios, efectos indeseables, o secundarismos son aquellos efectos de los medicamentos que no forman parte de las consecuencias terapéuticas para los que se prescribe un medicamento. Por ejemplo, la aspirina se ha utilizado como analgésico antiinflamatorio durante muchos años, sabiendo que se podía acompañar de un efecto que facilitaba el sangrado al interferir la agregación de las plaquetas, necesaria en ese proceso. Lo que fue un efecto indeseable, hoy es quizá el efecto terapéutico más importante del fármaco en cuestión.

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Los efectos secundarios no dependen de la dosis, aunque se puede producir un efecto no deseado, por el empleo de una cantidad inadecuada del principio activo. Así, tomando una dosis terapéutica de una benzodiacepina conseguimos ansiolisis y si usamos más o mucho más una sedación, incluso una pérdida completa de la conciencia o una depresión respiratoria.

La dosis adecuada es el elemento definitorio de un tratamiento que puede transformar una cura en un veneno, igual que una pizca de sal resalta el sabor de un plato y un exceso lo hace incomible. Pero los efectos secundarios de la sal no serían los derivados de su sabor sino del incremento que produce en los niveles de tensión arterial. Y es que también los alimentos pueden tener asociados secundarismos añadidos al efecto nutritivo o al placer gastronómico, como son la obesidad o la hipertensión. Los efectos secundarios dependen de la naturaleza misma del fármaco y pueden aparecer a dosis mínimas, haciéndolos inaceptables para un tratamiento.

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No hay medicamentos mágicos que no tengan estos efectos secundarios. Todos indefectiblemente tienen, como la otra cara de la moneda, su aspecto oculto asociado. Ni siquiera las sustancias tildadas de naturales por estar en plantas o minerales, y vendidas como seguras, precisamente por ser naturales, están exentas de efectos secundarios. Así tampoco algo bueno como el cariño se libra de poder generar problemas.

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Cuando usamos tratamientos, especialmente los de nueva generación, necesitamos conocer perfectamente los efectos terapéuticos y las dosis, pero es igualmente necesario conocer los efectos secundarios porque estos siempre existen. Los analgésicos que empleamos alteran la barrera mucosa gástrica, como los AINES; el metabolismo hepático, como el paracetamol; producen sedación, estreñimiento, náuseas, como los opioides; bradicardia o disestesias como los anestésicos locales; y, aunque podamos usar a nuestro favor el efecto terapéutico y alguno de los efectos secundarios, debemos saber que existen y que, a veces, ese efecto va a hacer intolerable ese tratamiento, como la sequedad de boca de la amitriptilina o la somnolencia del Atarax.

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Todo es cuestión de una correcta selección. Como ya hemos dicho alguna vez, el tratamiento es para el paciente como un traje a medida y está pensado para las necesidades que tenga en su vida, aunque pueda no ser siempre la mejor solución posible, sí debe permitirle desempeñar sus tareas.

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Lo mismo que una cirugía o una punción pueden curar una enfermedad pero generar un daño no esperado y por ello se hace necesaria la información y el consentimiento expreso del paciente.

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Igualmente, cuando las medidas terapéuticas son no invasivas y el paciente las toma por sí mismo en casa, necesitan una información suficiente por parte del médico y del fabricante, lo que constituye el prospecto que debe recoger toda la información relevante y las precauciones y efectos esperables. Estas recomendaciones son cada vez más extensas, y quién sabe si los envases de medicamentos no tendrán que llevar un día un lápiz de memoria con todos los efectos secundarios ¡Veremos lo que nos depara el futuro!

 

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