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Pirámide del conocimiento

Posted by on Oct 3, 2016 | 0 comments

Pirámide del conocimiento

Uno de los rasgos definitorios del ser humano es la curiosidad. Aunque todos los animales, incluso los microscópicos, se dedican permanentemente a explorar su entorno en respuesta a los diversos estímulos fisicoquímicos, el ser humano, por su mayor complejidad y la sofisticación de sus sistemas de exploración e interpretación, ha llevado la curiosidad más allá. De ser una simple respuesta más o menos instintiva con la finalidad casi única de la supervivencia, a un simple ejercicio de erudición, aunque en una mayoría de los casos la supervivencia de la especie también este detrás de nuestros actos.

El conocimiento nos permite saber la composición del universo, su funcionamiento y cómo afecta esto a nuestras vidas. El conocimiento puede ser un fin en sí mismo, pero también es un medio de mejorar nuestras existencias. La relatividad serviría como una erudición científica para salir airoso en una conversación o para crear cátedras en las Universidades, pero también explica el error que los localizadores tipo GPS pueden producir en sus resultados (y si no se tienen en cuenta, alterar la lectura en varios kilómetros). La ciencia explica las cosas para entenderlas y esto modifica nuestras vidas.

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¿Cómo se adquiere el conocimiento? Casi siempre depende de la curiosidad, que es una cualidad individual, pero mejora tremendamente con el método. La manera en la que se adquieren los conocimientos también explica el éxito o fracaso de una idea o incluso una civilización.

La imitación como procedimiento es tan antiguo como el hombre, pero solo permite la interacción de unos pocos individuos sobre otros, y precisa una proximidad física y una continuidad en el tiempo que hace el método útil pero poco eficiente. Así aprendían los discípulos de los maestros en las civilizaciones clásicas, aunque primero la transmisión oral y posteriormente la aparición de la escritura modificó esa transmisión y facilito la generalización de su uso mediante documentos, tratados, libros, convirtiendo la lectura en el vehículo clave de la transmisión del conocimiento.

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Aunque el lenguaje articulado parece ser tan antiguo como el hombre, la existencia de una codificación y de su uso sistemático para la comunicación y para la elaboración de pensamientos probablemente se consolidó con el cambio de forma de vida de los seres humanos: de cazadores recolectores a agricultores-ganaderos.

Desde entonces venimos informándonos unos a otros de lo que hay que hacer y de cómo hacerlo, de nuestras pensamientos y nuestras emociones.

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Sabemos que las palabras se las lleva el viento, por lo que optamos por escribirlas, lo que refuerza y consolida la lección. Más aún, si repetimos el mensaje es mayor la consolidación.

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La sucesión sigue si hacemos las tareas aprendidas y se completa si explicamos a otros cómo se realiza. Con lo que cerraríamos el círculo, llegando a la conclusión que la mejor manera de aprender es enseñar, una paradoja en los términos, pero que es cierta en la realidad, pues no hay personas más abiertas a aprender que aquellos que se dedican a enseñar, pues conocen los límites de su ciencia y también de sus propias personas. Cada pregunta que se responde genera a su vez nuevas preguntas en una cadena aparentemente inagotable, por lo que todos los esfuerzos de mejora de la transmisión del conocimiento son pocos.

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El paradigma de la lectoescritura está actualmente en entredicho con las nuevas herramientas de comunicación. La lectura o escritura pueden llegar a ser reemplazadas por la inmersión en realizad virtual, en escenarios simulados explicados en tiempo real. No parece que el lenguaje vaya a desaparecer, pero quizá la forma de emplearlo sí: algunos experimentos sobre telepatía podrían abrir fascinantes posibilidades hoy por hoy imposibles.

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Mientras llega el futuro, sí que podemos emplear en este presente las herramientas clásicas, el lenguaje oral y escrito como vehículo del conocimiento y también las herramientas audiovisuales telemáticas o virtuales (si podemos ensayar una cirugía sobre un maniquí electrónico, simulando situaciones críticas podremos repetir el entrenamiento muchas veces y evitarle al pobre ciudadano el aprendizaje sobre su propia carne).

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La pirámide del conocimiento se debe construir sobre la sólida base de la experiencia, pero con el horizonte de las estrellas en su edificación.

 

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