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Desde la Primera Guerra Mundial hasta la Era Biónica: La sorprendente historia de las prótesis – Parte I

Posted by on Sep 16, 2016 | 0 comments

Desde la Primera Guerra Mundial hasta la Era Biónica: La sorprendente historia de las prótesis – Parte I

La gente lleva mucho tiempo soñando ser más lista, fuerte y rápida. Pero ahora parece que las tecnologías más avanzadas están aquí, o en desarrollo, y que realmente podrían mejorar nuestras capacidades físicas y cognitivas. En los Juegos Paralímpicos, los corredores irán dando saltos por la pista con hojas de metal hechas para correr. Los estudiantes están tomando “drogas inteligentes” y usando dispositivos para la mejora cognitiva con el fin de conseguir mejores resultados académicos.

Estos recientes avances en ciencia y tecnología han llevado a muchas discusiones éticas en el terreno de la mejora de los seres humanos, dando la impresión de que estamos en el punto de definición de una era, una en la que la misma definición de lo que es “humano” están siendo cuestionado. Pero estos asuntos sobre la mejora del ser humano no son nuevos. Considera, por ejemplo, el diseño y la producción en cadena de prótesis hace 100 años.

Miles de soldados volvieron de la Primera Guerra Mundial con graves discapacidades físicas, ingenieros, médicos y políticos tuvieron que encontrar la manera de permitir que los excombatientes volvieran al mundo laboral. Alemania y Francia lo hicieran mediante la producción en masa y distribución a gran escala de prótesis. El debate público sobre los beneficios de la producción en masa de prótesis fue tan intenso en Europa, y ver a la gente con prótesis tan habitual, que algunos historiadores hablan de la aparición de una figura simbólica en los años de entreguerras: el “homo prostheticus”. Mucha gente tenía la seguridad de que una nueva generación de prótesis permitiría a los amputados volver a sus vidas laborales, y quizá incluso hacerlas más productivas que antes.

Un granjero, lisiado en la guerra, listo para volver a su trabajo anterior

granjero-lisiado

Un folleto publicado por la Cruz Roja en 1918, acertadamente titulado “Reconstruyendo al Soldado Lisiado”, muestra varias imágenes de amputados luciendo sus prótesis adaptadas a modo de herramienta. Su autor es optimista, afirmando: “¡No hay más lisiados!” Otro artículo con el nuevo enfoque hacia las prótesis, publicado en un periódico brasileño en 1918, llegó incluso a sugerir que gracias a los avances científicos de la nueva era un hombre se podría convertir en un “super-homen” – superhombre.

¿Superhombres?

Las prótesis desarrolladas y producidas masivamente durante el periodo de entreguerras no pretendían imitar la anatomía del cuerpo humano, si no que fueron concebidas para funcionar como herramientas. El ingeniero francés Jules Amar fue una de las principales figuras detrás de este nuevo enfoque. En 1917, sostenía que el propósito de una prótesis no era el de “sustituir” el brazo o la pierna amputada, si no realizar una función específica. La prótesis podía en efecto “copiar” la anatomía natural del cuerpo humano, pero no debería de ser “esclavo de la naturaleza”.

Pero Amar también reconoció que la estética a veces es importante. A un vendedor, por ejemplo, se le espera que tenga buena apariencia. Debería tener las dos manos, incluso si no puede coger nada con ellas. Por esta razón, las “prótesis científicas” que desarrolló Amar venían con otros acoplamientos, dependiendo de la tarea a realizar. Sin embargo,  fue suministrado con una mano de madera que se podía encajar dependiendo del contexto social: la mano de madera no era necesaria en las factorías, donde la función estética del cuerpo humano es irrelevante y otras herramientas eran más prácticas.

La propuesta funcional de Amar fue adoptada en Alemania más adelante donde el ingeniero Georg Schlesinger fue responsable de la supervisión de la producción en masa y la distribución de las prótesis a un amplio contingente de hombres lisiados. Schlesinger argumentaba que mientras la prótesis funcionara como un brazo humano, no importaba la apariencia que tuviera. El folleto de la Cruz Roja también dejó este punto bien claro. En la leyenda de la imagen se puede leer: “El brazo de trabajo está diseñado con fines prácticos – no por la apariencia”

brazo trabajador

Schlesinger  estaba tan entusiasmado con las prótesis del periodo de entreguerras que intentó convencer a los posibles empleadores de que el “homo prostheticus” era en realidad mejor que el hombre sin mejoras.

 

Fuente: www.iflscience.com

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