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Soporte vital

Posted by on Jul 11, 2016 | 0 comments

Soporte vital

El hombre, desde su aparición sobre la Tierra, viene enfrentándose a sus limitaciones con la intención de perpetuar su estirpe. De ser una especie débil, vegetariana, recolectora y alimento de los depredadores, ha pasado a ser el máximo consumidor de recursos, administrador de las vidas de todas las especies, incluyendo la suya propia.

La inteligencia y la capacidad de aprendizaje y de creación de soluciones innovadoras a los problemas, han ido reduciendo las grandes limitaciones que por nacimiento tenemos los seres humanos.

No obstante hay todavía retos y fronteras que aún no han sido superados. El envejecimiento y la muerte siguen siendo los límites contra los que no se ha conseguido una victoria.

El conocimiento del proceso de envejecimiento, relacionado con la pérdida de capacidad de regeneración celular, con la acumulación de radicales libres de sustancias de degradación metabólica, de pérdida del agua intrínseca de los tejidos, aboca a un deterioro progresivo e inexorable. Se ha conseguido alargar el plazo, mejorar la tolerancia y evitar muchos de los factores acelerantes con medidas higiénicas, alimentación, control de elementos tóxicos o sobreesfuerzos innecesarios.

Pero, ¿y la muerte? Como cantan los legionarios, puede que la muerte no sea el final, pero no conocemos nadie que haya vuelto de aquel reino para contarnos cómo es. Lo único que hemos conseguido es rescatar justo en la frontera y retrotraer algunos de los procesos de otra manera irreversibles.

La reanimación cardiopulmonar es una disciplina relativamente joven en el ámbito de la medicina, no por falta de interés o de candidatos para realizarse, sino por falta de conocimiento y de capacidad de realización.

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Desde que Safar,  Kovenhoven, Jude o Knickerbocker, los pioneros de la reanimación, dedicados por interés y también por su experiencia personal trágica (la hija de Safar falleció sin remedio al no poder ser reanimada durante una crisis asmática) hasta la actualidad, se han dado pasos muy importantes tanto en el conocimiento como en la generalización de la atención inmediata a las víctimas de paros.

Mary Shelley anticipó, con el Dr. Frankenstein y su criatura, algunos de los mecanismos que hoy en día empleamos de forma habitual aunque sin necesidad de castillo, tormenta o profanación de tumbas. Sin duda, el siglo XIX fue una época llena de luces y sombras, cargada de ímpetu e inquietud cultural y científica, pero también de prejuicios morales y una cierta desconfianza de la ciencia.

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Actualmente las entidades responsables de la Investigación sobre reanimación se agrupan en el ILCOR (International Liaison Comite of Resucitation), participando organizaciones de todo el mundo, como la AHA y el ERC (European Resucitation Council) en Europa.

Cada cinco años se reevalúan los protocolos y realizan las modificaciones que se demuestran eficaces para mejorar la supervivencia de los afectados.

¿Qué debemos hacer?

En primer lugar, aproximarnos con seguridad, descartar un peligro para nosotros y para la victima (tráfico, desprendimientos, tóxicos, electricidad, etc.).

Comprobar si hay respuesta, preguntando, movilizando desde los hombros y valorando si la persona respira, abriendo la vía aérea con la maniobra frente-mentón, mirando, escuchando y sintiendo si hay respiración.

Si no se encuentra la respiración debe activarse la atención de emergencias (112 en nuestro entorno europeo) y pedir un desfibrilador. Debemos asegurarnos de tener ayuda para realizar las maniobras de reanimación, si no fracasaremos con mucha probabilidad.

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La maniobra clave es la compresión torácica, en el centro del tórax, sobre el esternón, con el talón de la mano, enlazada con la otra mano, actuando perpendicularmente al plano del tórax, 5 cm de compresión, no más de 6. A un ritmo de 100-120 por minuto, en ciclos de 30 compresiones, intercalando con 2 ventilaciones.

Las compresiones permiten que el corazón, que es una bomba aspirante impelente, pueda empujar el flujo sanguíneo por todo el cuerpo, mientras recupera su capacidad propia.

Las ventilaciones deben permitir que los pulmones se activen, tapando la nariz y sellando la boca de la víctima con los labios del reanimador, un segundo de ventilación y uno de recuperación, dos veces, total cuatro segundos.

Las maniobras deben sucederse en ciclos de 30 compresiones y dos ventilaciones. Se recalca la importancia de las compresiones y de la continuidad, deben evitarse las interrupciones.

No son maniobras difíciles, pero no se sabe lo complicadas que son hasta que no se intenta hacer de una forma correcta y con una cierta continuidad. Se debe intentar cambiar el reanimador cada dos minutos, para evitar la fatiga.

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De otro lado, la desfibrilación se ha convertido en imprescindible y necesariamente precoz, pues cada minuto que pasa sin desfibrilación en una parada que la precisa, y esto es en la mayoría de las paradas en adulto, desciende un 10% la supervivencia (en 10 minutos sin desfibrilar, la perspectiva de éxito se reduce de forma dramática).

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Los nuevos desfibriladores automáticos permiten una evaluación electrónica del ritmo, sin necesidad de preparación técnica añadida. Estos desfibriladores los puede usar cualquiera, simplemente colocando los electrodos adhesivos sobre el pecho desnudo de la víctima y pulsando el botón de encendido.

El desfibrilador indicará los siguientes pasos. Esa electricidad de la que hablábamos con Frankenstein, es la que facilita la reactivación del ritmo cardiaco, si bien nunca como sucedía con el personaje de ficción.

El titulo del artículo resume la finalidad de todo el proceso: mantener la vida hasta que encontremos una causa reversible o hasta que una ayuda cualificada pueda hacerse cargo de la situación, es la cadena de supervivencia.

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Estas maniobras debería conocerlas todo el mundo: hombres, mujeres, niños, ancianos, etc., porque cuando se presenta la situación toda la ayuda es poca y muchas veces solo estamos nosotros, y cada segundo perdido puede ser fatal.

Una última reflexión. Piense que la víctima pudiera ser Vd. y un buen samaritano, con una formación  suficiente y buena voluntad, podría salvarle la vida ¿No merece la pena aprender estas sencillas técnicas?

 

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