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La verdadera red social

Posted by on Jul 6, 2016 | 0 comments

La verdadera red social

La conciliación de la vida familiar y laboral es uno de los caballos de batalla de la sociedad actual. La familia, la institución más valorada por los españoles, a veces ocupa un lugar marginal en cuanto al tiempo que le dedicamos, sobre todo cuando se alcanza un nivel profesional que nos ocupa muchas horas de trabajo. En esta dualidad “familia-trabajo”, entra un tercer factor: el ocio.

En ocasiones, en nuestra etapa de mayor productividad profesional, cometemos el error de renunciar al ocio, incluso en ocasiones afirmamos que “el trabajo es nuestro hobbie”. Focalizar toda nuestra vida alrededor del trabajo, teniendo a la familia presente, pero relegada en cuanto al tiempo dedicado, y renunciando a cualquier otro tipo de ocio es un error monumental.

Días atrás coincidí con un grupo de colegas recién retirados, grandes profesionales, entregados a la Medicina. Todos ellos hablaban de la difícil transición hacia la vida de jubilado, pero especialmente uno de ellos decía que se había dado cuenta de que todo lo que sabía, ahora no tenía valor alguno y, sin embargo, “no sabía nada de las cosas de las que la gente habla normalmente. No puedo mantener una conversación sobre cine, música, política…Sólo sé hablar de Medicina”.

Así me veía yo hace unos años. La Medicina y mi trabajo, ocupaban casi todo mi tiempo. Mi familia, que poco a poco iba creciendo, siempre estaba en mi mente, era la base sobre la que todo se sustentaba, pero no sé si se lo demostraba como de verdad merecía.

Un día, hablando con mi mujer, nos dimos cuenta de que la situación tenía que cambiar. Necesitaba estar más tiempo en casa, pero también era necesario que hiciese algo distinto al trabajo que me ayudase a ver otros aspectos de la vida. Mi mujer me recordó la pasión por el baloncesto y me emplazó a ver “la página web del colegio, pues algunos padres juegan los viernes por la tarde”.

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Corría el mes de junio cuando bajé por primera vez. El curso casi había finalizado y con él también lo haría esta actividad, pero me animé a empezar. Cuando llegué allí encontré a un grupo de padres jugando al baloncesto y disfrutando.

Sé que muchos de ellos acudieron con un planteamiento similar al mío. Al mismo tiempo, los niños, nuestros hijos jugaban y corrían en las canchas cercanas. Compartíamos ocio y familia, y, al menos durante esas dos horas no éramos médicos, ingenieros, economistas, informáticos…sino que nos sentíamos verdaderos jugadores de baloncesto. Y así sigue hoy la cosa.

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Nadie duda lo que somos durante esas horas, porque todos lo sabemos. Somos baloncestistas que se pelean por un rebote, que se regañan por no bajar a defender, que miran mal al que “no pasa la bola” y que continúan su jornada de ocio tomándose unas cañas durante las que la lucha deportiva se sustituye por una amistad que se ha convertido en verdadera.

Y siempre con nuestras familias presentes, de forma que comparten esta pasión que nos ha hecho ser mucho mejores, no solo con ellos, sino también en nuestra actividad laboral.

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En esta situación, poco a poco, nos hemos ido “viniendo arriba” hasta formar un equipo que compite desde hace varios años en una liga de empresas. Jugamos a última hora de la tarde un día entre semana, hacemos lo imposible por llegar al partido, y esa energía física que nos quita a nuestros cuerpos, quizás algo mayores para ésto,  se transforma  en fuerza psicológica para afrontar la semana.

Vamos a trabajar oliendo a réflex, no contestamos cuando nos preguntan si hemos tenido un accidente porque vamos cojeando, entramos en nuestros despachos con mochilas deportivas, el fisioterapeuta ha entrado con fuerza en nuestras vidas…y somos felices, nos sentimos completos, somos jugadores de baloncesto.

La semana pasada nuestro equipo decidió dar el salto al terreno internacional. Nueve jugadores de baloncesto, que en algunos momentos son altos directivos de grandes empresas de telefonía, informática, del mundo inmobiliario, abogados de prestigio, cirujanos muy considerados…decidieron “hacer el petate” para jugar un torneo internacional de mayores de 40 años frente a escuadras con un pedigrí e historial que, siendo superior al suyo, difícilmente les superaban en entusiasmo.  Compartir habitación, comer a salto de mata, disfrutar de la noche como hace años…y obedecer, no a un jefe, sino a la entrenadora, “la coach Mónica” que es el alma y líder del equipo.

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Esta es nuestra historia, una historia normal, pero también excepcional, porque nos ha ayudado a ser mejores trabajadores y mejores padres desde el ocio, desde una pasión compartida, gracias a la cual formamos una tupida red, que no será cibernética, pero sí es sincera, real y amistosa, una verdadera red social porque, ante todo, somos…“jugadores de basket”.

P.D. Este artículo ha sido escrito por un grupo de amigos en un viaje de ocio: Carlos (quien sugirió el título), Carlos II, Alfredo, Sergio, Jesús, Juan, José Luis, Ángel y José Luis II.

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