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30 años no es nada

Posted by on Jun 27, 2016 | 0 comments

30 años no es nada

Decía el viejo tango “Volver”, compuesto por Alfredo Le Pera y Carlos Gardel, e interpretado por este último, que “…20 años no es nada”. Esta letanía, se ha convertido en el himno de la nostalgia para muchas generaciones y nos permite introducir, como excusa, el tema de nuestra reflexión de esta semana.

La razón del título está es el trigésimo aniversario de la promoción de licenciatura de Medicina de la Universidad complutense en este año. Los que fuimos jóvenes e inexpertos Licenciados nos hemos transformado, probablemente muy a nuestro pesar,  en los elementos centrales de muchas organizaciones sanitarias, sean Servicios asistenciales, Departamentos docentes, equipos de gestión, de empresas de salud, hospitales, compañías de aseguramiento o mutuas.

Como si de una encuesta se tratara, representantes de todos los estamentos, pero del mismo segmento de edad, nos reunimos para semejante acontecimiento.

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Reencontrarse con amigos y compañeros de fatigas después de tanto tiempo siempre es intenso. Sabíamos que nos encontraríamos con gente que conocimos y con la que compartimos muchos momentos pero, después de 30 años, podían ser unos perfectos desconocidos. Todos veíamos caras muy familiares, muy parecidas a las de amigos que conocimos, pero que podrían ser sus padres.

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Tras unos momentos de sorpresa y quizá de zozobra, detrás de esos rostros serios, maduros, con las nieves del tiempo plateando sus sienes, cargados de experiencia y sentido clínico, descubrimos a aquellos chavales llenos de ilusión;  y la complicidad primero, y la risa después, inundaron los salones de la celebración.

¡Cuánto ha cambiado nuestra sociedad! Aquella España de los 80, con una Democracia recién estrenada, construyendo la estructura de las normas de convivencia, llamando a las puertas de la Comunidad Europea, la España de la Movida, de Naranjito a nuestros tiempos de desarrollo y crisis de la última década. Nosotros estuvimos allí y vimos la eclosión cultural y científica de una sociedad encorsetada durante décadas, aquella euforia generó mucho talento y también tuvo el coste de la pérdida de muchos de sus miembros en la vorágine del progreso, de las libertades y de ciertos excesos…

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El Baby Boom del que fuimos hijos, igual nos facilitó encontrar compañeros de juego en calles o parques, pero incrementó la dificultad para acceder a los estudios de licenciatura o de formación especializada, por la gran masificación. Aprendimos a esforzarnos y a valorar ese esfuerzo y gracias a ello tenemos los frutos de hoy.

Sin duda, nuestra generación ha sostenido y sigue sosteniendo nuestra sociedad; incluso, en estos días se dice que será la que decida quien gobierne este país los próximos años, supongo que con permiso de todos los demás actores que también tienen voto y, desde luego, todo el derecho.

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Nuestra generación creció asumiendo ese esfuerzo de convergencia a Europa, aprendiendo inglés e informática aplicada a nuestros respectivos ámbitos profesionales e intentando demostrar que el Sur también existía y que no tenía nada de qué avergonzarse.

Ahora creo que podemos sentirnos orgullosos del trabajo, de la Unión Europea, del programa Erasmus, de nuestra Sanidad modélica o de las infraestructuras;  y esperanzados en que sabremos dar respuesta a los retos que nos planteé el futuro, no solo por nuestra formación, y nuestro talante sino también, y aunque nos pese, a veces, por la experiencia acumulada.

Nosotros sí que”hemos visto cosas que otros no creerían” y debemos evitar que otros cometan nuestros mismos errores y que nuestra experiencia sirva para las próximas generaciones y no “se pierda como lágrimas en la lluvia”.

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Aunque esta es mi reflexión y mi generación, el contenido es extensible al devenir de las generaciones. Nuestra especie ha progresado a base de acumular experiencia y depurarla para su uso diario, sea para hacer fuego o para hacer diagnóstico ecográfico o dosificar opioides o antimitóticos.

Mi cariño a estos compañeros, mi respeto y admiración a estos ciudadanos modelo, contribuyentes, padres y madres de familia, profesionales ejemplares. Espero que podamos celebrar las bodas de oro con ilusión y una razonable salud ¡A por los 50!

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Un comentario final para aquellas y aquellos que ya no nos acompañaran mas en este viaje, echamos mucho de menos sus risas y su presencia en un día tan especial, nos anima pensar que nos reencontraremos con ellos en el siguiente recodo del camino, por el que inexorablemente daremos cumplimiento a nuestro destino.

 

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