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Enfermedad y filosofía

Posted by on Abr 8, 2016 | 0 comments

Enfermedad y filosofía

Una enfermedad grave es una gran calamidad. Es desagradable, violento, aterrador y doloroso. Si es peligrosa para la vida, se requiere que la persona enferma y sus seres queridos esten preparados para enfrentarse a la muerte. La enfermedad causa dolor,  ansiedad, incapacitación; limita lo que la persona enferma puede hacer. Se puede llevar una vida corta, detener los planes, y separar a las personas en vida, se suspende el flujo previo de la actividad cotidiana. En resumen, la enfermedad es casi siempre desagradable, y debe ser soportada, ya que también es inevitable.  “Le debemos una muerte a la naturaleza”, como dijo Freud.

Pero la enfermedad también tiene poder revelador. Empuja a la persona enferma hasta el límite y revela mucho acerca de nosotros, cómo vivimos, los valores y los supuestos que sustentan nuestra vida. La enfermedad también puede proporcionar tanto motivación como instrucción filosófica, señalando nuestros hábitos y suposiciones, y ponerlos en tela de juicio. Por lo tanto debemos considerar la enfermedad como una herramienta filosófica legítima y útil.

¿Qué clase de una herramienta filosófica es la enfermedad? En primer lugar, la enfermedad revela aspectos de la experiencia corporal con una fuerza tremenda. Nos muestra la fragilidad y el fracaso de la carne, revelando dimensiones de la existencia humana que son tácitas y sorprendentes. Por lo tanto, la enfermedad es una oportunidad para reflexionar sobre la naturaleza de la existencia corporal, sus límites, y cómo condiciona nuestras vidas.

En segundo lugar, la enfermedad es una parte integral de la vida biológica y por lo tanto se debe tener en cuenta al considerar la vida humana, los valores, el sentido y los acuerdos sociales. Todos estamos destinados a morir, y la mayoría de nosotros enfermará (o estamos enfermos) en el proceso. Esta es una característica importante de la vida humana quela estructura y delimita.

En tercer lugar, la enfermedad tiene lo que se llama un “efecto de distanciamiento”. Nos retira de hábitos anteriores, rutinas y prácticas, que se hacen imposibles en la enfermedad, y nos obliga a reflexionar sobre los hábitos y prácticas. La enfermedad puede destruir las expectativas que tenemos sobre nuestra vida, como suposiciones acerca de cuánto tiempo podríamos vivir y lo independientes que deberíamos ser, y de esta manera revela los valores que damos por sentado, muchos de los cuales sólo se articulan de forma explícita cuando uno enferma.

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La vida reflexiva

En resumen, la enfermedad nos lleva a cuestionar la forma en que vivimos, ¿por qué vivimos como lo hacemos, y cómo podría continuar para hacer algunas cosas dentro de las limitaciones de la enfermedad?. La enfermedad es un desafío, una demanda, que requiere una respuesta reflexiva. La enfermedad cambia radicalmente nuestra relación con nuestro cuerpo, el medio ambiente, y el mundo social.

Cambia nuestra actitud hacia el tiempo y el futuro. A menudo nos obliga a considerar lo que es importante y lo que es trivial. Nos puede proporcionar más claridad y precisión, y esto nos puede llevar a valorar cosas que antes estabamos demasiado ocupados para darnos cuenta. Como tal, la enfermedad puede despertar la reflexión de la persona enferma, simplemente forzando el cambio de esa persona. Esta reflexión es, simplemente, filosofar.

Así que, para mí, la enfermedad es una forma única de filosofar. Normalmente pensamos en filosofar como una actividad elegida, no es algo que se puede forzar a alguien. Pero en el caso de la enfermedad, el enfermo se ve inmerso en una gran incertidumbre, angustia, incapacidad, y ansiedad pueden llevar a esa persona a hacer preguntas filosóficas acerca de la justicia, la suerte y la desgracia, la autonomía y la dependencia, y sobre el sentido de su vida .

La enfermedad es una invitación a filosofar que llega de forma no deseada, causando estragos en una vida ordenada, y que lanza al aire muchas de nuestras suposiciones e ideas acerca de lo que nuestra vida puede y debe ser. Como tal, puede ser una herramienta filosófica eficaz que puede producir importantes conocimientos. La enfermedad puede llamar a los métodos más radicales y personales de hacer filosofía. Puede afectar a las preocupaciones filosóficas de la persona enferma. Se dispara la reflexión sobre la finitud, la discapacidad, el sufrimiento y la injusticia. También puede cambiar la urgencia y la relevancia de determinados temas filosóficos.

Por supuesto, la enfermedad no va a hacer esto en todos los casos. Si la enfermedad es demasiado dolorosa o debilitante, no hay espacio para la reflexión. Si el dolor y el trauma son demasiado grandes, no puede haber un “crecimiento postraumático”, como lo llama el psicólogo Jonathan Haidt. Pero en otros casos, la enfermedad puede ser una experiencia transformadora, como lo  define el  filósofo L. A. Pablo. Se puede alterar lo que sabemos y lo que valoramos de manera que cambien profundamente nuestra vida.

 

Fuente: www.theconversation.com

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