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Dolor postoperatorio

Posted by on Feb 22, 2016 | 4 comments

Dolor postoperatorio

Uno de los aspectos más tratados, revisados, comentados, analizados, protocolizados, en el ámbito de la salud, de la atención sanitaria y de la anestesiología, es el dolor postoperatorio.

Hagamos una breve reseña histórica para centrar el problema. Los intervencionismos terapéuticos y sus vestigios podemos encontrarlos en todas las culturas y prácticamente en todas las épocas.

La cirugía intenta resolver, por la mano del hombre (del griego quirus, mano), la desviación de la salud de los seres humanos. Encontramos  entonces que, si la enfermedad y la muerte son tan antiguas como el hombre, la cirugía probablemente también lo sea. El alivio de la enfermedad y el sufrimiento sería la pieza que faltaría en este puzle y no es menos antiguo. Hasta el advenimiento de la Anestesia, no existía distinción entre dolor en la cirugía y dolor postoperatorio, siendo todo un continuum del proceso de recuperación o muerte.

Queda claro por tanto que el problema no es de hoy, entonces ¿por qué sigue existiendo el dolor postoperatorio?

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Como primera respuesta, cabe pensar en la variabilidad interindividual. Cada paciente es un mundo, con sensibilidad especifica y capacidad de recuperación concreta. Diríamos más: cuando definimos un procedimiento, histeroscopia, colecistectomía, craniotomía, artroscopia de rodilla, etc. Realmente conocemos la vía de abordaje y la parte del cuerpo afectada, pero no si la incisión ha sido grande o pequeña, si la cirugía fue corta o larga, y si se afectaron otras estructuras. Esto explicaría también por qué dos cirugías de igual nombre tienen una respuesta distinta desde el punto de vista del dolor.

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Aun hay más variables: la mano del artista es esencial. Un cirujano hábil, con experiencia, va a realizar la intervención de una forma más sutil, más limpia, minimizando la lesión y reducción la afectación de tejidos vecinos no implicados.

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Nos quedaría la participación del anestesiólogo durante la cirugía: el adecuado mantenimiento del paciente durante la operación, controlando no sólo la conciencia, el dolor o la relajación, sino también la respiración y su soporte, el equilibrio hidroelectrolítico, la temperatura corporal y el sistema neurovegetativo.

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Todavía podemos añadir otros protagonistas, relacionados con el traslado de la mesa de quirófano a su cama y las diversas movilizaciones, fijaciones, apósitos, tracciones, que son necesarias en ese camino.

Todo ello nos lleva a entender por qué el problema del dolor postoperatorio sigue coleando. Hay una enorme variabilidad de pacientes, cirujanos, anestesiólogos, personal auxiliar, procedimientos, centros, etc.

Los protocolos, guías clínicas, criterios generales, orientan la atención que necesita de forma imprescindible un rango de variabilidad adaptable a cada paciente. Es muy relevante hacer el traje a medida, lo que a veces, hace necesario acortar o alargar las piezas estándar de los patrones preparados y además, probar.

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Lo que sí sabemos con certeza es que la cirugía produce dolor y que este dolor persiste después de concluirse, por tanto, es elemental aplicar tratamientos que se adecúen a la necesidad específica.

Siguiendo este razonamiento, los médicos responsables deben asumir esa atención. No basta con la consabida etiqueta, analgesia si dolor. Debe pautarse siempre. Y en segunda intención: pautarse una analgesia de rescate si más dolor. Pero además, debe haber un plan C si esas dos primeras medidas son insuficientes, es decir, debe existir una adecuada coordinación de la atención y resolución de problemas, sea con el dolor, con la tensión arterial, la dieta o el ritmo intestinal.

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No es aceptable en nuestros días, que los pacientes sufran porque sus médicos solo se dediquen a operar o no hayan recibido formación durante la carrera. El paciente debe tener una atención correcta y, si no es ese profesional, debe estar definido quién y cómo.

En muchos centros existen equipos de Atención al Dolor Agudo, que supervisan la atención y amplían su abanico de prestaciones a sistemas de perfusión inteligente, controlados por el paciente, PCA, o bloqueos analgésicos centrales o segmentarios, epidurales o radiculares, que aportan un plus de calidad y confort.

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Una mención especial al abnegado colectivo de enfermería, verdaderos Ángeles de la Guarda de los pacientes, que soportan la presión del sistema, la demanda de los afectados y un trato no siempre correcto de los facultativos. Sin enfermería, que da la continuidad en la asistencia hospitalaria, el tratamiento del dolor sería una utopía.

Otras interesantes publicaciones del Dr. Alfonso Vidal:

Epónimos

Radiofrecuencia

4 Comments

  1. Excelente publicación!

  2. Es un artículo muy interesante y el manejo del dolor en estos pacientes es la analgesia preventiva y no utilizar el término o indicación “por razón necesaria” por qué una vez establecido el cuadro de dolor y la sensibilización es de más difícil control tomando en cuenta que el umbral al dolor es distinto entre pacientes incluso sometidos al mismo procedimiento quirúrgico.

  3. Qué bueno que rescate el desempeño de las y los enfermeros en el tratamiento del dolor. Muchos de ellos, con sus palabras de aliento, acompañamiento y afecto, ayudan a superar tan difíciles momentos

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