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Dolor y Familia

Posted by on Ene 11, 2016 | 0 comments

Dolor y Familia

Transcurridas, felizmente, las fiestas más familiares del año, siguiendo una tradición cultural y en gran medida religiosa, donde las diversas comunidades se encuentran con sus seres queridos, ya sean carnales o “políticos” (lo cual no es un insulto), empezamos en serio un nuevo año.

Y es que la familia viene constituyendo la unidad básica de agrupación de seres humanos desde el principio de la civilización, quizá antes. Los vestigios arqueológicos que se vienen registrando desde hace décadas, así lo corroboran. Los seres humanos se agrupaban en comunidades de intereses con un vínculo sanguíneo y una organización jerarquizada de las tareas. Tanto las actividades de subsistencia (la mayoría), como aquellas otras de relación o no productivas (el arte o la religión) también parece que se realizaban con este patrón de organización social. Incluso la relación con otros, grupos de semejantes, se planteaba en clave de clanes o familias.

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En aquellas familias se compartía todo, dentro de un orden: los alimentos, el refugio y el fuego, las alegrías y, cómo no, las penas. Pero, ya en este tercer milenio, la familia sigue siendo una unidad de referencia en la organización social. Es verdad que la forma de configurarse depende de las peculiaridades culturales, y que en los últimos tiempos hemos asistido a una eclosión de nuevos modelos de relación que ponen en entredicho el modelo tradicional enmarcado en el Portal de Belén. dolor4dolor3

Como unidad básica social también constituye el escenario en el que las patologías crónicas encuentran su acomodo y se desarrollan en el día a día. Esta afirmación no es ninguna novedad para todos aquellos que padecen o tienen en su hogar a alguien con un problema crónico.

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Esta la razón por la que hablamos hoy de este tema, sea la familia del tipo que sea. Siempre que encontramos a un paciente de dolor crónico, no solo tenemos un ser humano enfermo que padece en primera persona su patología, sino que encontramos toda una repercusión social que además de al paciente, afecta a todo su entorno, primordialmente familiar y también por descontado laboral, pero este ámbito merece una atención diferenciada.

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Desde que se presenta un problema de salud, las personas comparten su aparición con su entorno, y su preocupación por el origen, por la gravedad o por las medidas de tratamiento. Cuando nuestros pacientes acuden a consulta habitualmente lo hacen acompañados de los elementos más próximos de su familia: esposas con esposos, madres con hijos, hijas con padres, maridos con sus mujeres, etcétera.

El entorno familiar se ve severamente mediatizado por una patología crónica, cualquier decisión que afecta a la familia debe pasar por el filtro de las restricciones de los padecientes: la dieta sin sal, las grasas animales, los azucares, la lactosa, el gluten pueden marcar los hábitos de vida no solo de un individuo, sino de todo un colectivo familiar. Igualmente, la disponibilidad de un arsenal terapéutico permanente, con las pautas habituales y las de rescate, constituyen un apéndice de cualquier equipaje, ya sea para ir de vacaciones, como para cruzar la calle.

Igualmente, el registro de antecedentes y prescripciones en curso, de citas y pruebas pendientes. No solo hace necesario un esfuerzo de comprensión sino de tolerancia para acomodar la vida de uno a las limitaciones de otro, precisa cambio de hábitos, de agendas, de trabajos y hasta de colchón.

Solo una institución como la familia, basada en el afecto y la comprensión, explica que estas patologías no agoten no solo la salud, sino la capacidad de afrontar el reto mantenido de un problema sin solución. Diabetes, Hipertensión, Dolor crónico, Cáncer, Insuficiencia renal, Ictus, Cardiopatía isquémica, Esclerosis Múltiple, Síndromes cromosómicos o Enfermedades Raras entre otras, son enfermedades socialmente incapacitantes.

A falta de una respuesta social o asistencial más completa, se sostienen por la sociedad civil por mor del esfuerzo continuo, discreto de esas familias abnegadas que ayudan, acompañan, consuelan a los suyos y, muchas veces, en las salas de espera o en las reuniones de asociaciones, a las familias de los otros.

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Una vez más, los sujetos anónimos, individuales, sumados, ejemplifican y orientan a las instituciones en el camino a seguir para una atención integral de patologías como el dolor crónico. Es imprescindible una buena estructura sanitaria de atención, pero también es muy importante un tejido social de apoyo a los enfermos crónicos, así como la solidaridad, la educación y, cuando sea posible, porque siempre será necesario,) el apoyo con recursos públicos.

 

Otras publicaciones que no deberías dejar de leer del Dr. Alfonso Vidal:

La Hora de la Verdad

Caminando contra el Dolor

 

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