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Por favor, no mutilemos

Posted by on Oct 20, 2015 | 4 comments

Por favor, no mutilemos

Reconozco que siempre quise ser médico, pero no llegué a la Odontología, ni a la Cirugía Maxilofacial por vocación. Cuando entré en la Universidad, pronto me sentí cautivado por asignaturas como la Hematología, la Neurología, la Cardiología… Nunca pensé ser cirujano aunque, al final de mis estudios, en el Título podía leerse “Licenciado en Medicina y Cirugía”.

Por entonces sabía más de Medicina, pero de Cirugía más bien poco. Sentí entonces la necesidad de formarme en disciplinas quirúrgicas, pero ¿por qué Maxilofacial? Mi padre era dentista y estaba muy ilusionado con la idea de que me dedicase a esta especialidad en particular. Supongo que aquello pesó bastante.

Hoy día no me arrepiento en absoluto, pues descubrí una parte de la Medicina que casi no se explicaba en las Escuelas del ramo tradicionales, de manera que hoy volvería a tomar la misma decisión y probablemente las satisfacciones serían equivalentes a como lo son hoy día.

Poco a poco fui orientando mi práctica hacia la Oncología Oro-cérvico-facial, y me acostumbré a ver las mutilaciones que provocaba el cáncer de cavidad oral. Primero por lo que suponía la enfermedad para el paciente y luego por los agresivos tratamientos en los que se tenían que extirpar órganos fundamentales para la masticación, la fonación, la deglución y también para la estética y la vida de relación social.

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Afortunadamente durante años aprendimos a reconstruir los defectos que creábamos, tratando en cierta medida de devolver al paciente todo aquello que había perdido. En algunos casos se lograba casi una restitución “ad integrum” y en otros las cosas no iban tan bien.

Cuando los pacientes superaban su enfermedad, uno de los aspectos que más les preocupaba era recuperar su dentición, ya no para masticar alimentos sólidos, sino por recuperar su capacidad de normalizar su vida desde los puntos de vista estético y funcional. Desde entonces comencé a preocuparme por esta rehabilitación dental del paciente oncológico y me di cuenta de que estaba realmente muy abandonada dentro de la Odontología.

Entonces completé mis estudios con la Licenciatura en Odontología, que me permitió explorar nuevas posibilidades para el tratamiento de mis pacientes, y me rodeé de un equipo destinado a rehabilitar funcional y estéticamente al paciente oncológico que está superando su enfermedad.

Yo, acostumbrado a realizar grandes mutilaciones, como mandibulectomías, glosectomías, maxilectomías, exenteraciones orbitarias, etc., ahora veía más sentido a estas intervenciones al tener la posibilidad de devolverle al paciente lo que la enfermedad y nosotros le habíamos quitado.

Y aquí es donde quería llegar. Desgraciadamente, en este mundo de la odontología al que he llegado algo más tarde, la mutilación se está convirtiendo en costumbre y, en ocasiones, sin una causa justificada. Me explicaré con un ejemplo

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Hace unos meses recibí a una paciente de unos 50 años con una enfermedad periodontal incipiente que afectaba al maxilar superior. Los dientes no tenían movilidad y eran adecuados estéticamente. En el escáner que aportaba, se apreciaba un soporte óseo aceptable, con unos senos maxilares muy neumatizados, de manera que las raíces de los molares tenía una impronta en ellos.

La paciente refería apretamiento diurno y nocturno que no se había tratado a pesar de que había consultado por dolor mandibular. Traía un plan de tratamiento en el que se proponía exodoncia de todas las piezas dentarías, elevaciones de seno, implantes inmediatos, carga inmediata y prótesis definitiva a los cuatro meses, todo ello asociado a un presupuesto con los descuentos correspondientes por pronto pago y regalos adicionales.

Yo, “maxilectomizador nato”, casi sufro un desmayo ante tal mutilación ¿Dónde estaban la profilaxis, el mantenimiento, el empleo de férulas oclusales, etc.,  de los que me hablaba mi padre, estomatólogo clásico? Es solo un ejemplo, pero seguro que ustedes ven muchos como éste todos los días.

Me enseñaron mis docentes, entre los que se encontraba mi propio padre,  que la endodoncia, perno y corona, era todavía un tratamiento predecible para algunos dientes y muelas, y que no era siempre necesario una exodoncia y un implante, como hoy se plantea casi sistemáticamente.

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Como ya comenté en algún post previo, “cada vez más odontólogos, pero también cada vez menos odontología”. Sintámonos orgullosos de lo que somos y, si es posible, rehabilitemos y reconstruyamos, pero por favor, no mutilemos.

 

 

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4 Comments

  1. Discrepo con respecto a su articulo. Los Ofontologos no
    Mutilamos. En la Facultad se nos enseña a prevenir, tratar y curar y no solo a extraer todo para poner implantes. Eso irà en la moral de cada uno.
    Opino que la pregunta esta mal
    Enfocada, no debe ir dirigida a los dentistas ( que provenimos se escuelas masificadas, si) ; si no a los que montan una franquicia dental y ponen trabas al
    Odontologo para que realice su trabajo , o quiere facturar 1000 implantes al mes. La cuestión esta en la franquicia, no en el Odontologo.

  2. No puedes echar culpa a las franquicias, el odontólogo que acepta trabajar ahí elige no ser sanitario y convertirse en empresario perdón no en empresario porque hay muchos con buena conciencia, en saca cuartos, a si es que que no acepte dicho trabajo y no se convierta en saca cuartos.

  3. Yo fui a empastarme una muela y me dijo que tenía piorrea y que los dientes los perdería en 6 meses me pusieron 6 implantes dos dentro del seno los dolores fuertes y me dijo que no volveria a la consulta hoy dia estoy sin diente y grandes dolores en la boca y segun diji el forense no había piorrea y la mayoria de los dientes estaban sanos abandonada y sin diente y mucho dolor en boca las secuelasque de la sinositis crónica.

  4. Hablo como paciente e higienista, y creo que la línea entre paciente/cliente está cada vez más desequilibrada. La educación sanitaria juega un papel muy importante y la gran ignorancia que rodea los pacientes respecto a la salud en general, ya no hablemos de la salud bucodental, es determinante. He visto barbaridades en clínica, odontólogos muy quemados que se aprovechan del desconocimiento del paciente, que juegan a ser Dios mirando siempre su bolsillo. Pero también he visto muy buenos profesionales que trabajan por y para la salud de la gente. Desgraciadamente el dinero cambia todo planteamiento y convierte la salud en negocio. Esa es la verdad del sector odontológico, y otros como el veterinario que también se ven afectados por el mismo contexto. En la mano de los profesionales está velar por la prevención y la conservación de la salud de nuestros pacientes. Siempre hay opciones, y me refiero a aceptar trabajos que inducen a una praxis de dudosa ética.

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