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Unidades del Dolor

Posted by on Sep 28, 2015 | 0 comments

Unidades del Dolor

Hace unos días escuché en la radio el testimonio desgarrador de una paciente que había sido remitida a una unidad del dolor y le daban cita para ocho meses después. No es la primera vez que escucho este tipo de exceso: otro caso que asistió una compañera en una consulta de anestesia tenía una demora de un año.

Pero ¿qué es una Unidad del dolor?, ¿para qué sirve?, ¿por qué hay tanta demora?, ¿qué se podría hacer para resolverlo? Muchos interrogantes a los que trataremos de dar oportuna respuesta desde este blog consagrado semanalmente al dolor.

Una unidad del dolor es un departamento especializado en el manejo y tratamiento de todo tipo de cuadros dolorosos complejos, especialmente aquellos resistentes al tratamiento convencional, o en casos de pacientes especiales que no toleren esos tratamientos o precisen fármacos o técnicas especiales de tratamiento.

Las Unidades del dolor suelen disponer de médicos especialistas en Anestesiología con una experiencia o formación suficiente en el tratamiento del dolor. Esto es, conocimiento de las patologías y sus síntomas, los tratamientos médicos, farmacológicos e intervencionistas. Aunque los anestesiólogos dedicamos nuestra vida a controlar el dolor, la manera de hacerlo en casos de anestesia general o regional para una operación es bien distinta de la empleada para resolver una Lumbalgia o una neuralgia por más que utilicemos aguja, estimulador ecógrafo o radioscopio, y administremos anestésicos locales acompañados de algún otro aditamento.

En una Unidad del dolor que se precie, debe haber especialistas de otro tipo como: rehabilitadores, neurocirujanos, reumatólogos, psicólogos, internistas, enfermeras, trabajadores sociales…Y todos son pocos para un doble fin, aliviar el dolor y, a ser posible, extinguirlo.

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Aliviar el dolor, puede ser un don, pero sobre todo es un oficio, requiere dedicación y medios. Por eso, cuando se plantean los casos que presentábamos al principio, debemos contestar como suelen decir que hacen los gallegos, con una pregunta ¿Qué pretendemos?, ¿qué esperamos?, ¿cuánto estamos dispuestos a dar para conseguir nuestros objetivos?

Si queremos ayudar a una persona como médicos individuales, podemos atenderla en casi cualquier momento: en consulta, en su domicilio o incluso derivarla a otro profesional próximo o remoto. El esfuerzo, las dificultades de planificación, los costes son fácilmente asumibles. Resolver un caso individual siempre es posible.

Si de lo que hablamos es de un 15-20% de la población, demandando una asistencia crónica y compleja, hablamos de un esfuerzo que necesariamente debe ser colectivo.

Es necesaria una planificación, un análisis de los recursos disponible y una planificación de cara al futuro que lo haga sostenible. Por tanto necesitamos conciencia social, de pacientes, administradores y sanitarios. Todos los colectivos mejorando y previniendo las enfermedades o su severidad, mediante formación, autocuidados y gestión eficiente de la información.

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Formando a pacientes y familiares, convirtiéndolos en pacientes expertos. Muchos ya lo son y solo necesitan que alguien les pida que expliquen su experiencia.

Formando a médicos y demás sanitarios, desde primaria a especializada, desde los ambulatorios y centros de salud a las Urgencias, Unidades de cuidados especiales o Urgencias. Esto permitiría atender precozmente casos leves, evitar su agravamiento y seguir casos ya encauzados o controlados.

Priorizando con criterios justos los objetivos de la atención sanitaria y reservando recursos para esta asistencia, se podrían reconvertir unidades o centros en función de la demanda asistencial y emplear todos los recursos disponibles (quizá también los concertables desde la medicina privada) ¡Si una catarata o una hernia pueden concertarse, por qué no un bloqueo epidural o una radiofrecuencia!

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Por el contrario, si queremos esta atención debemos conocer cuánto cuesta y saber si estamos dispuestos a pagarlo, con impuestos, con reducción de los descuentos en los medicamentos, o las formulas que la economía y sus expertos nos puedan aconsejar. No hay nada gratis y aunque optimicemos los costes, algún coste añadido supondría.

Decir que no hay suficientes Unidades de Dolor para las necesidades de la sociedad sería como decir que no hay paritorios para los partos, quirófanos para las cirugías o unidades de diálisis para los enfermos renales. Seguro que una reflexión tranquila y un esfuerzo colectivo puede reducir este desequilibrio entre oferta y demanda a límites razonables. Recordad que todos somos pacientes potenciales y la resolución de los problemas de otros, hoy puede serlo de los nuestros en el futuro.

 

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