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Fármacos y drogas

Posted by on Jul 20, 2015 | 1 comment

Fármacos y drogas

Cuando escuchamos en un entorno coloquial hablar de medicamentos, siempre pensamos en sustancias químicas obtenidas bien de síntesis o bien de la naturaleza, mediante depuración de extractos de plantas, minerales o secreciones de animales macroscópicos o microscópicos.

Estas sustancias se consideran beneficiosas para la salud, aunque es necesario conocer las normas de su utilización para evitar algunos riesgos, toxicidad, sobredosificación u otros usos inadecuados.

Cuando, en esos mismos entornos, hablamos de drogas, casi siempre entendemos sustancias químicas obtenidas de síntesis o de la naturaleza mediante depuración de extractos de plantas, minerales o secreciones de animales macroscópicos o microscópicos. Estas sustancias se consideran perjudiciales para  la salud y en todo caso sabemos que su utilización conlleva riesgos, toxicidad, sobredosificación u otros usos inadecuados.

Perdón por la reiteración. Si contemplamos ambas definiciones, no son tan distintas. De hecho, son prácticamente iguales y, por eso, he hecho la apreciación de entorno coloquial al principio.

Existen muchas sustancias que, a lo largo de la historia de la humanidad, han venido acompañándonos con la intención de depurar nuestros cuerpos o nuestros espíritus de aquellos elementos indeseables o insalubles.

Estas drogas obtenidas de la naturaleza y más o menos depuradas han permitido el progreso de la medicina y probablemente del ser humano, facilitando el acceso a ciertos estados de conciencia “aumentada”, como parece que lo van a hacer los nuevos dispositivos de realidad virtual y videojuegos: las drogas del futuro puede que se introduzcan por medio del nervio óptico y no por vía oral o intravenosa.

La relación con todas estas sustancias ha estado en manos de los elementos designados por la tribu, grupo social o civilización de turno. Tipos más o menos leídos, con una cierta vocación de servicio, con algún afán de notoriedad y capacidad para cometer errores y corregirlos, algo parecido a los médicos de nuestro tiempo. No son ni han sido las sustancias sino su uso y/o abuso lo que las ha colocado en una categoría u otra.

El curare, el peyote, la adormidera, la hoja de coca, el beleño, la marihuana, el tabaco, el alcohol, el iodo, el penicilium, el gas de la risa, la corteza del sauce, el jengibre, la guindilla, etc., se han empleado para diversos fines culturales, sanitarios o espirituales y han dado lugar, muchos de ellos, a líneas de tratamientos imprescindibles para la medicina moderna.

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La hoja de coca, esencial en las culturas andinas, es la madre de todos los anestésicos locales y por ende, de los bloqueantes de los canales de sodio imprescindibles en anestesia, en odontología y en todos los tratamientos locales de dermatología, traumatología, ginecología, urología, oftalmología, cirugía… Sin embargo el uso de la cocaína sigue siendo un azote, por sus propiedades adictivas y por el interés comercial de grupos de delincuentes, traficantes y cuantos les apoyan.

La toxina botulínica, veneno donde los haya, permite hoy en día mejorar distonías musculares a todos los niveles y rejuvenecer los rostros de muchos personajes públicos e incluso apunta a un efecto intrínseco en patología neuropática, aun por demostrar.

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La morfina, piedra angular del tratamiento del dolor, el invento más grande del ser humano según Sydenham, que ha permitido describir, receptores, vías de acción, bloqueantes y el desarrollo de multitud de hijos terapéuticos como el fentanilo, oxicodona o tapentadol, alguna como la heroína introducida con fines terapéuticos , también arrastró al abismo de la adicción, el sida, la hepatitis y la muerte, a toda una generación, en este y en otros países. Su poder adictógeno innegable no empaña su enorme potencial terapéutico con escasos efectos secundarios, predecibles y controlables.

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Por último, el cannabis, que sigue llenando las crónicas de sucesos, las películas de acción y las cárceles, ha demostrado una capacidad de disminuir el dolor, más que notable y hasta ahora no existía la herramienta para controlarlo, evitando su acción psicótropa, quedando reservado por su acción antiemética a ciertos colectivos. La descripción de los mecanismos de acción interfiriendo y disociando los receptores CB1 cerebrales, por parte de investigadores de la Univ. Pompeu Fabra, abre un camino para su inclusión como una nueva herramienta terapéutica para el dolor.

Y el futuro, ¿qué nos depara? Venenos de arañas o caracoles, ingeniería genética o quién sabe si hasta aplicaciones de móviles. ¡Veremos! Hasta entonces, mejor permanezcan al cuidado de sus médicos habituales y no hagan experimentos por su cuenta ¡Recuerden, todos los fármacos, bajo la prescripción de un profesional de la medicina!

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