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El negocio del dolor

Posted by on Feb 2, 2015 | 2 comments

El negocio del dolor

En nuestro mundo globalizado, todos estamos sometidos a unas leyes generales: la oferta y demanda, el mercado, la prima de riesgo, el capital, los intereses, los inversionistas, los grupos capital-riesgo. Todos ellos actores principales de este teatro de los sueños financieros en el que unos y otros tratan de imponer su punto de vista.

El dinero, inventado para facilitar el comercio al reemplazar el valor de los bienes y servicios, ha reemplazado a éstos como fin en sí mismo y como verdadero motor de la actividad. La fluctuación de los mercados en función de ciertos intereses, hace que no tengamos la certeza absoluta del valor de las cosas, de las acciones y, por tanto, de nuestra propia actividad.

El dolor, es una enfermedad, una experiencia sensorial, una elaboración emocional y neural, pero también un gran motor económico, un negocio.

De este negocio vivimos los médicos y los demás profesionales de la salud. Vivimos los profesores y docentes de las escuelas de salud y las facultades. Viven las entidades de promoción de la salud, las clínicas, hospitales y sus respectivos propietarios, las entidades de aseguramiento, las compañías farmacéuticas, las oficinas de farmacia, los transportistas de pacientes y de medicamentos, las compañías de aparatos, tecnología monitores, ecógrafos; los promotores de nuevas tecnologías, weareables, dietistas, fabricantes de alimentos saludables, herbolarios, agricultores ecológicos, gestores, políticos, fundaciones, ONGs, entidades financieras, ………..…..(considérese incluido en la línea de puntos si no se encuentra en la relación anterior)

No pretendo ser exhaustivo en dicha relación, sino afirmar que el dolor es un negocio, genera una actividad económica que permite a muchos vivir de su conocimiento y trabajo. No es bueno o malo en sí mismo. Lo que puede ser reprobable es anteponer a toda costa este interés económico o hacerlo de forma fraudulenta, ofreciendo productos o servicios milagro, no apoyados en el rigor y la experiencia.

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La atención a la salud consume una gran parte de los recursos económicos de los países y nadie discute su idoneidad. Cuando se pregunta a los ciudadanos por los profesionales o instituciones mejor valoradas, la salud y sus profesionales figuran en los primeros puestos. Pero cuando se pide un esfuerzo económico o se factura un producto o servicio, tenemos la tendencia a pensar que es muy caro, que es un abuso (y, puede que a veces, hasta sea  verdad), opinión que no tenemos cuando se nos ofrecen otros costes.

¿Cuánto vale la salud? ¿cuánto vale la vid?, ¿y quién tiene que pagarlo?, y de otro lado, ¿cuál es el beneficio licito de aquellos que estamos manejando un tema tan delicado como la salud, que afecta tan directamente al centro de la personalidad y más en un estado de necesidad como en el que acuden los pacientes a pedir ayuda? Difícil responder, verdad?

Todos tenemos derecho a la salud, y debe preservarse este derecho y la atención general a la salud y en particular al dolor. Todos tenemos derecho a una remuneración digna por nuestro trabajo y nuestros conocimientos, debiendo tratar de ponernos todos en la piel del otro antes de prejuzgar sus fines.

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La atención a la salud no es una cadena de montaje, ni las personas somos maquinas cuando trabajamos, ni cuando necesitamos reparaciones. El dolor y la salud, no deben ser un negocio  aunque necesariamente debemos asumir unos costes económicos razonables y eliminar indeseables y charlatanes de la rueda.

No os podéis perder estos artículos del Dr. Alfonso Vidal:

Mafeisan, el primer anestésico

Lex artis et dolor

 

2 Comments

  1. Comparto en gran medida estas opiniones a las que me permito aportar tres observaciones, La salud es un derecho, pero mantenerla y hacer lo posible por mejorarla es una obligación personal e indelegable, y los costes asistenciales suelen ser sin duda más altos que la prevención.
    Si nos atendemos a la acepción del Diccionario de la Lengua Española, la primera, de negocio “Ocupación, quehacer o trabajo” y no en la que lamentablemente es más popular como de “especulación” seguro que generaríamos menos controversia.
    El conocimiento en medicina no es unívoco, pero también es cierto que ni se actúa enérgicamente ante el intrusismo, o el charlatanismo como también se suele demonizar las prácticas que no se conocen.
    La legislación y su cumplimiento así como la honestidad manifestada en la claridad y coherencia de la práctica en beneficio de la salud son exigencias necesarias.
    Si se me permite añadiría a “Todos tenemos derecho a una remuneración digna por nuestro trabajo y nuestros conocimientos” a la responsabilidad social y aprobación reconocida.
    No deberíamos dejar que el valor de la Salud, en términos de economía y negocio solo esté sometido, en el ámbito de la práctica privada, a lo que quien lo precise esté dispuesto a pagar. Debería existir una ordenación que favorezca el beneficio de quien dispensa el servicio y evite la especulación por la necesidad.

  2. El envejecimiento y la prolongación de la esperanza de vida, junto con un deseo de salud son los factores más importantes en la demanda del tratamiento del dolor en la sociedad española.
    Somos los profesionales dedicados al Tto del dolor los que hemos transformado un SÍNTOMA de una enfermedad en la enfermedad misma; ofreciendo con el tratamiento del dolor unas expectativas de normalidad que no se corresponde con el estado de salud previo del individuo.
    Los medios de comunicación generan unas expectativas ante las tecnologías sanitarias, que nos obligan a ofertar métodos de tratamiento muy caros y tecnificados, de dudosa eficacia o con una relación coste beneficio desproporcionada.
    Las compañías de seguros de salud anteponen su cuenta de resultados al tratamiento del paciente y se olvidan del elevado coste del tratamiento del dolor, pues unos pocos individuos son los generadores del gasto sanitario.
    Actualmente el coste medio del tratamiento de un cuadro doloroso puede estar próximo a 600€ de media y es muy importante saber que no somos los profesionales médicos los q encarecemos el tratamiento.
    Debemos ajustar los precios al riesgo asumido y al ahorro del tratamiento médico, sabemos que actualmente un tratamiento farmacológico estándar puede estar próximo a unos 3000€/año.
    En cada acto médico debe estar presente el respeto por el paciente y los conceptos éticos y morales; entonces la ciencia y la conciencia estarán siempre del mismo lado, del lado de la humanidad.

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