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Síndrome del recomendado

Posted by on Dic 1, 2014 | 1 comment

Síndrome del recomendado

En nuestra profesión, como probablemente en las demás, muchas veces nos encontramos en la necesidad de atender o recibir la atención de otros compañeros o sus familiares. En esa situación, siempre intentamos esmerar nuestra atención, no porque a los demás se les trate peor, sino por aquello de encontrar una voz amiga en un trance más o menos adverso.

La salud sigue siendo uno de los bienes más preciados en la vida y, cuando está en juego, tratamos de tener todos los cabos atados. Por eso buscamos la complicidad de nuestros compañeros e intentamos que aquellos compañeros más acostumbrados sean los que asistan a nuestros seres queridos. En el fondo, hacemos lo mismo que todos, intentamos encontrar la mejor solución y de la mano del mejor experto. Cuando tenemos una avería en el coche, o una gotera en el tejado, o un problema legal, o económico, buscamos la opinión de un experto de nuestro entorno más cercano.

La condición de experto se supone que la otorga la formación, el puesto, la experiencia, la edad.  La confianza es más difícil de cuantificar, depende de la manera de desenvolverse, de hablar, de la física y la química, de la frecuencia de oscilación de las neuronas del cerebro o de algunas desconocidas ondas o emisiones humorales por descubrir. Por eso buscamos la confianza derivada de otros en los que ya la tenemos.

El Dr. Tal es excelente, tiene unas manos excelentes, la Dra. Cual es fenomenal y por ello nos ponemos en sus manos (o ellos se ponen en las nuestras). El resultado, un paciente más con algo más de compromiso personal, pero semejante al resto.

Existe una leyenda negra sobre los recomendados, que suelen generar más complicaciones que los normales. Sinceramente creo que no es así. La atención que reciben esos pacientes es superponible a cualquier otro y la morbi-mortalidad de ellos es semejante. Lo que sí sucede es que somos mucho más conscientes de la historia personal de ese individuo: de su vida, de sus parientes, de su trabajo y de sus expectativas.

Por eso cuando se truncan, nos duelen más, porque nos afectan como profesionales y como afines, porque al tener la conciencia del sufrimiento del paciente y su familia en primera persona, duele. Porque al padecer en primera persona el dolor de la técnica o la terapia ineficaz, sentimos el sufrimiento y la frustración del fracaso. Pero idéntico sentimiento al que sentimos con cualquier otro paciente, pues la técnica es común para todos y no debe haber distingos, ni tratos preferentes.

Por todas estas razones,  hoy quiero dar de corazón un abrazo a todos aquellos compañeros, terapeutas de la salud: Luis, Juana, Cristina, David, Adolfo, Mónica, que sé que habéis peleado sin tregua por sacar adelante a vuestros pacientes, esta semana, como todas las demás.

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Por esta razón quiero abrazar a Bárbara, Natalia, Ana, Mar, Marta, Claudia, María, que habéis visto a vuestra familia rota por el fracaso de un tratamiento, con la duda de si éste era el adecuado y si se podría haber evitado o escogido otro camino.

Nuestro destino no está escrito, pero probablemente el libro, la página y el argumento, está mas o menos configurado, y el desenlace puede suceder en el primer o en el tercer capítulo, pero se acaba produciendo.

Mi agradecimiento y respeto a todos los que son capaces de ponerse en el lugar del otro y que se entregan a su labor o a sus afectos de manera incondicional. Este mundo que nos ha tocado vivir está a salvo con personas como vosotr@s.

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1 Comment

  1. Fantasticamente resumido.
    Nuevamente ha dado en el clavo.
    Los que hacemos muchos recomendados sabemos que muchas veces lo mejor es enemigo de lo bueno.
    Y a veces los malos resultados nos producen dolor.
    Un fuerte abrazo para los que sufren!

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