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Un veneno que cura

Posted by on Sep 15, 2014 | 0 comments

Un veneno que cura

La toxina botulínica, es un extracto depurado del veneno del Clostridium Botulinum, germen anaerobio conocido desde los albores de la Microbiologia por los envenenamientos relacionados con la contaminación de conservas de alimentos.

Las referencias clásicas a este veneno se derivaban de la fulminante e irreversible acción de una sustancia que generaba parálisis y muerte por insuficiencia respiratoria, náuseas y vómitos, en personas que habían ingerido alimentos en mal estado. El típico abombado de las latas contaminadas generado por el gas que producen estas bacterias, se convirtió en un clásico de las recomendaciones de consumo.

Este germen está muy extendido en nuestro medio y precisa una esterilización correcta para evitar su aparición, de aquí que se presentara en las conservas caseras más que en las industriales.

Sin embargo, sea por azar o por serendipia, su capacidad de generar parálisis permanente empezó a emplearse en situaciones de distonía, contracción muscular incoercible o permanente, en cuerdas vocales,  estrabismos, espasticidad, etc.

Su irrupción ha cambiado la vida de muchos de estos pacientes y el algoritmo terapéutico de estas patologías.

Sin embargo, el gran público y el BOOM de su utilización vinieron de la mano de la medicina estética, al poder utilizarse sobre los músculos de la expresión facial, permitiendo un rejuvenecimiento facial al suavizar las líneas de expresión (siempre inferior al Photoshop, por supuesto).

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¡Quién lo diría…un veneno mortal…terapéutico! No es la primera sustancia tóxica que se emplea en medicina: el curare, veneno empleado para la caza por los pueblos precolombinos en Suramérica, permitió un gran avance en la anestesia para conseguir la relajación muscular durante la cirugía; el cornezuelo de centeno, que daba lugar al fuego de San Antonio, como analgésico en las crisis de migraña o para regular las contracciones uterinas; o el Ziconotide, un fármaco que mejora el dolor neuropático se obtiene del veneno de una especie de caracoles marinos.

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Las cosas y las personas, no siempre son buenas o malas de forma absoluta, sino que dependemos de la dosis, del momento o de la vía de administración (y de otras variables) para su catalogación correcta.

De aquí que la toxina haya adquirido un papel relevante en el tratamiento del dolor ¿Cuáles son sus indicaciones?

Desde luego en la espasticidad, en lumbalgias con componente muscular o en las contracturas mantenidas de los músculos lumbares, cuadrados, piramidales, pero también en muchas cefaleas y, no solo, las debidas a tensión, en patologías de la articulación temporo-mandibular, y en alteraciones del sistema simpático, dishidrosis abriéndose un abanico de posibilidades en el manejo de patología relacionada con el músculo liso.

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En suma, ante una paradoja más en nuestra búsqueda continua de soluciones, como siempre, la prudencia y el criterio clínico deben guiar el uso de cualquier estrategia terapéutica evitando dejarnos seducir por cantos de sirena, ¡aunque a veces sea difícil!

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