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¿Cómo afectan las emociones a nuestra alimentación?

Posted by on Jul 25, 2014 | 0 comments

¿Cómo afectan las emociones a nuestra alimentación?

¿Estás por empezar una nueva dieta? ¿Habrá “despedida”? ¿Fuiste asesorada o te la recomendó tu amiga, o tal vez la  leíste en una revista? ¿Se adapta a tus necesidades? ¿Cómo influye hacer dieta en nuestro estado de ánimo?

Nuestras emociones pueden modificar las elecciones alimentarias. Si empezamos una dieta donde se prohíbe todo lo que nos gusta, probablemente no te sientas del mejor humor. Podrás estar más irritable o menos tolerante y ante situaciones de estrés cotidianas, nuestro poco umbral nos lleve al fracaso de la nueva dieta, ya que habitualmente  con las emociones podremos cambiar el patrón de comidas (cantidades y calidad).

Ante una situación de aburrimiento, en general aumentamos la cantidad y perdemos el foco en la calidad de la comida seleccionada. Un trabajo publicado en la revista Appetite, revela que la respuesta de las personas ante una situación de estrés es variada: el 30% de las personas evaluadas manifestaron  un aumento del apetito, en tanto el 50% reveló una disminución de su deseo por comer. Esta respuesta tiene relación con la manera de comer y personalidad: aquellos que habitualmente “viven a dieta”,  ante una situación de estrés, suelen responder con un aumento del apetito y se exceden en las comidas, comparados con aquellos que habitualmente no limitan sus comidas en su vida cotidiana.

Cuando sentimos “Hambre real” (necesidad fisiológica por comer) naturalmente buscamos el alimento para cubrir nuestras necesidades biológicas. Pero si sentimos “Hambre emocional” , buscaremos un alimento o grupo de alimentos en particular.  Al comer, nuestro sistema nervioso genera una respuesta que se asocia con una sensación de calma, y mejora el estado de ánimo por haber consumido aquello que querías comer; pero si estás a dieta con prohibiciones, aparecerá un deseo desenfrenado por comer lo preferido, si no estás lo suficientemente enfocado

Si por otro lado, sentimos tristeza, e ingerimos un alimento “prohibido”, sentiremos culpa y frustración por haber “salido” de la dieta indicada.

Como conclusión, el mejor camino para lograr un peso saludable y posible es modificar los hábitos alimentarios, combinar actividad física, achicar la porción y fundamentalmente entender que si la persona no se siente protagonista de su historia, no estará en condiciones de tomar decisiones correctas cuando planifica sus comidas .

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