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Quistes de Tarlov

Posted by on Jun 12, 2014 | 0 comments

Quistes de Tarlov

Los quistes de Tarlov o quistes perineurales fueron descritos por Tarlov en el año 1938. Son quistes extradurales que se forman entre el endoneuro y el perineuro de la raíz posterior del nervio espinal distalmente al ganglio dorsal o en la unión con éste. A veces envuelven toda la raíz nerviosa llegando incluso a comprimir sus fibras. La localización más frecuente es en la segunda o tercera raíz sacra, aunque también hay casos descritos a nivel torácico y lumbar. En relación con las estructuras óseas, pueden localizarse dentro o próximos al foramen intervertebral.

Los quistes pueden contener líquido cefalorraquídeo aunque no tengan contacto directo con el espacio subaracnoideo. Presentan en su mayoría un mecanismo valvular que permite el paso de líquido cefalorraquídeo al interior del quiste pero impide su retorno, causando una dilatación quística por un aumento de la presión hidrostática. La pared externa está formada por tejido conjuntivo vascular y la interna, por aracnoides lisa. La presencia de fibras nerviosas e incluso de células ganglionares en sus paredes es una característica de los quistes de Tarlov, que le diferencia de los divertículos meníngeos.

Se han postulado varias hipótesis en cuanto a la patogenia de los quistes perineurales. Por un lado, existe la teoría de que son quistes extradurales adquiridos. La presencia tanto de células inflamatorias como de hemosiderina en su interior sugiere un posible origen inflamatorio o traumático. Por el contrario, tenemos la teoría de que son quistes de origen congénito secundarios a una proliferación aracnoidea aunque hasta el momento no hemos encontrado descripciones de quistes de Tarlov en niños en la bibliografía. Se han descrito casos de quistes de Tarlov asociados a anomalías congénitas como son la espina bífida o afectación del tejido conjuntivo.

La prevalencia de los quistes de Tarlov varía en la población adulta entre el 4,6 y el 9 %. La mayoría son asintomáticos, aunque el porcentaje de quistes sintomáticos es muy variable, entre el 1 y el 25 %. El síntoma más común en estos casos es el dolor, que suele incrementarse con las maniobras de Valsalva o con los cambios posturales. Esta exacerbación es atribuible al aumento de presión intraquística por el mecanismo valvular antes descrito. Los episodios dolorosos se describen como lumbalgia, lumbociatalgia, coccigodinia, dolor abdominal, dolor perineal, etc. También se han descrito incontinencia de esfínteres, parestesias o disestesias y paresias. Hay descrito un caso de fractura sacra por insuficiencia ósea debida a la presencia de un quiste de Tarlov. Incluso existe un caso de masa anexal. Como en otros trabajos, nuestros casos aparecieron en mujeres entre la tercera y quinta década de vida.

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En el momento actual, no hay criterios reales para distinguir lesiones sintomáticas de las no asintomáticas, desde el punto de vista del diagnóstico por la imagen. La RM es el método diagnóstico de elección, por la imagen multiplanar que ofrece, al ser menos invasiva y tener una mejor resolución. Para valorar la existencia de comunicación entre el quiste y el espacio subaracnoideo u otros hallazgos indirectos, habría que utilizar contraste. Sin embargo, esta técnica, además del coste, tiene ciertos riesgos y se considera que el diagnóstico de probabilidad es factible con la RM convencional, excepto si se plantea un tratamiento quirúrgico. Otra opción con menor sensibilidad es la tomografía computarizada (TC) sin o con contraste medular, siguiendo las mismas consideraciones práctica. Como orientación inicial, las radiografías simples pueden mostrar erosiones en las estructuras óseas próximas. Respecto a los estudios neurofisiológicos, se han descrito alteraciones en el potencial de acción sensitivo del nervio sural, mostrando una disminución en la amplitud de este potencial. También se ha descrito una disminución del reclutamiento en la musculatura del miotoma afectado, así como un enlentecimiento del reflejo H1.

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Los tratamientos descritos han sido tanto conservadores como quirúrgicos y no existe consenso a la hora de aplicarlos. Los tratamientos conservadores consisten en la pauta de medicación para controlar el dolor y terapia física. Respecto a técnicas más invasivas, se han utilizado el drenaje percutáneo con aguja guiada por TC y el relleno, de forma alternativa, con fibrina y/o corticoides. Los tratamientos quirúrgicos pueden implicar la realización de laminectomías con la excisión del quiste. A pesar de conseguir la ausencia de recidivas, la cirugía se asocia a complicaciones neurológicas posteriores, como incontinencia urinaria, aunque la realización de electromiografía intraoperatoria minimiza el daño radicular.

http://www.quistesdetarlov.es/

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