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El dolor desde dentro

Posted by on Jun 2, 2014 | 2 comments

El dolor desde dentro

Cada ser humano tiene una historia que contar, recopilada en el transcurso de su vida, fundida en el crisol del tiempo y la experiencia. Forjada desde la materia prima que es su herencia genética y el fuego, que son las circunstancias, el ambiente y los hábitos que desarrolla. Cuando nos enfrentamos en la consulta a un nuevo paciente se plantea desde luego la necesidad de un diagnóstico, de un consejo terapéutico. Pero, sobre todo, se nos presenta un ser humano cargado de historia, de vida, de emociones y experiencias que matizan su enfermedad y nos la presentan como algo totalmente irrepetible. Por eso, suele ser complejo comprender exactamente lo que le sucede a cada uno.

Si pudiéramos entrar en su interior, miniaturizados como en el film “VIAJE ALUCINANTE” y recorrer su anatomía en una minúscula nave, quizá pudiéramos ver con nuestros propios ojos el origen de sus males. Cabe la duda de hasta cuanto sería necesario reducir a los exploradores, dado que la explicación del dolor la ciframos ya en un plano molecular, puede que incluso atómico.

Hay otra forma de conocerlo: que sea el propio paciente quien exprese con sus palabras lo que le sucede. Muchas veces esto supone un reto insuperable, pues las musas de la elocuencia no han bendecido a todos con sus dones. Por eso, cuando aparecen testimonios como el de la psicóloga Grela Bravo, en su obra “Sobrevivir al dolor”, se perciben como un rayo de sol en medio de la espesa niebla.

Las reflexiones sinceras y emocionadas de la autora, nos abren el corazón y la mente para reflexionar con ella sobre el origen del dolor, sobre el sustrato en el que se asienta. Sin embargo, creo que aún más importante es el análisis que realiza sobre cómo el dolor rediseña la vida de las personas que lo padecen, sus ilusiones, sus expectativas, su forma de trabajar y de amar.

La vida con dolor se convierte en otra vida, una vida dependiente, en la que ese nuevo invitado nos acompaña como nuestra sombra, a veces liviano, a veces intenso, pero pegado a nosotros de forma inevitable.

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Aprovechando su amplia experiencia como psicóloga, comentaba con ella recientemente que nuestra experiencia siempre nos acompaña y tamiza nuestras percepciones. La experiencia como profesional siempre interactúa y ayuda a explicar, pero también genera un cierto sesgo. El pensamiento lógico, la causalidad heredada de la tradición judeo-cristiana, nos hace buscar explicaciones consecuentes con nuestro pensamiento, y no necesariamente con la realidad.

Esa subjetividad de pacientes, de terapeutas, hace complejo el proceso terapéutico sujeto a la capacidad de empatizar, de aprender a ponerse en el lugar del otro. Decimos cuando hablamos de medicina, y es extrapolable a todo en la vida, que la mejor manera de aprender algo es hacerlo, vivirlo, pues a cocinar se aprende cocinando, a conducir conduciendo y aprender de dolor padeciéndolo.

Muchos compañeros, no son conscientes de la dimensión de una patología hasta que no lo padecen en primera persona. Triste situación sería si para ser un buen médico tuviéramos que padecer todas las enfermedades o dolencias, pero es un buen ejercicio de humildad y de inteligencia identificar las reflexiones de otros.

La misión del cerebro es anticipar las situaciones para mejorar nuestro comportamiento y nuestras expectativas. También a veces nos genera más sufrimiento por anticipado  el miedo, la ansiedad que se centra en la amígdala cerebral, estando activo en los procesos de dolor crónico de forma sistemática.

¿Qué podemos hacer?, ¿afrontar con resignación? ¿Quizá con actitud constructiva? Creo que debemos afrontarlo tratando de encajar el golpe y aprovechar como el las artes marciales la fuerza del contrario para vencerle (o minimizar el daño).

El dolor se puede tratar con medicamentos, con bloqueos analgésicos, con medidas físicas, pero esto quedaría cojo sin apoyar una actitud positiva, un abrazo decidido de comprensión, de simpatía de EMPATÍA (la empatía depende mucho de la frecuencia de oscilación espontánea de nuestras neuronas lo que explica porque tenemos complicidad inmediata con algunas personas y con otras no. En todo caso, un esfuerzo de “sintonización de frecuencias” es posible cuando profundizamos en el conocimiento de los otros seres humanos.

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Ciencia, actitud, frecuencia de descarga, emociones, todo confluye, somos neuroquímica, electricidad, somos materia, pero capaz de generar Amor, las meninas, la torre Eiffel, Cien años de soledad o las naves espaciales. Esa transcendencia de nuestro pensamiento y nuestras emociones nos convierte en seres diferentes a otros y hace necesario algo más que medicina en nuestros tratamientos.

Gracias Grela por compartir tu experiencia con todos y ayudarnos en nuestra tarea de hacer más fácil la vida a nuestros pacientes.

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2 Comments

  1. Gracias a ti por leer(me) con la mirada desnuda de prejuicios, y escribir esta preciosa y precisa reseña tan sentida y tan bien expresada. Ojalá todos los médicos tuvieran esta capacidad de empatia y abordaran el dolor con tanta humanidad. Gracias!
    (…desde dentro)

  2. Muchas gracias .Los pacientes con quistes de Tarlov vivimos un dolor incomprendido.”Una vida que no es vida”.Cuando encontramos un profesional que nos comprende y nos ayuda este calvario se hace mas llevadero.
    Un saludo en mi nombre y en nombre de la Asociación de Pacientes con quistes de Tarlov

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