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Violencia, abuso, maltrato y/o Trato negligente en la Tercera Edad. Desarrollo

Posted by on Mar 5, 2014 | 0 comments

Violencia, abuso, maltrato y/o Trato negligente en la Tercera Edad. Desarrollo

El estudio y las acciones sobre el maltrato y/o trato negligente en las personas de la tercera edad, se encuentra todavía en una etapa embrionaria en el imaginario social, político, legal, familiar de América latina y en particular en la Argentina, ya que se carece de una definición común para el término, lo cual tiene implicancias en la práctica así como en la investigación.

Cuándo la sociedad toda está en ‘alerta’ sobre un problema como el maltrato y/o trato negligente de la que son, o pueden ser, las personas de la tercera edad, las preguntas surgen:

  • “¿Qué se puede hacer para prevenir esta enfermedad social?”
  • “¿Qué puede hacer la comunidad para detener esto?”
  • “¿Cuál es el papel de los sistemas públicos y/o privados de salud en esta nueva comorbilidad social, con fuerte impacto en la salud pública?”
  • “¿Cuál es el rol de las personas de la Tercera Edad?”
  • “¿Cuáles son los antídotos sociales para prevenirla y tratar la enfermedad?”

Mucho de lo que sabe actualmente sobre el maltrato y/o trato negligente necesita ser comprobado. Actualmente disponemos de herramientas –conocimientos- que permiten su detección, evaluación e intervención, en las situaciones de riesgo en personas de la tercera edad, pero la efectividad de estas herramientas tiene que ver con quien la utiliza, como se la utiliza, para que se la utiliza y posteriormente sus resultados serán demostrados y validados. A lo que se debe agregar, que el marco para comprender esta nueva comorbilidad social debe ser amplio y comprehensivo.

Lo que se puede decir es que el maltrato y/o trato negligente en la Tercera Edad existe en toda la aldea global, con algunas variaciones entre los países, grupos étnicos, nivel social, económico y de género.

El cuidador (familiar o pago), familiar estresado o sobrecargado, personas ajenas no preparadas, ha sido informado como el factor eje en el maltrato y/o trato negligente en los adultos mayores, así como las propias historias de vida de cada uno de los que componen la estructura familiar.

Ninguna información puede ser discernida considerando la extensión del problema existente (prevalencia), como tampoco nada se puede decir sobre el número de nuevos casos (incidencia).

No se puede realizar ninguna presentación sobre la naturaleza y etiología del maltrato y/o trato negligente en los adultos mayores. Los programas de entrenamiento pueden ser útiles si se articulan a los grupos de autoayuda del cuidador y el control de estrés puede prevenir el maltrato y/o trato negligente, así como la innecesaria institucionalización, la educación permanente sobre los temas de violencia familiar en todos los niveles de los sistema educativos, se hacen necesarios para la “buena salud social” de la nueva sociedad.

Yo confío que estas recomendaciones contribuyan a crear las bases para estrategias colectivas e individuales, que nos permitan limpiar la cara sucia de esta realidad del maltrato y/o trato negligente en la sociedad postmoderna, en este segmento de la población argentina en particular y en los adultos mayores de hoy y del futuro en la región al Sur del Río Bravo y de la aldea global.

La respuesta de la sociedad global al problema del maltrato y/o trato negligente de los adultos mayores no es alentadora, aunque está tardando más de la cuenta en producirse, como en el caso del maltrato en la niñez, la mujer y los hombres.

Mi trabajo de investigación buscó saber que era lo sabían los ancianos investigados sobre esta enfermedad social, de la que probablemente eran víctimas o podrían serlo con el paso del tiempo de los que «envejecen en casa».

Se trabajó con un listado de 261 personas del padrón del I.N.S.S. J. y P. (Instituto Nacional del Seguro Social de Jubilados y Pensionados [PAMI])

De este listado, sólo respondieron 184 encuestados (70.5 %), consistiendo el 29.5% restante a: personas desconocidas en los domicilios fijados (42 %); habían fallecido al momento de realización de la encuesta (18 %); se negaron a ser entrevistados (25 %) y, 15 % no se encontraban en la ciudad.

 

De los 184 entrevistados, correspondieron al sexo femenino 58.7 % y al masculino 41.3 %. La edad promedio fue de 74.1 años, con una desviación estándar de 6.5, en el total de la muestra. Referente al estado civil, encontramos el mayor porcentaje en los casados (40.6%) y luego el estado de viudez, especialmente en la mujer, hecho que acompaña a la condición de pensionada.

El nivel educativo determinó cifras altas en niveles bajos de instrucción o escolaridad (72.8% para aquéllos que no alcanzaron el nivel primario). El 69 % declaró residir en casa propia y el 15 % como inquilinos. El 16 % restante se distribuye en viviendas colectivas (pensiones, hospedajes, inquilinatos), viviendas prestadas o cedidas y un mínimo, en viviendas precarias.

Sólo un 20.6 % no convive con familiares. 13 % informan estar y atenderse solos; 1.1 % vive y es atendido institucionalmente y un 6.5 % son atendidos por cuidadores informales.

En la misma tabla, observamos que un 70 % corresponde a la condición de Jubilados, 25 % a pensionados y sólo el 5 % pertenecen a la lista de subsidiados.

Referidas a nuestro tema en cuestión, maltrato a personas ancianas, se trató estadísticamente la batería de preguntas que nos llevarían a tener una idea aproximada de lo que la tercera edad encuestada, opina o vivencia de esta problemática.

No se logró que los ancianos encuestados se explayaran libremente y sin temores sobre el tema, dejando entrever que “… esas cosas les suceden a otros…”. No obstante se obtuvieron algunas respuestas las que se agruparon teniendo en cuenta factores comunes en las mismas, aunque para los entrevistados variarán el orden de mención: agresividad, violencia (traducida en golpes), e insultos (mencionados también como agresión verbal acompañada de amenazas), dieron como resultado un 65 % de respuestas en estos ítems, asociadas también, como hecho de importancia, a falta de respeto, indiferencia, desprecio (21.7 %), que sumados acumulan un 85 %.

Un 13 % de las respuestas volcadas en tabla 9, se agrupó en lo dado en llamar factores sociales, donde se hace mención a escasez de alimentos, medicación, higiene, sumado a la ‘mala atención médica’. Un 1.1 % se abstuvo de concretar una mera sugerencia y similar porcentual dijo ‘no entiendo nada’.

No hubo respuestas ejemplificadoras de su opinión, ya que en su mayoría repetían los conceptos (golpes, insultos, falta de respeto). Los guarismos mencionados se repiten en la pregunta sobre ¿Qué conoce del maltrato en la vejez?

A la pregunta:

¿Recibió alguna vez maltrato?

El 40.8 % refirió no haberlo recibido, sumado a un 44.6 % que se abstuvo, queda sólo un 14.7 % que refiere haber recibido maltrato, el 74 % hizo mención a tiempos pasados (abuso en la niñez, castigos corporales, violencia familiar del esposo o parientes, especialmente las viudas). El 18 % describió discusiones, burlas y ofensas y el 7 % hizo referencia al abandono, especialmente de tipo emocional.

Ninguna de estas respuestas, quizá por temor, hicieron hincapié en afirmar que estaban siendo víctimas de maltrato.

Acompañaba a esta pregunta, otra referida a la actitud tomada, cuando se sintieron o fueron víctimas de maltrato, respondiendo en un 100 % que nada, aceptando o resignándose, quizá por temor, o dolor, o incapacidad de recurrir a extraños o pasar por experiencias de tipo legal.

En la ilación de la encuesta, se pregunta si el encuestado conoce allegados veraz o supuestamente víctimas de maltrato. Sólo un 40.2 % responden afirmativamente, siendo, de éstas, un 73 % referida a violencia doméstica (padres que agreden física y psicológicamente a sus hijos, esposos que niegan el sustento y recreación, vecinos que se odian), Un 11 % hace referencia al abandono familiar (personas solas no visitadas ni atendidas por hijos, nietos u otro familiar directo, que subjetivamente lleva a la idea de abandono de persona. Un 16 % no aclara ejemplos; consecuentemente estos encuestados son los que dejaron sus formularios de encuesta en blanco al pasar a este tema.

La actitud de los entrevistados frente a los hechos narrados, es también, a esta altura, un cien por cien pasiva, no hacen nada frente al conocimiento de estas formas, reconocidas por ellos mismos, de maltrato.

La encuesta finaliza con una pregunta abierta que permitiría una mejor evaluación:

¿Quisiera agregar algo sobre el tema?

– El 65.2 % consideró no importante verter alguna otra opinión. De los que sí contestaron (34.8 %), el 42.1 % hicieron hincapié en el maltrato económico a que están sometidos, solicitando mejora en los salarios. Otro porcentual importante (43.7 %), solicita una mejor comunicación con la entidad que los nuclea PAMI (Programa de Atención Médica Integral), requiriendo específicamente la presencia periódica de Asistente Social y/o Gerontólogo para poder ser escuchados en sus problemas; 9 respuestas (14 %) están dirigidas hacia los medios de comunicación, para que a esta tercera edad se les preste mayor atención, para que los problemas de maltrato a la vejez, en cualquiera de sus formas, sea conocida.

La diferenciación por sexo en el análisis de las encuestas, no arrojó diferencias significativas en el contexto de las respuestas vertidas, como tampoco influyeron las creencias religiosas (92 % profesan el catolicismo), ni el estado civil, donde observamos que la mayoría (40.8 %) de la población estaban casados, infiriendo una mutua compañía.

No te pierdas la primera parte de este artículo del Dr. Carlos Gil Gálvez:

El suicidio en América latina vs. la  UE en la Tercera Edad. Introducción

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