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Un Dolor que puede Matar

Posted by on Mar 3, 2014 | 0 comments

Un Dolor que puede Matar

En los pasados días hemos recibido la noticia de la muerte prematura de Paco de Lucía, artista universal, renovador del flamenco, de la guitarra, y uno de los abanderados más solventes de la llamada marca España en todo el Mundo.

Su muerte, como otras muchas, como todas, nos ha conmovido. Por las circunstancias,  comenzó cuando jugaba en la playa con su hijo; por lo inesperado, un hombre con sesenta y seis años, cuando la esperanza de vida en nuestro país está por encima de 80 para los varones; y por la rapidez con la que se han sucedido los acontecimientos fatales. Terrible pérdida, para su familia y para nosotros que quedamos huérfanos de su compañía y de su arte.

Sin embargo, de todas las situaciones, por fatales que sean, se puede sacar alguna enseñanza de futuro. Intentaremos explicarlo con un ejemplo.

José, paciente de 59 años de la Unidad del Dolor desde hace años por una patología lumbar, en tratamiento con analgesia a demanda por vía oral y bloqueos epidurales ocasionales cuando su patología se descontrolaba, acudió aquella tarde como otras, cada tres a seis meses, para control de su patología.

Comentó que notaba más su dolencia últimamente, coincidiendo con una reestructuración en su departamento que le colocaba entre la sobrecarga de trabajo o la reestructuración de personal. Si normalmente viajaba una o dos veces al mes, en los últimos meses lo hacía casi una vez por semana, un ritmo de locos.

José, añadía a sus virtudes como gran gestor, una gran empatía con clientes, proveedores y, desde luego, con sus médicos; pero también algunos defectos como un desajuste en sus hábitos alimentarios, sobrepeso, hipertensión arterial, vida bastante sedentaria y tabaquismo.

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Como decía, aquella tarde acudió a la consulta. En un tono cordial hablamos de su trabajo,de su patología, de la crisis y de todo lo demás. Me comentó la mayor carga de trabajo y cómo percibía que su dolor había aumentado, más aún, que parecía reflejarse en otras partes del cuerpo y que incluso le dolía la dentadura, de cuando en cuando, de forma persistente, dolor que no se le quitaba y que atribuía al estrés y a estar apretando los dientes todo el tiempo.

Después de una exploración superficial le pedí que acudiera al Servicio de Urgencias a hacerse un ECG. Una elevación del segmento ST apuntó a una angina de pecho que se confirmaría con una analítica posterior y un cateterismo cardiaco. El cuadro mejoró con vasodilatadores coronarios fibrinolíticos, antiagregantes y con la colocación de STENT coronarios después.

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El azar quiso que José acudiera a nuestra consulta, con un cuadro algo confuso pero sugerente de patología coronaria. Si esta molestia se hubiera presentado en otros pacientes, más jóvenes, no obesos, ni fumadores, quizá hubiera sido más complejo el diagnóstico. Si el cuadro hubiera debutado de forma más florida o grave, quizá hubiera precisado maniobras de reanimación y desfibrilación como primer tratamiento. Si se hubiera presentado, como en muchos casos durante el sueño REM, quizá no hubiéramos  podido hacer nada.

El dolor precordial, irradiado al brazo izquierdo, opresivo, quemante, que suele acompañar a la angina y que se relaciona habitualmente con esfuerzo o estrés, ocasionalmente puede solo manifestarse como odontalgia, o en ocasiones, ser silente (como en el caso de los diabéticos). Sin embargo, José ya tenía muchas luces rojas encendidas en tu tablero de mandos y solo la suerte y quizá una reserva constitucional genética, evitaron un desenlace fatal.

En todo caso, por José, por Paco y, por todos nosotros, hay cosas que sí podemos hacer. Los factores de riesgo de todas las enfermedades y de ésta en particular, nos ayudan a prevenir problemas más severos o irreversibles. Por ejemplo cuando pensamos en las estadísticas de incidencia de muerte súbita en España (alrededor de 50.000 al año) o de infarto en Europa (algo menos de 500.000); cuando pensamos en la mortalidad de la parada cardiaca (alrededor de 60-70%); y cada minuto que pasa desde la parada aumenta un 10% la mortalidad.

Cuando pensamos en ello, debemos pensar en todos nosotros: el mejor tratamiento de las situaciones críticas es evitarlas ¿Cómo evitarlas? Controlando nuestros hábitos de vida y ajustándolos a lo que la ciencia sabe de esas enfermedades: dieta sana, evitar las grasas animales, ácidos grasos insaturados, omega 3, ejercicio físico moderado y continuo, evitar el estrés y, por supuesto, NO FUMAR.

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Invitaría a todos a pensar si cumplimos o no estas normas, y si invitamos a los demás a cumplirlas. La salud o el dolor no son sólo temas de conversación, no son problemas de la Sociedad en sentido abstracto, son problemas de todos, son nuestros problemas y, en ocasiones, pueden matar y matan de una forma despiadada.

No dejes de leer al Dr. Alfonso Vidal:

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