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Baroja y el Dolor: Tesis, Antítesis y Síntesis

Posted by on Feb 24, 2014 | 1 comment

Baroja y el Dolor: Tesis, Antítesis y Síntesis

Baroja ha pasado a la historia por ser un escritor de la generación del 98, fundamentalmente de novela y ensayo, aunque inicialmente su vida le llevó por otros derroteros.

Baroja nace en San Sebastián un 28 de diciembre (día de los inocentes) de 1872. Hijo de un ingeniero de minas, recorre varias localidades durante su infancia y juventud, según el destino de su padre.

Madrid, Pamplona y de nuevo Madrid, donde concluye sus estudios de Bachiller iniciando a continuación la Carrera de medicina sin mucha vocación: a decir verdad lo hace por exclusión de otras profesiones que no le gustaban.

Tras varios años concluye la carrera en Valencia en 1891 y en 1893 concluye su “Tesis sobre el Dolor”. Estudio psicofísico.

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La tesis, de la que conserva una copia digital la Biblioteca de la Universidad Complutense, escrita de puño y letra del Dr. Baroja, recoge un compendio del saber fisiológico sobre el dolor del final del siglo XIX.

Fue defendida ante figuras del renombre de Gómez Ocaña, San Martín y Cajal, y describe el dolor como una percepción del sistema nervioso, relacionado de forma proporcionada con estímulos externos. Atribuye una menor sensibilidad a personas con una inteligencia inferior, aunque reconoce que la percepción está también mediatizada por el tipo de vida y el temperamento de las personas.

Habla del concepto de cenestesia, un estado de percepción neutra de uno mismo que podría decantarse en sentido placentero o por el contrario en sentido doloroso. En suma, describe de una forma somera el dolor como un atributo fisiológico del cuerpo humano y del sistema nervioso.

Sin embargo, tras un breve periodo de ejercicio profesional de la medicina en Cestona, donde no encuentra mucho sentido a la forma de vida de los médicos, cargada de esfuerzo incluso físico (recuerda la necesidad de desplazarse a asistir a los pacientes en condiciones precarias a lomos de una mula), por un salario mísero y sobre todo por el escaso beneficio que la medicina de aquella época produce en los grandes males del momento (especialmente la tuberculosis, que trata de forma magistral en algunas de sus obras posteriores).

Abandona la vida de médico y comienza a regentar con su hermano una pastelería en Madrid mientras intenta abrirse camino en las letras. De su concepto cientificista del dolor pasa a uno más humano, más basado en la experiencia personal de una sociedad en crisis que no solo provoca dolor por las enfermedades del momento, sino por la ausencia de liderazgo y la crisis histórica de la pérdida de las colonias de ultramar y del papel de España en la esfera internacional. La ausencia de proyecto de futuro y la casi nula vertebración de una sociedad llena de desigualdades y prejuicios.

En ese contexto colabora como cronista en diversos diarios y conoce a Unamuno, Azorín, Ortega, con los que comparte tertulia y pesimismo. Las lecturas de filósofos como Schopenhauer y Nietzsche tiñen de gris su horizonte. Esas primeras novelas como “El Árbol de la vida” relatan esa visión, más allá de la puramente cientificista del dolor y más cargada de una cierta desesperación.

Después de las primeras novelas, comienza a redimir en su interior al ser humano, basando esa redención en la acción, en una respuesta activa frente a la adversidad, enfrentando el destino a pecho descubierto pero sin resignación. Surgen así “Zalacaín”, “La fuerza del destino”, “Shanti Andía”, héroes de acción de un escritor que apenas sale de casa a pasear por el Retiro y que progresivamente se recoge en sí mismo hasta el fin de sus días.

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La síntesis de su vida y su obra está impregnada de ese sentido trágico, del dolor que campa por sus respetos en cada hombre. Un dolor exterior pero también interior, por causa de la debilidad de la condición humana y por los enormes trabajos que conlleva la vida. Un dolor que condiciona la existencia hasta truncarla, pero que puede sobrellevarse y que para algunos elegidos puede superarse. El arma principal será la conmiseración, el aprender a ponerse en el lugar del otro.

El Dr. Baroja, pese a su pesimismo, nos invita a comprender y ayudar a los otros, a no dejarnos llevar y a pelear con todas nuestras fuerzas por aquello que queremos. No fue mal consejo entonces y tampoco lo es ahora, porque solo desde la comprensión del dolor ajeno, seremos capaces de procurar alivio y hasta sanación del mismo.

No dejes de leer artículos y casos clínicos interesantes del Dr. Alfonso Vidal:

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